Editorial: Planificación urbana
Editorial: Planificación urbana El reciente incendio "Colonia Santa Fe IV" consumió 406 hectáreas en enero pasado. Su ocurrencia expuso nuevamente un problema que las autoridades han evitado enfrentar: la ciudad se expande hacia sectores de interfaz urbano-rural sin normas que consideren el riesgo de incendios forestales. Los nuevos barrios que se instalan colindan directamente con plantaciones y predios agrícolas, lo que aumenta la vulnerabilidad de las familias que habitan en zonas donde el fuego encontrará siempre combustible disponible. Según advierte Corporación Ciudades, el problema estructural es la ausencia de instrumentos de planificación actualizados que identifiquen zonas expuestas a incendios. Muchos municipios carecen de planes reguladores, y aquellos que los tienen raramente reconocen zonas de riesgo. Esta omisión permite que se autorice construcción en áreas donde la probabilidad de que el fuego alcance viviendas e infraestructura es alta. Los incendios en Los Ángeles se originan mayoritariamente en la interfaz urbano-rural, que corresponde al espacio entre la ciudad construida y las zonas forestales. Sin embargo, la planificación territorial ignora esta realidad. Deliberadamente o por falta de fiscalización, se permite que viviendas colinden con plantaciones sin exigir barreras perimetrales, cortafuegos efectivos o planes anuales de manejo de vegetación. La experiencia internacional muestra que, por ejemplo, las calles bien diseñadas actúan como barrera entre zona urbana e interfaz. La topografía, los vientos predominantes y la = cercanía a zonas forestales deberían incorporarse al proyectar nuevos barrios. En cambio, el crecimiento urbano avanza hacia sectores de mayor exposición, en lugar de evitarlos. Desde Corporación Ciudades se observa con preocupación esta tendencia en lugares con alta recurrencia de incendios. La conectividad de sectores expuestos también presenta deficiencias críticas. Muchos barrios en interfaz tienen una sola vía de acceso, lo que complica evacuaciones y dificulta el ingreso de equipos de emergencia. Los vecinos detectan frecuentemente los primeros focos y pueden reaccionar con rapidez, pero si carecen de vías de escape múltiples o si la vegetación no está controlada, esa capacidad de respuesta se anula completamente. La baja participación ciudadana en temas de emergencia agrava el problema. Solo 0,3% de las organizaciones civiles en Chile trabajan estos temas, mientras en áreas como vivienda o desarrollo urbano la participación es significativamente mayor. Esta cifra evidencia que la preparación ante emergencias no forma parte de la cultura cívica local. La planificación territorial requiere tiempo, pero constituye la base para construir ciudades resilientes.
Permitir que Los Ángeles crezca hacia zonas de interfaz sin regular el uso de suelo, sin exigir barreras, sin planes de manejo de vegetación obligatorios y sin actualizar planes reguladores que reconozcan explícitamente zonas de riesgo garantiza la repetición de episodios lamentables como el vivido en enero..