Las voces expropiadas DE VILLA BAVIERA
Las voces expropiadas DE VILLA BAVIERA F O T OS: MANUEL SIL V A SE GO VIA Dorothee Münch (48 años). "Le prometí a mi mamá que no me iría por ningún motivo". Markus Blanck (51 años). "Yo invitaría al Presidente a que venga.
Que vea nuestra realidad y que converse con nosotros". Robert Matthusen (54 años). "Ya fui víctima en el pasado y ahora siento que nos están revictimizando". Erika Tymm, 66 años. "Quiero justicia para ambas partes y paz para nosotros, quiero que nos escuchen". Las voces expropiadas DE VILLA BAVIERA El 1 de junio de 2024, el Presidente Gabriel Boric anunció en la Cuenta Pública la expropiación de los terrenos de la ex Colonia Dignidad en Villa Baviera.
Desde ese día en adelante, los colonos residentes viven con la incertidumbre de si sus casas serán expropiadas, pese a los decretos ya firmados por los ministerios de Justicia y Derechos Humanos, Vivienda y Bienes Nacionales. Esta es la historia de cuatro colonos en Villa Baviera que se enteraron por la prensa de que sus terrenos serán expropiados. Las voces de un pasado desgarrador y los últimos meses de desasosiego y desesperanza. Era mediodía el martes 24 de febrero. Dentro de la administración del Hotel Villa Baviera están sentados en una mesa larga Erika Tymm, Markus Blanck, Dorothee Münch y Robert Matthusen, junto a otros colonos. Ellos vuelven hacia atrás, precisamente a la Cuenta Pública del 1 de junio de 2024. Gabriel Boric anunció: "Desde hace ya varios años, los gobiernos de Chile y Alemania han estado trabajando para convertir un antiguo espacio de horror y muerte en un lugar de memoria y futuro.
Como resultado de ese proceso de colaboración, hoy puedo informar al país que esta semana hemos dado inicio al proceso expropiatorio de parte de los terrenos de la ex Colonia Dignidad en Villa Baviera". El público en el Congreso se puso de pie. Fueron 50 segundos ininterrumpidos de aplausos. Erika recuerda que, para ella, fueron 50 segundos de shock. Los colonos se habían enterado por la televisión de que sus terrenos serían expropiados. Luego de la Cuenta Pública de 2024, Villa Baviera cambió de un día para otro. Una tranquilidad alterada en cuestión de minutos trajo consigo una serie de reuniones entre los colonos. Ellos sabían que serían unos meses complicados y de expectación. El entorno se volvió tenso: muchas preguntas y pocas respuestas. Aseguran que nadie se puso en contacto con ellos previo al anuncio. Pero este tema lleva años tratándose. Precisamente fue en 2017, cuando los gobiernos de Chile y Alemania se reunieron en un panel experto reducido, para dialogar sobre los pasos a seguir con respecto a la villa.
El acuerdo fue mutuo, y recién para 2024 fue anunciada la expropiación como un hecho que "ocurrirá". El 9 de diciembre de 2025, y luego de 16 reuniones de la Comisión Mixta Chileno-Alemana, se volvieron a juntar. Según la página web del Sigue... POR MANUEL SILVA SEGOVIA.
Las voces expropiadas DE VILLA BAVIERA Ministerio de Relaciones Exteriores, en la reunión se abordaron "los avances en el proceso de expropiación de parte del terreno de la Villa Baviera". Hoy, cuatro voces de la villa recuerdan su pasado y reviven traumas que trasladan a su presente y seguirán vivos en su futuro. La expropiación, según cuentan, solo trae de vuelta aquello que desean olvidar. La pesada mochila de Erika Erika Tymm tiene 66 años. Ella llegó a los dos años a Villa Baviera desde Alemania junto a sus hermanos y su madre. Cuenta que, desde que llegó, vivió toda su vida ahí. Hoy vive con su marido en una residencia compartida con cuatro parejas y dos adultos mayores solteros. Dice que tiene problemas para recordar su infancia y juventud, ya que tiene lagunas producto del electroshock proporcionado por Paul Schäfer y las "tías" que se encargaban de su tutela. Erika es fanática de la música. Recuerda que, cuando era niña, Paul Schäfer trajo a un violinista y profesor de música a la villa. Él se quedó varios años enseñando a los niños. Erika se pone de pie para ir a buscar su instrumento musical. Ella toca el corno, pero se acuerda que años antes tocó el clarinete y también el piano. Confiesa que hace un par de semanas se volvieron a reunir varios colonos a tocar música, tal como en el pasado. Hoy son 15 los músicos. El trabajo es algo que, para ella, "cuesta". Es la encargada de las guías turísticas del museo dentro de la villa. Le corresponde hacer un recorrido por la historia, su historia. Una de las barreras más importantes para ella es el idioma. Cuenta que "no es fácil hablar y pensar en español". El museo es una casa antigua confeccionada por los mismos colonos. El "Museo Colonial Histórico" cuenta a partir de imágenes, mapas y mensajes un resumen de historias y lo ocurrido en la ex Colonia Dignidad.
