Comentarista EMOL (Chile)
02-06-2026
Educación y migración: construir comunidad en tiempos de transformación
Natalia Salas Guzmán - Decana (i) Facultad de Educación y Ciencias Sociales
Universidad Finis Terrae. La reciente Cuenta Pública del Presidente José Antonio Kast abordó con fuerza dos temas que marcarán el futuro del país: la educación y la migración. En materia educativa, destacó la importancia de recuperar los aprendizajes fundamentales, fortalecer el rol de las familias, devolver protagonismo a los directivos escolares y promover ambientes seguros para el desarrollo de los estudiantes. Se trata de objetivos relevantes y necesarios. No existe verdadera educación donde la violencia reemplaza al diálogo ni donde los aprendizajes dejan de ser una prioridad. Del mismo modo, todo Estado tiene el deber de resguardar sus fronteras y garantizar condiciones de seguridad para sus ciudadanos.
Sin embargo, junto con estas legítimas preocupaciones, emerge una pregunta fundamental: ¿ cómo estamos preparando a las nuevas generaciones para convivir en una sociedad cada vez más diversa? Las escuelas chilenas han experimentado profundas transformaciones durante la última década. Miles de niños y jóvenes provenientes de distintos países forman hoy parte de nuestras comunidades educativas. No se trata únicamente de una realidad estadística, sino de rostros concretos, historias familiares de valentía, proyectos de vida y experiencias humanas que se encuentran diariamente en las salas de clases. La diversidad cultural que hoy caracteriza a muchas escuelas no debe entenderse solo como un desafío de gestión, sino también como una oportunidad para enriquecer la experiencia educativa y fortalecer la convivencia. La misión de la educación trasciende la transmisión de conocimientos. Su propósito más profundo es formar personas capaces de reconocer la dignidad propia y la de los demás, construir vínculos de confianza y contribuir al bien común. Desde esta convicción, las escuelas están llamadas a promover el encuentro, el respeto y la construcción de comunidades donde cada estudiante pueda desarrollarse plenamente. Las escuelas ocupan un lugar estratégico en esta tarea. Son uno de los pocos espacios donde niños y jóvenes de distintas procedencias aprenden a compartir un proyecto común. Allí se construyen hábitos de convivencia, se desarrollan competencias ciudadanas y se forman las bases culturales de la sociedad que queremos construir. Esto no implica desconocer las dificultades que pueden surgir en contextos de creciente diversidad. La integración no ocurre espontáneamente. Requiere liderazgo escolar, acompañamiento docente, compromiso de las familias y políticas públicas orientadas a fortalecer la cohesión social. También exige que quienes llegan conozcan, respeten y nutran las normas, valores e instituciones que sustentan nuestra convivencia democrática. Chile necesita seguridad, orden y crecimiento. Pero también necesita comunidades capaces de encontrarse, dialogar y construir confianza. La educación tiene un papel irremplazable en esa tarea.
En tiempos de profundas transformaciones, el desafío no consiste únicamente en aprender a convivir con la diversidad, sino en convertirla en una oportunidad para fortalecer aquello que nos une y proyectar un futuro compartido para todos.
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