Autor: MAUREEN LENNON ZANINOVIC
Guillermo Parvex: “Si no estuviera en el ranking, me sentiría frustrado”
Guillermo Parvex: “Si no estuviera en el ranking, me sentiría frustrado” S us primeras lecturas fueron las obras de Alberto Blest Gana, Vicente Pérez Rosales, Baldomero Lillo, Jorge Inostroza y Benjamín Vicuña Mackenna, y luego, en su adolescencia, lo cautivaron los escritos de Gonzalo Bulnes y Pascual Ahumada. El nombre del periodista Guillermo Parvex (Santiago, 1954) está íntimamente asociado al género histórico y a uno de los sucesos literarios de la última década.
Con numerosas ediciones y más de 150 mil copias vendidas, Un veterano de tres guerras lo consagró como uno de los autores más leídos, gracias a las apasionantes memorias de José Miguel Varela, un militar que tuvo un papel trascendental en una legendaria tríada de conflictos bélicos y formó parte del gobierno del expresidente José Manuel Balmaceda. Tras este éxito, su carrera literaria se disparó con la llegada de numerosas publicaciones, tanto novelas como crónicas. Entre otros títulos best seller destacan, 1978, el año que marchamos a la guerra, Frontera Sur, Invasión del Gulumapu y Soldado por circunstancia.
El año pasado nuevamente su nombre permaneció varios meses en el ranking con La sombra de Patricio Lynch, una ficción histórica en la que abordó las intrigas del servicio secreto chileno durante la Guerra del Pacífico. “Lo que sucede y quizás sea un poco feo decirlo, pero si no estoy en el ranking, me sentiría frustrado”, comenta instalado en un café de la avenida Apoquindo.
Reconoce que estar en las listas de los más vendidos es un motivo de satisfacción, pero no una presión, y “cuando mis libros salen del ranking entiendo que eso se debe al interés de los lectores por nuevas obras de escritores nacionales y extranjeros”. Guillermo Parvex señala que si bien forma parte de un selecto club de notable lectoría “con los catorce libros que llevo publicados, muy difícil será alcanzar el récord de Un veterano de tres guerras, que estuvo 139 semanas consecutivas en “El Mercurio”. El día que Un veterano salió del ranking, pensé que se ha había acabado el libro. Pero no.
Hoy con alegría comunico que tiene una edición de lujo (ver nota relacionada)”. Un relato más personal Por estos días, nuevamente está de regreso en la lista de más vendidos con otra novela histórica, Guerra entre hermanos (Ediciones B), donde revela, de manera muy vívida, la guerra civil que terminó con el suicidio del presidente José Manuel Balmaceda, el 19 de septiembre de 1891. La acción parte el mediodía del miércoles del 15 de diciembre de 1890, cuando el sol cae sobre Santiago.
Ahí en Huérfanos 54, casi al llegar a la calle Ahumada, se encuentran en un restaurante dos amigos y excompañeros del Colegio Padres Franceses: el militar Ignacio Aguirre y Pedro Alvarado, quien trabaja en una salitrera, “La Primitiva”, en Huara.
Ambos pelearon en la Guerra del Pacífico y aún no saben que, pocos meses después, pondrán a prueba su amistad y se enfrentarán en bandos contrarios: el primero, leal a Balmaceda, y el segundo, apoyando las fuerzas congresistas. En “La Primitiva”, así escribe el autor de Guerra entre hermanos, se “plantó la semilla del que terminaría siendo el Ejército Revolucionario o Congresista, como también se le llamó.
En forma paralela, se estaba haciendo el mismo reclutamiento en una decena de oficinas más, todas propiedad del británico John Thomas North, ejemplo que luego fue imitado por salitreras pertenecientes a otros empresarios”. A juicio de Guillermo Parvex, uno de los principales factores que aceleraron el enfrentamiento de 1891 fue la interpretación que hicieron parlamentarios de la anunciada reforma del gobierno respecto a la propiedad de las salitreras, que eran la principal fuente generadora de ingresos fiscales. Diputados y senadores acusaron a Balmaceda de querer expropiar las oficinas, la mayoría en manos de extranjeros.
Su último trabajo reconstruye la génesis y la crueldad de la guerra civil, entre otros, la tragedia de Lo Cañas, el fusilamiento del comerciante cercano al Congreso Ricardo Cumming, tarea que le fue comisionada en contra de su voluntad a Ignacio Aguirre, o el enfrentamiento en Pozo Almonte, donde la soldadesca revolucionaria despojó a sus enemigos “de la dignidad más básica. No había códigos, no había reglas; solo un ciclo interminable de venganza y muerte que se alimentaba a sí mismo”, sostiene el periodista.
También hay varias páginas cargadas de emotividad, con la reproducción de cartas enviadas entre los amigos, y entre Pedro y su esposa Francisca e Ignacio y su mujer Sofía donde le declara que “lucharé con valentía, pero con prudencia.