Justo abajo del cartel de la entrada, una frase se asoma y pasa casi desapercibida: "Un pueblo sin memoria es incapaz de crecer". Cuando hace los recorridos, dice que los turistas repiten una pregunta que a ella le incomoda: "¿ Por qué no tiene hijos?". Ella responde siempre lo mismo. --Lamentablemente, no tengo hijos, quería tenerlos, pero no pude por mi pasado. Cuando era niña, Erika fue víctima de violencia, lo que la dejó con una incapacidad médica para tener hijos. Hoy padece una esclerosis múltiple y una hernia en el diafragma. Y debido a los trabajos forzados cuando era niña, su columna y cadera son, según ella, débiles. No recuerda el momento exacto de cuando Paul Schäfer se fue de Villa Baviera. Lo que sí recuerda es que la libertad tardó en llegar. Fue recién unas semanas después de casarse a los 43 años según dice de memoria que sintió un poco de tranquilidad. Ella asegura que se confesaba con Schäfer. Todos lo hacían.
Pero una confesión la recuerda hasta el día de hoy: "Quiero casarme, formar una familia y tener hijos". Recuerda que él gritó, rompió la hoja de las confesiones, la quemó y dijo que era algo "del diablo". Erika se detiene y mira a su esposo.
Dice que su vida tomó un rumbo diferente con la llegada de un compañero, alguien con quien comunicarse. --Tener a una persona al lado con la que puedo hablar todas las cosas injustas que pasamos me gusta. Erika se remonta al presente. La expropiación de los terrenos de Villa Baviera, anunciada por el Presidente, la mantiene en un estado de nerviosismo. Su expectación se dirige hasta el 11 de marzo, el día del cambio de mando. Ella piensa que estos días son claves para el desarrollo de esta etapa. La manera por la cual se enteró la tomó por sorpresa. Por unos instantes, asegura ella, sintió el mismo temor que sintió en su niñez.
Erika no se opone a un centro de memoria y de derechos humanos, es más, ella cree que debe ser instalado, pero en espacios dignos donde se respeten las viviendas y centros de encuentros para los colonos que viven allí. --Soy feliz, pero cargo con una mochila pesada desde la Cuenta Pública. La gente aplaudía y aplaudía, yo temblaba. Quiero justicia para ambas partes y paz para nosotros, quiero que nos escuchen. La "oveja negra" de Paul Schäfer Robert Matthusen tiene 54 años. Nació y vivió toda su vida en Villa Baviera. Vive con su esposa Renate y sus tres hijos. A diferencia de Erika, Robert recuerda mucho su pasado, incluso con los mismos castigos. Robert trabaja en la hidroeléctrica de la villa desde 2008. Partió como mecánico, y ahora trabaja solitariamente. Asegura que, por el verano y el calor, la temporada iba a ser difícil por la escasez del agua. Luego de escuchar la Cuenta Pública y la noticia de que sus terrenos serán expropiados, los recuerdos de su pasado volvieron a aparecer. Desde pequeño, Robert recuerda los castigos que sufrió. De hecho, era conocido por ser de los "más castigados". --Yo era la oveja negra de Paul Schäfer. Él, sin entender los motivos de su seudónimo, investigó.
Luego de conversar con su suegra años atrás, le contó que, cuando él era muy pequeño, Paul Schäfer se reunía con las madres de los niños de la villa en secreto para conversar acerca de ellos.
