Columnas de Opinión: Regar ya no es solo una decisión técnica
Columnas de Opinión: Regar ya no es solo una decisión técnica Durante años, el riego agrícola en Chile se ha tratado como un asunto operativo: cuánta agua hay, cómo llevarla al campo y cuánto cuesta hacerlo funcionar. Pero esa mirada quedó corta. Hoy, el riego se cruza con dos variables que cambiaron las reglas del juego: energía cada vez más cara y una escasez hídrica que dejó de ser excepcional para convertirse en la nueva normalidad. Buena parte de la agricultura nacional depende del bombeo eléctrico para acceder al agua, especialmente en territorios donde las fuentes superficiales han retrocedido de forma sostenida. Sin embargo, el debate público sigue atrapado en la urgencia de cada temporada, sin cuestionar el modelo con el que se diseñó el riego durante décadas. Operar sistemas pensados para otro clima y otra matriz energética no solo eleva los costos: aumenta la vulnerabilidad productiva del sector. La tecnificación del riego suele instalarse como una respuesta automática, casi incuestionable. Pero tecnificar sin una mirada integral puede ser solo una forma más sofisticada de mantener las mismas ineficiencias. El desafío no pasa por sumar tecnología, sino por definir con claridad qué tecnología, para qué tipo de agricultura y bajo qué criterios de eficiencia energética e hídrica. El problema no es la falta de soluciones, sino la ausencia de una estrategia que conecte agua, energía y productividad. Este escenario deja al descubierto una brecha mayor: la dificultad del país para anticiparse a transformaciones estructurales.
Mientras la agricultura sigue siendo un pilar del empleo y del desarrollo regional, las decisiones de inversión y política pública avanzan a un ritmo que no conversa con la profundidad del estrés hídrico y energético que enfrenta el sector.
En el mes de la energía, la pregunta de fondo no es cuánto cuesta regar una hectárea más, sino si Chile está dispuesto a revisar seriamente el modelo bajo el cual gestiona el agua y la energía en su agricultura. Seguir postergando esa conversación no pone en riesgo solo una temporada: compromete la viabilidad futura del sector agrícola.. Marco Quezada, gerente Técnico de Dripsa OPINIÓN