Prometo que haré todo lo posible por regresar a ustedes, para abrazarlas de nuevo y contarles historias de esperanza”. ¿Porqué decidió volver a la novela histórica? Me gusta la novela histórica, porque te da amplias posibilidades de introducirte en una mirada más psicológica y real de los personajes. Eso sí, yo manejo la ficción dentro de un marco, dentro de un rigor histórico bastante absoluto. También he explorado la crónica histórica. En 2024, por ejemplo, publiqué Teniente Hernán Merino, y no descarto ir alternando los dos géneros, porque me encanta escribir. Guillermo Parvex explica que sus primeros escritos sobre la guerra civil aparecen en Un veterano de tres guerras.
Luego volvió a este enfrentamiento en marzo del 2020 con El rey del salitre que derrotó a Balmaceda, que “más bien es una crónica histórica, una investigación; en cambio, en Guerra entre hermanos acogí la sugerencia de mi esposa, quien me animó a contar esta historia desde el punto de vista de dos personas. No tanto desde las cúpulas, de las élites políticas o militares, sino a través de dos amigos. Así fui madurando un relato más personal”, apunta. ¿Cuánta gente falleció en la guerra civil? Siempre hay discrepancias entre algunos historiadores. En total, son alrededor de 9.000 o 9.500 personas que mueren en un lapso de ocho meses. En la Guerra del Pacífico fallecieron alrededor de diez mil, pero en cinco años. Y de esos diez mil, alrededor de 3.500 dejaron de existir por enfermedades y epidemias. Por lo tanto, en ocho meses y en forma más violenta, la guerra civil provocó más muertes que la Guerra del Pacífico.
Se dice que en 1891 Entrevista AELOREIVAJOCSICNARF eran muy pocas las familias que no tenían algún familiar o cercano fallecido, herido o mutilado. ¿Cómo fue su investigación histórica? Al igual que en Un veterano de tres guerras, reconstruye las costumbres y los restaurantes de la época En eso ayudan mucho los archivos. En Chile hay muchos y muy buenos, como el Archivo Nacional. Solo hay que saber buscar. Revisé la prensa de la época y sus avisos, y me encontré con que el restaurante más famoso de la élite era Papá Gagé, en Huérfanos 54. Era atendido por su dueño y por un sobrino. Ese local era el centro de la bohemia, de los políticos, de la gente de la industria y agricultores. Era el restaurante más concurrido de Santiago y tuvo varias ubicaciones.
Me centré en Papá Gagé, porque era el centro de la crème de la crème de la sociedad chilena. ¿Nos puede hablar del uso de armas en el bando congresista? En el caso del bando congresista se empleó masivamente el fusil de repetición Mannlicher, que podía disparar cinco tiros solamente moviendo el cerrojo, mientras que los Grass y Comblain del Ejército de Línea eran tiro a tiro y después de cada disparo había que volver a poner una cápsula. Otra gran ventaja del bando revolucionario fue el empleo de modernas tácticas prusianas implementadas por Emil Korner, en contraposición a las fuerzas del gobierno que seguían empleando la escuela francesa de 1850.
Con respecto a la guerra de 1891, se suele afirmar que, pese a que fue tan cruenta, la sociedad supo sanar las heridas. ¿Se sanaron? En diciembre de 1891, a cuatro meses de concluida la guerra civil, se dictó la primera ley de amnistía, la que contemplaba aquellos crímenes cometidos entre enero y agosto de ese año. Se excluían de sus beneficios los altos oficiales del Ejército, ministros de Balmaceda, miembros del Congreso de 1891 y diplomáticos.
La segunda ley de amnistía de febrero 1893 se amplió para incluir en ella a los oficiales del ejército balmacedista, los involucrados en el torpedeo y hundimiento del acorazado “Blanco Encalada”, así como miembros de las cortes marciales, manteniendo fuera a los responsables de la matanza de Lo Cañas. En agosto de 1893 se promulgó una nueva ampliación de la amnistía que solo excluyó a los miembros del ministerio presidido por don Claudio Vicuña y a los autores de Lo Cañas. Esas amnistías no quedaron en el papel. Eso es lo más notable, porque, al cabo de tres años, nadie hablaba de balmacedistas o congresistas, y muchos de los militares y marinos amnistiados volvieron al Ejército o a la Armada. Muchos civiles también volvieron a trabajar en sus puestos de siempre. Tenemos el mejor ejemplo: José Miguel Varela, quien estuvo prófugo y clandestino, cuando fue amnistiado volvió a trabajar como abogado y lo nombran intendente de Cautín.
Yo creo que, además, la sociedad fue sabia, porque se dieron cuenta de que no podían seguir arrastrando este quiebre tan profundo y eso fue cicatrizante. ¿Qué le impactó de la guerra civil? Lo que más me impactó fue percibir que las personas que estaban en distintos bandos no tenían una potencia ideológica fuerte. Fueron las circunstancias laborales o geográficas las que los impulsaron a formar parte de un bando y no tenían otra alternativa. Por ejemplo, en el caso de Ignacio Aguirre, él no podía desertar, porque corría el riesgo de que lo fusilaran. Era un militar. Ese era su empleo y no tenía otra forma de escapar.