Una de las conclusiones de aquellas reuniones era que Robert tenía un "carácter muy fuerte y no puede dominar su vehemencia". Luego de aquello, Paul Schäfer tomó la decisión de "controlarlo". Luego de un tiempo, cuando tenía 15 años, Schäfer empezó a, según Robert, cuestionarlo mucho. Producto de esto, iniciaron los abusos y los castigos. --Me dieron palizas, cachetadas, me arrestaban, trabajos forzados, castigos sin comer fácilmente durante una semana, electroshocks, después anestesia y me dormían. Podría escribir un libro de todos los castigos que sufrí. Para tratar de mantener la economía de su familia, abrió un emprendimiento en la laguna de la villa.
Por medio de una empresa, consiguió bicicletas acuáticas para que los turistas pudieran disfrutar de un mini paseo. "En mi niñez aprendí a trabajar, eso es algo positivo", rescata Robert mientras mira el agua de su alrededor. Al momento de la entrevista, Robert estaba de vacaciones. Se tomó cuatro días para descansar y pasar tiempo con su familia. Pero también retoma paulatinamente la música, su pasión y pasatiempo desde pequeño. Dice que toca la trompeta y que tiene un piano en casa que debe afinar para volver definitivamente. Robert recuerda que la noche que Paul Schäfer se fue de la villa fueron reunidos en una asamblea. "Nos dijo que se iba por un tiempo, pero no nos dijo dónde", asegura. Tal como lo relata Erika, la libertad más plena fue años más tarde. De hecho, dice que hubo momentos gratos, pero "se cuentan con los dedos de una mano". Luego de su marcha, las personas comenzaron a sentir amor sin culpa: la gente empezó a casarse. Así lo hicieron Robert y Renate en mayo de 2005. Desde entonces, Robert es más feliz. O así lo fue, hasta el 1 de junio de 2024. La expropiación fue una noticia difícil de digerir. Sentía que algo volvía a surgir, un sentimiento de preocupación máxima. Él no se opone a la creación de un centro de memoria, de hecho lo apoya, pero siempre y cuando exista un acuerdo de por medio que considere las solicitudes de ambas partes. De todas maneras, hipotetiza sobre un "plan b", y no lo acepta. --Este golpe de la expropiación me hace reflexionar sobre el pasado de nuevo. Es terrible. Quiero defender mis derechos acá. Yo soy ciudadano chileno, ya fui víctima en el pasado y ahora siento que nos están revictimizando. La herida abierta de Dorothee Dorothee Münch tiene 48 años. Al igual que Robert, nació y ha vivido en Villa Baviera toda su vida. Acá están también sus tres hijas y sus padres. Pero no siempre estuvieron juntos. Los padres de Dorothee la entregaron a las "tías" de Colonia Dignidad cuando ella tenía solo seis meses.
Dice que con el pasar de los años recuerda más cosas, pero solo retiene aquellas que la marcaron hasta el día de hoy. --Son muchos recuerdos malos, pero lo que más me faltó fue el amor de una familia. Dorothee trabaja en la administración del Hotel Villa Baviera. Ayuda al departamento legal y al control de gestión, gracias a que fue de las pocas en la villa que estudió una carrera profesional: auditoría en el Instituto Virginio Gómez de Chillán. Dice que desde que empezó a estudiar su vida tomó un rumbo completamente distinto. Su infancia fue, según relata, una "pesadilla". Uno de sus primeros recuerdos fue cuando llegó el profesor de música a la villa.
