Editorial: Aquello que los protocolos no ven
Editorial: Aquello que los protocolos no ven a muerte de Sol Millakura Hernández dejó una herida abierta en la institucionalidad sanitaria de Valparaíso.
Lo que vino después -la querella por injurias presentada por la exseremi Lorena Cofré contra dirigentes gremiales L que exigieron explicaciones públicasabre un debate que trasciende los hechos particulares del caso y toca fibras sensibles sobre el ejercicio sindical, la rendición de cuentas y los derechos laborales de las personas trans en Chile. Cofré tiene el derecho legítimo de defender su honra ante la justicia.
Una acusación pública de haber contribuido, aunque sea indirectamente, a la muerte de una persona es una carga enorme para cualquiera, y el sistema judicial existe precisamente para dirimir estas disputas cuando el diálogo no alcanza. Nadie debería ser señalado sin debido proceso, y ese principio vale para todos, independientemente del cargo que se haya ocupado. Lo que sí merece reflexión es el efecto que este tipo de acciones judiciales puede tener sobre el ejercicio sindical. Los dirigentes que enviaron una carta a la ministra de Salud actuaban dentro de su rol natural: representar a los trabajadores y exigir rendición de cuentas frente a una situación de alta gravedad.
Que ese acto derive en una acusación penal con solicitud de reclusión instala una pregunta incómoda: ¿ hasta dónde puede llegar la voz de un gremio sin enfrentar consecuencias desproporcionadas? La respuesta define el margen real que tienen los trabajadores organizados para ejercer su función. El argumento de que Sol nunca activó los protocolos formales de denuncia es relevante jurídicamente, pero insuficiente como respuesta institucional. Los mecanismos internos tienen limitaciones reales, especialmente para quienes se encuentran en posiciones de vulnerabilidad. La ausencia de un papel firmado no agota la conversación sobre lo que pudo hacerse de manera distinta ni cierra la pregunta sobre el clima laboral que Sol vivió en sus últimos meses. Chile avanza, con dificultad, hacia una cultura laboral más inclusiva para las personas trans. Ese avance exige instituciones capaces de escuchar señales de malestar antes de que se conviertan en tragedias, y espacios donde las preguntas difíciles puedan plantearse sin que el costo sea excesivo. El desenlace de esta querella importa más allá de los involucrados directos. Marca un precedente sobre qué conversaciones estamos dispuestos a sostener cuando algo sale profundamente mal.. Decir que Sol Millakura no presentó denuncias formales no es suficiente. Las instituciones deben aprender a leer lo que no está escrito. Editorial