Autor: Álvaro Ruiz Profesor asociado U. de Concepción
Columnas de Opinión: Voluntariado universitario
Columnas de Opinión: Voluntariado universitario n Medicina Veterinaria, el voluntariado suele aparecer como una expresión noble de compromiso: estudiantes que colaboran, académicos que E acompañan, equipos que responden a necesidades del territorio y comunidades que confían en la Universidad. Pero si queremos que esa experiencia tenga verdadero impacto, debemos dar un paso más: dejar de verla solo como buena voluntad y comenzar a entenderla como una experiencia formativa, organizada y reconocida institucionalmente. Una Facultad de Ciencias Veterinarias ubicada en Concepción y Chillán tiene condiciones especialmente valiosas para hacerlo. Su quehacer se vincula naturalmente con la salud animal, el bienestar animal, la educación rural, la medicina preventiva, la rehabilitación de fauna silvestre, la inocuidad alimentaria, la producción animal y la respuesta ante emergencias ambientales. En todas esas áreas, el voluntariado puede ser mucho más que apoyo ocasional: puede transformarse en aprendizaje aplicado, vínculo con el territorio, investigación, innovación y formación ética. La experiencia del Centro de Rehabilitación y Educación en Fauna Silvestre ANDES UdeC muestra que este camino es posible.
Allí, el trabajo voluntario no solo permite colaborar con una causa relevante, sino también aprender en contextos reales, desarrollar responsabilidad profesional, comprender la complejidad del cuidado animal y conectar la formación universitaria con problemas concretos del entorno. Pero para que ese modelo crezca de manera sana, debe formalizarse. Un programa institucional de voluntariado permitiría definir líneas de trabajo por áreas, establecer objetivos formativos, generar acompañamiento académico, resguardar estándares éticos y reconocer la participación estudiantil mediante créditos, certificaciones u otras formas de validación académica. Esto es clave, porque el voluntariado no puede convertirse en mano de obra gratuita ni en una solución improvisada para tareas permanentes. Bien diseñado, debe ser exactamente lo contrario: una herramienta de formación integral, donde estudiantes, académicos, funcionarios, egresados y actores externos colaboren en torno a problemas técnico-científicos reales. En ciencia animal, por ejemplo, puede aportar a educación rural, bienestar animal y transferencia tecnológica. En patología y medicina preventiva, puede contribuir a campañas de prevención, tenencia responsable, diagnóstico, necropsias y sistematización de datos. En ciencias clínicas, puede fortalecer operativos, educación sanitaria, etología y seguimiento de casos. Cada área tiene oportunidades concretas, siempre que exista planificación, supervisión y sentido académico. Formalizar el voluntariado también fortalece la vinculación con el medio. La Universidad no se vincula solo cuando organiza actividades, sino cuando escucha necesidades, construye respuestas y devuelve conocimiento útil a la comunidad. En ese sentido, el voluntariado puede ser una plataforma poderosa de aprendizaje-servicio, investigación aplicada y colaboración bidireccional con municipios, organizaciones, servicios públicos, comunidades rurales y actores productivos. La formación veterinaria del futuro no puede limitarse al aula, al laboratorio o al hospital. Necesita experiencias donde el estudiantado entienda que su profesión se ejerce en relación con otros: con animales, personas, territorios, ecosistemas e instituciones. Esa mirada es coherente con el enfoque "Una Salud", pero también con una idea más profunda de Universidad pública: formar profesionales capaces de responder a los desafios reales de su tiempo. El desafío, entonces, no es solo tener más voluntarios. Es construir un sistema que cuide a quienes participan, que enseñe mejor, que mida impacto, que fortalezca la ética profesional y que conecte la vocación con una estructura académica seria. Porque cuando el voluntariado se organiza bien, deja de ser una actividad paralela y se convierte en parte del corazón formativo de una Facultad. Y en una Universidad con vocación pública y regional, esa puede ser una de las formas más concretas de formar mejores profesionales y servir mejor al territorio. Paula Aravena Bustos Profesora asistente U. de Concepción Autor: Álvaro Ruiz Profesor asociado U. de Concepción. Opinión Paula Aravena Bustos Profesora asistente U. de Concepción