Autor: Por Juan Paulo Iglesias
Elevando la discusión:
Elevando la discusión: Los nuevos elencos Jonathan Coe, el mayor cronista de la Gran Bretaña contemporánea, acaba de publicar The proof of my innocence (La prueba de mi inocencia), que como toda su obra es una sátira de la sociedad actual, con el telón de fondo del breve gobierno de Liz Truss y la muerte de la Reina Isabel II -ocurrida sólo dos días después de que asumiera la primera -. Pero la idea aquí no es hacer una reseña de la última novela de Coe -a quien Nick Hornby calificó como el mejor novelista de su generación-, sino recordar otra que por allá por principios de los 90 lo catapultó a la fama: Menudo reparto. Y no por los años de Margaret Thatcher que retrata, como pensarían algunos, sino por ese peculiar reparto que describe y que en algún nivel resuena con el elenco de estos tiempos. Están, por ejemplo, aquellos que buscan hacerse un espacio y los que "aún no encuentran su lugar en el mundo", como escribe Max Colodro.
Y entre estos, apunta Colodro, están la centroizquierda y la izquierda que corren el riesgo de quedar "fuera de juego, mirando como un nuevo ordenamiento político empieza a desplazarlos hasta el borde de la irrelevancia", por culpa de las decisiones del "PDG y el PNL". "Un escenario inédito" frente al cual, sostiene Colodro, "las fuerzas que van desde la DC al PC" acabarán haciendo "lo que saben hacer muy bien, cultivar la frustración y el resentimiento". "Ese", según él, "es el trasfondo vital de lo observado" en estos días.
Un punto, el de Colodro, que conversa con la visión de Josefina Araos, para quien los pasos dados por el PDG no sólo demostraron "la capacidad negociadora de la colectividad, sino también el complicado lugar en que ha quedado (o decidido quedar) el resto de la oposición". Y más allá de que "algunos alerten" al gobierno "sobre los riesgos de estar negociando con el PDG", al final, dice, "es la oposición la más tensionada", porque deja que "quien supuestamente encarna la peor versión de nuestra política acabe mostrándose como el que dialoga y, de paso, se preocupa por la ciudadanía". El mundo al revés, dirán algunos, pero lo cierto, apunta Araos, es que "ese es el cuadro final al que empujan las cosas". "La verdad rara vez es pura y nunca es simple", decía Oscar Wilde, y por acertada que sea esa afirmación, la política a veces la olvida. Son tiempos de eslóganes, como apunta Óscar Guillermo Garretón. "Todos dicen estar dispuestos al diálogo", pero las consignas de la oposición "son propias de quien opta en realidad por no llegar a acuerdo", escribe. Insistir en la idea del "gobierno de extrema derecha" y de la reforma "que sólo favorece al 1% más rico" hace difícil acercar posiciones. Descalificar tiene su costo.
Y cuando Parisi y Kaiser muestran esa voluntad de acuerdo que reclama la sociedad chilena, la pregunta que surge, dice Garretón, es qué pasara si este gobierno fracasa, "¿volveremos a esa izquierda polarizante o preferiremos a Parisi o Kaiser?". 2 Disputas de Palacio Menudo reparto, habría que insistir, recordando el libro de Coe. Uno que, sin embargo, no se acaba sólo en la oposición, sino que se extiende también al oficialismo.
Dentro del cual, además, esta semana quedaron en evidencia las tensiones en su interior a causa de los polémicos oficios de Hacienda. "Esperemos que a partir de este episodio se prevean estas situaciones y se paren a tiempo", dijo Arturo Squella, mientras Diego Schalper salió a reforzar el punto: "Gobernar desde el Segundo Piso no resulta tan bien". Y aunque el ministro Quiroz diga que los oficios son como "la carta de una pareja", que no debió haberse filtrado, lo cierto es que el hecho complicó al oficialismo y dejó en evidencia los ajustes pendientes.
Quizá, como dice María José Naudon, el problema del gobierno es que debe pasar "de un apoyo funcional a uno emocional". Porque si bien nadie discute el diagnóstico y "la ciudadanía entiende lo que el gobierno quiere hacer", falta, según Naudon, "que se identifique con él". Es un asunto de relato, porque la derecha "ha sido históricamente más eficiente en diagnosticar y gestionar que en narrar", y lo que le falta ahora al gobierno es acortar "la distancia entre el apoyo funcional y el emocional". Un asunto de pragmatismo.