Dorothee tenía cuatro años cuando él se apareció en el jardín de niños para hacer una pregunta: ¿ Quién quiere tocar el violín?". Ella, sin pensarlo dos veces, alzó su mano junto a otra compañera y dijeron: "Yo quiero". Tocó el instrumento desde ese entonces hasta los 19 años. Con el paso del tiempo, fue perfeccionando su técnica. Incluso el profesor pudo evidenciar su talento, por lo tanto la fomentaba a ser mejor. Pero eso fue mal visto por sus compañeros mayores. Le dijeron a Schäfer sobre su talento y que, para ellos, "no estaba bien". El año 1996 fue el último concierto del profesor violinista en Villa Baviera. Dorothee recuerda que el restaurante estaba lleno, y el evento principal era ella, con tan solo 19 años, con un solo de violín interpretando la quinta sinfonía de Mozart. Dice hoy que el concierto fue perfecto, con una interpretación sin fallos que llenó de orgullo a su profesor. Paul Schäfer también vio el concierto, pero escondido en la puerta de atrás. Ya se empezaban a investigar las causas en su contra por abusos sexuales a menores y violaciones a los derechos humanos. La noche siguiente, el director dijo adiós a su orquesta. Solo bastaron unos minutos y las mujeres mayores del grupo fueron en busca de Dorothee. La encontraron y la llevaron a una "asamblea" en la cocina. Ella ya sabía que se trataba de ella, ya que estaban todas ahí. No recuerda mucho lo que le dijeron por los nervios, pero sí una frase que dijo una mujer: "Solo querías lucirte". Ella pensaba que había hecho algo malo, pero no. Si bien no hubo violencia física, Dorothee dice que fue "el peor momento de mi vida". Hoy, Dorothee quiere volver a la música. Dice que "de vez en cuando" toca el piano para reuniones entre los colonos, pero le gustaría volver de verdad. Conoció a sus papás a los 20 años. Sus padres trabajaban en Bulnes y nunca tuvieron mucho contacto hasta su primer encuentro formal. Hoy, su madre de 88 años, y su padre de 90, viven en el hogar de adultos mayores de la villa.
Para ella, cambiar la rutina y empezar a decirles "padres", "costó mucho". Hoy, producto de la violencia psicológica, el estado de sus padres e incluso la repentina muerte de su hermano, Dorothee tiene depresión y está con tratamiento psicológico. La expropiación de los terrenos de la villa le "dolió mucho". Pero no solo recuerda la Cuenta Pública de 2024. Meses después, los ministros de Justicia y Derechos Humanos, Vivienda y Bienes Nacionales, firmaron un decreto en el cual fijaban las 117 hectáreas totales que se van a expropiar. Cuando Dorothee lo vio quedó incluso más sorprendida que la primera vez. Por segunda vez consecutiva, se estaba enterando por la prensa de que su casa sería expropiada, esta vez siendo delimitada por un mapa. Pero la expropiación ha resultado algo más sentimental que la nula comunicación entre ambos sectores. Dorothee asegura que, como familia, han tenido ofertas de amigos para irse a vivir al sur. Pero ella no quiere irse.
No se opone a un centro de memoria y derechos humanos en la villa, de hecho asegura que han propuesto como comunidad ceder "un par de edificios para la creación de estos espacios, pero nadie nos escucha". Ella se detiene para recordar a sus padres. Los visita constantemente, y asegura que ellos también fueron víctimas de ciertos abusos del círculo cercano de Schäfer. Su madre padece de alzhéimer, y nada más terminando su relato, entre medio de lágrimas, concluye: --Superé hasta cierto punto todo. Ahora con la expropiación volví a recordar. Abrió una herida muy grande. Si ocurre la expropiación, la herida quedará abierta siempre. Voy a pelear para que la expropiación de nuestras casas no ocurra. Le prometí a mi mamá que no me iría por ningún motivo. El paraíso inexpropiable de Markus Markus Blanck tiene 51 años. Él nació en la posta de Villa Baviera. Tiene cuatro hijos, y vive con tres, pues el mayor se fue a Santiago a estudiar. Al igual que Dorothee, no recuerda a sus padres durante su niñez, pero sí toda su infancia. Luego de años de abusos y violencias físicas y psicológicas, dice que aún sufre secuelas, y con el tema de la expropiación, todo vuelve a resurgir. Markus trabaja en la empresa avícola de la villa. Luego de estudiar agronomía en la Universidad de Concepción (Campus Chillán), entró a la empresa el año 2011 con 35 años. Hoy es el gerente de la empresa. Viste un traje blanco que recubre todo su cuerpo y unas protecciones para los zapatos, para prevenir una posible gripe aviar. La empresa cuenta con aproximadamente 65 mil gallinas, las cuales diariamente producen miles de huevos por día. Y con todo esto, la empresa forma parte de las 117 hectáreas que se piensan expropiar.