Su amigo Pedro Alvarado, compañero de colegio, de barrio y de la Guerra del Pacífico, se había retirado del Ejército y consiguió un muy buen trabajo en las salitreras y no podía decir yo no quiero participar.
Entrar a la guerra era eso o nada. ¿Qué lecciones se pueden sacar de ese período? La primera lección es que la intransigencia es el peor peligro que puede tener una sociedad, porque aquí la génesis de la guerra fue la intransigencia de ambos sectores.
La segunda lección es admirar la sabiduría que tuvo la sociedad chilena para cicatrizar heridas tan grandes, después de un enfrentamiento que fue, sin exagerar, la guerra civil más grande ocurrida en América del Sur, en el siglo XIX.
La primera lección es que la intransigencia es el peor peligro que puede tener una sociedad, porque aquí la génesis de la guerra fue la intransigencia de ambos sectores”. GUERRA ENTRE HERMANOS Guillermo Parvex Ediciones B, 296 páginas, 2026 $18.000 NOVELA HISTÓRICA Continúa el fenómeno de Un veterano de tres guerras Ediciones B acaba de publicar una edición de lujo, con tapa dura, de una de las creaciones más exitosas de Guillermo Parvex: Un veterano de tres guerras.
El autor expresa que es una “enorme alegría de que este libro se haya convertido en long seller y mis agradecimientos a Penguin Random por esta iniciativa de recordar, con una edición de lujo, los diez años de la permanencia de esta obra en su catálogo”. Rememora que su primer trabajo durmió casi diez años “esperando una editorial que se interesara en publicarlo, y la respuesta era siempre muy similar: la historia no es un tema de interés general.
Este libro, con su éxito, mostró a las editoriales que la historia sí interesaba a los chilenos y, además, abrió el camino a muchos más escritores para que incursionaran con crónicas o novelas de temas históricos. Hoy, claramente, hay una tendencia”, sostiene.
Guillermo Parvex profundiza en las razones del éxito de Un veterano de tres guerras y dice que estamos ante una historia real de un chileno muy honesto y comprometido con la patria, “que describe sin aspavientos y hasta con modestia sus triviales o heroicas vivencias como civil y militar. Además de relatar su participación en las guerras del Pacífico, Araucanía y Civil de 1891, nos legó nítidas descripciones costumbristas a veces olvidadas por otros personajes que dejaron sus memorias”, concluye. Lo que más me impactó fue percibir que las personas que estaban en distintos bandos no tenían una potencia ideológica fuerte. Fueron las circunstancias laborales o geográficas las que los impulsaron a formar parte de un bando y no tenían otra alternativa”. Autor: MAUREEN LENNON ZANINOVIC. El periodista chileno, uno de los más fructíferos exponentes del género histórico, acaba de publicar Guerra entre hermanos, una novela sobre la guerra civil de 1891. “Acogí la sugerencia de mi esposa, quien me animó a contar esta historia desde el punto de vista de dos personas. No tanto desde las cúpulas, de las élites políticas o militares, sino a través de dos amigos”, sostiene el también autor de Un veterano de tres guerras.
GUERRA ENTRE HERMANOS Guillermo Parvex Ediciones B, 296 páginas, 2026 $18.000 NOVELA HISTÓRICA Continúa el fenómeno de Un veterano de tres guerras Ediciones B acaba de publicar una edición de lujo, con tapa dura, de una de las creaciones más exitosas de Guillermo Parvex: Un veterano de tres guerras.
El autor expresa que es una “enorme alegría de que este libro se haya convertido en long seller y mis agradecimientos a Penguin Random por esta iniciativa de recordar, con una edición de lujo, los diez años de la permanencia de esta obra en su catálogo”. Rememora que su primer trabajo durmió casi diez años “esperando una editorial que se interesara en publicarlo, y la respuesta era siempre muy similar: ‘la historia no es un tema de interés general’. Este libro, con su éxito, mostró a las editoriales que la historia sí interesaba a los chilenos y, además, abrió el camino a muchos más escritores para que incursionaran con crónicas o novelas de temas históricos. Hoy, claramente, hay una tendencia”, sostiene.
Guillermo Parvex profundiza en las razones del éxito de Un veterano de tres guerras y dice que estamos ante una historia real de un chileno muy honesto y comprometido con la patria, “que describe sin aspavientos y hasta con modestia sus triviales o heroicas vivencias como civil y militar.
Además de relatar su participación en las guerras del Pacífico, Araucanía y Civil de 1891, nos legó nítidas descripciones costumbristas a veces olvidadas por otros personajes que dejaron sus memorias”, concluye. ‘‘Lo que más me impactó fue percibir que las personas que estaban en distintos bandos no tenían una potencia ideológica fuerte. Fueron las circunstancias laborales o geográficas las que los impulsaron a formar parte de un bando y no tenían otra alternativa”.