Por importante que sea el primero, sin el segundo, apunta, "el gobierno puede tener razón, pero no necesariamente respaldo". Y más allá de ese debate, para Cristóbal Osorio hay otro que sumar a los problemas del gobierno, el del peso del Ministerio de Hacienda.
Por poderoso o no que sea el ministro Quiroz, dice Osorio, lo cierto es que ese ministerio ya no es "la reina del tablero". Pasó de ser "el centro de poder incontestable", como sucedía hasta la primera década de este siglo, según Osorio, a un peón "expuesto a la contingencia". En el Chile actual, dice, "el ministro de Hacienda ha mutado de guardián institucional a un fusible más", y "Quiroz debe advertir que su relato y puesta en escena -propios de lógicas pretéritascorren el riesgo del anacronismo", más aún cuando "carga con la soledad del técnico frente a profesionales del juego político". Al final, todo es cosa de timing, como dice la ya legendaria Anna Wintour, exdirectora de la revista Vogue, "si es demasiado pronto, nadie entiende y si es demasiado tarde, todos lo olvidan". Y algo de eso hay en la política.
Conviene saber leer los fenómenos a tiempo, como el que reveló, según Rafael Sousa, la votación de Franco Parisi, "una nueva expresión política de la clase media joven". Votantes que "no son hijos de los ganadores de la transición", como el Frente Amplio, sino productos "de la ampliación de la eduNEWSLETTER DE OPINIÓN Suscríbase al newsletter de Opinión, Elevando la discusión, los debates que marcaron la semana, para conocer los temas que fijaron agenda y las columnas de la semana. latercera. com cación superior". Y si bien, dice, "los dos fenómenos coinciden en la frustración de segmentos menores de 35 años", haría bien el gobierno en poner atención en esa clase media joven.
No sólo porque "es una oportunidad para ampliar su apoyo, sino también para controlar el malestar". Habrá que ver. 3 Y mientras tanto en el mundo Pero volviendo a lo del reparto, el que puebla por estos días el resto del mundo también dio que hablar esta semana. Es cierto que algunos lo hacen todos los días, pero con la visita del Rey Carlos III a Estados Unidos, la atención estuvo concentrada en Washington.
No faltó el humor en el recorrido del monarca británico, como cuando dijo que si no fuera por ellos en Estados Unidos estarían hablando francés, sino que también sirvió para limar asperezas y mantener viva esa "relación especial" de la que hablaba Winston Churchill y que andaba algo complicada por estos días por los cruces entre Trump y el primer ministro británico. Suena a revival de otros tiempos, dirán algunos, con "discurso del rey" incluido.
Pero como apunta Benjamín Salas, la diplomacia monárquica nunca ha desaparecido, y "cuando las diferencias entre aliados se vuelven públicas -como ha ocurrido (. .. ) entre Estados Unidos y Reino Unido-, "la figura del monarca" ayuda "a sostener la relación". "Enfría sin contradecir, acerca sin ceder", apunta.
Y lo que vimos con Carlos III pasó también con Isabel II a inicios de los años 60, cuando visitó Ghana apenas independizada y con un presidente que se acercaba a la órbita soviética, logrando "sostener a ese país en el Commonwealth", o con "Juan Carlos I, que cumplió una función similar tras el fin de la dictadura en España". "La monarquía", dice, "no sustituye la política exterior, pero la acompaña en sus momentos difíciles. "Lejos de ser decorativa, a veces resulta decisiva", dice. Es la fuerza del Estado. Algo que no es menor en estos tiempos convulsos, que repercuten también en este lado del plantea, donde, como apunta Daniel Zovato, el mapa político se está redibujando con un giro sostenido hacia la derecha.
Y con varias elecciones en el horizonte, "los próximos seis meses", dice, serán decisivos. "Definirán la forma en que la región se inserta en el orden internacional cada vez más fragmentado" y atravesado por "la competencia entre EE.UU. y China". Así, en una Latinoamérica "donde las mayorías son volátiles y la paciencia social se agota rápido", según Zovato, será clave si "los nuevos gobiernos tendrán la capacidad de entregar resultados". Si no lo logran, concluye, el péndulo volverá a oscilar, "como ya ocurrió en tres ocasiones" en este siglo XXI. Autor: Por Juan Paulo Iglesias. Los debates que marcaron la semana