Son cerca de 30 los trabajadores de la empresa, y viven en las poblaciones colindantes a la villa, por lo que, y según dice Markus, muchos se quedarían sin trabajo producto de la expropiación. --Si se expropia, tendríamos que pedir que nos indemnicen tanto las gallinas como las instalaciones, pero primero tenemos que oponernos. A Markus le gusta mucho el campo desde que era pequeño. De hecho, con una de las empresas agrícolas de las que también forma parte están desarrollando un proyecto de plantación de avellanas. Pero esos gustos los desarrolló en un contexto hostil. Según él recuerda, "siempre viví con miedo". Cuando era niño, Markus comía muy poco. Según dice, nunca tenía apetito. Eso le costó "varias palizas". Recuerda una vez que comió y poco más tarde vomitó todo. Él era de contextura delgada, por lo que las "tías", para castigarlo, le pegaban con el revés de un escobillón en los huesos, con tal de que comiera correctamente. Eso fue a los seis años. Pero los castigos fueron más atroces conforme pasaron los años. Recuerda que un adulto lo encontró por los pasillos de la cocina. Le dijo que lo acompañara, y como él sabía que no había hecho algo malo, ingenuamente lo siguió. Relata que bajaron a un subterráneo, y que al llegar el hombre sacó una correa gruesa. Él adulto le dijo: "Agáchate, tú sabes por qué". En ese momento sintió terror y accedió obligadamente. --Fue implacable, por lo menos media hora de paliza, de cachetadas. Fue una de las palizas más fuertes que recibí. Markus recuerda a Schäfer como un "Dios". Él predicaba la Biblia y los niños se confesaban con él. "Si pensabas algo mal de él, tenías que decirle, confesarte. Era como un lavado de cerebro", asegura Markus. Dice que cuando Paul Schäfer se fue de Villa Baviera "no hubo un alivio". Luego de su partida, los cuatro colonos coincidieron en que Schäfer mantuvo el control de todo desde donde estuviera. De hecho, todos tuvieron que mandarle cartas con confesiones. Aún así, Markus dice que salió adelante. Hoy pasa su tiempo en familia, en el trabajo y en el gimnasio. Dice que le gusta salir a acampar con la familia por los alrededores para "desconectar". Hoy, esos alrededores que dice Markus están delimitados como zona para expropiar. Cree que la expropiación ha sido una "injusticia" para ellos. --Tenemos toda una vida acá, y recién está dando frutos. Para mí, ahora la villa es un paraíso. A nosotros nos quitaron nuestra niñez y juventud. Mientras concluía la entrevista, de pronto expresa una idea que ha repetido en reuniones. --Yo invitaría al Presidente a que venga. Que vea nuestra realidad y que converse con nosotros. Nosotros no estamos en contra de una expropiación dentro de una medida razonable, estamos dispuestos a negociar en una mesa de trabajo y crear una solución. La expropiación de los terrenos de la ex Colonia Dignidad en Villa Baviera hoy es una incógnita.
En entrevista con "Sábado", el diputado Roberto Celedón asegura que "no se sabe qué va a pasar, es todo muy incierto, pero después del 11 de marzo van a tener que tomar decisiones respecto a esto". Lo que sí es cierto es que Villa Baviera se resiste a la expropiación. --Hacemos todo lo posible para que haya comunicación entre ambas partes. Queremos justicia y que exista una solución pronto concluye Markus. Erika Tymm envió una carta a "El Mercurio" el 13 de febrero.
En ella cierra su propósito con una frase que engloba todo, algo que todos los colonos comparten: --No nos oponemos a que se conozca la verdad de todo lo que aquí ocurrió, pero queremos hacerlo en un entorno que respete nuestra dignidad, nuestra historia y nuestro derecho de vivir en paz. "Soy feliz, pero cargo con una mochila pesada desde la Cuenta Pública. La gente aplaudía y aplaudía, yo temblaba.
Quiero justicia para ambas partes y paz para nosotros, quiero que nos escuchen", dice Erika Tymm. "Me dieron palizas, cachetadas, me arrestaban, trabajos forzados, castigos sin comer fácilmente durante una semana, electroshocks, después anestesia y me dormían. Podría escribir un libro de todos los castigos que sufrí", dice Robert Matthusen. Erika Tymm en el museo. Ella llegó a los dos años a Villa Baviera desde Alemania. En la foto, posa junto a una imagen del pasado junto a su familia. M ANUEL SIL V A SE GO VIA En la foto, el centro de Villa Baviera, parte de las 117 hectáreas que se piensan expropiar. JU AN C ARL O S R O M O.