Ciencia, salud y medicina integral
Ciencia, salud y medicina integral S e nos exige una reflexión epistemológica, una visión prospectiva de esa coalición poderosa entre las ciencias fundamentales-fácticas (física, química, biología, matemáticas); las ciencias sociales (sociología, psicología, historia), las ciencias de la salud y la medicina. Esta última, históricamente, ha integrado su raigambre en la compasión humana, con luces en la ciencia fundamental, alcanzando así la estatura relevante que ostenta en el presente siglo. Como médicos y académicos, nuestra buena praxis se basa en el rigor metodológico científico y las disciplinas propias de las ciencias sociales y humanas para develar la complejidad biológica y transformarla en bienestar humano universal.
Así, vivimos cada día con nuestros pacientes como individuos únicos e irrepetibles y, en la simbiosis de las ciencias exactas con las ciencias sociales, se teje la salud de nuestras poblaciones mediante la salud pública y la epidemiología. Esto último es relevante hoy, donde el mundo globalizado ha licuado las fronteras y vive una permeabilidad territorial activa y permanente. Aspiramos a una sola salud.
Diría yo: una salud integral donde la cooperación científica transnacional debe propender al logro de una salud de alta calidad para las personas y todo su biosistema, incluyendo animales, vegetales y el planeta en general, reconociendo la interdependencia entre la salud humana, animal, vegetal y ambiental. Ya no es posible separar todos esos componentes para optar a una salud sustentable y efectiva, capaz de proteger nuestra existencia. La ciencia ha sido para la medicina el motor de una evolución sin precedentes, desde la exploración macroscópica de la patología hasta la inmersión en las entrañas de la naturaleza biomolecular de la enfermedad.
HSALPSNU ENICIDEM Y VAN Hoy, el diagnóstico se desplaza hacia la translucidez molecular y se beneficia de la física cuántica en la imagenología de alta resolución, así como de la bioquímica en la farmacología de precisión.
Desde la Revolución Científica, durante el siglo XVI y hasta nuestros días, los avances científicos se suceden en una vorágine fantástica y es así como Ambros y Ruvkun obtienen el Nobel de Medicina, en 2024, describiendo los microRNAs, novedosos reguladores génicos post transcripcionales y, del mismo modo, los galardonados de la edición 2025 contraponen el descubrimiento de las células TReguladoras con el antiguo concepto de “Tolerancia Central”, demostrando que la ciencia evoluciona, al igual que lo hacen los seres vivos objeto de sus estudios. La salud, como estado de completo bienestar físico, mental y social, debe facultar a las personas a llevar una existencia productiva y plena, incluyendo componentes emocionales y espirituales.
Concebimos al ser humano como una amalgama perfecta física y eventualmente metafísica, donde lo objetivo coexiste con lo subjetivo y de ahí que surge el imperativo de concebir una medicina en tanto cuanto una entidad científico-humanista; ciencia aplicada de raigambre en las ciencias formales, fácticas, naturales y sociales-humanas en la forma de un sólido platónico. Como complemento indisoluble, el arte médico forma parte de la práctica clínica, ya que cuando no es posible curar es necesario aliviar y acompañar a individuos cuya dimensión emocional y espiritual deben también ser atendidas. Cada enfermo es un universo en sí mismo: “No hay enfermedades, sino enfermos”, como sentenció sabiamente Hipócrates.
No solo la expresión y experiencia de la patología son particulares para cada paciente, una manifestación fenotípica única en cada individuo, sino que también lo son el momento, el entorno físico y social, la trascendencia eventual de su vivencia de la enfermedad. Como ciencia aplicada, la medicina combina la evidencia de las ciencias formales con la práctica clínica, lo cual requiere capacidad de empatía, manejo cultural inclusivo, habilidades humanas e inteligencia emocional. La medicina no es una ciencia exacta propiamente tal.
Y, por ende, la ciencia médica incorpora en forma consustancial el valor de la ética en su desarrollo y práctica, para dar fe del respeto de la dignidad y voluntad que son propias de un ser humano libre. La equidad en el acceso a esta medicina y a una salud integral de calidad debe asegurarse. La creación de la cual formamos parte es de suyo también nuestra responsabilidad, nuestro deber de protegerla, valorarla y respetarla. La visión de un futuro protegido por una sola salud, por una salud integral, requiere de la formación académica consonante.
Profesionales formados en un ambiente de gran desarrollo biotecnológico, donde la información y el conocimiento creciendo de modo sideral deberán hacerse complementarios, compatibles, en una amalgama virtuosa con las cualidades humanas y el cultivo simultáneo de las humanidades necesarias para seguir comprendiendo al ser humano como una persona holística, donde el componente físico convive con el emocional y espiritual, y además es capaz de discernir entre lo virtual basado en hechos verdaderos y científicamente probados, de aquellos engañosos y errados. Se deberá formar a los jóvenes en un nuevo paradigma, donde la salud comprenda a un conjunto que incluye a la humanidad y con ella a toda la vida creada, así como al ambiente. Solo la protección del planeta in toto, asegurará la salud de sus integrantes y eso incluirá la nuestra. POR SALUSTIO MONTALVA NOUVEAU, médico cirujano especialista en Cirugía General y Digestiva. Profesor asociado de Cirugía de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.. El Día Mundial de la Salud marca un hito de nuestro tiempo, donde nace un imperativo de supervivencia integral. DÍA MUNDIAL DE LA SALUD 2026: POR SALUSTIO MONTALVA NOUVEAU, médico cirujano especialista en Cirugía General y Digestiva. Profesor asociado de Cirugía de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. Es necesario avanzar hacia una medicina integral, que combine ciencia, ética y enfoque humano, para enfrentar los desafíos sanitarios actuales y futuros.