Autor: Por Joaquín López Barraza
"Perder un cultivo es perder parte de tu vida"
"Perder un cultivo es perder parte de tu vida" Marcela Jeneral Aguilera no vive en la ciudad.
Vive a 19 kilómetros de Illapel, en el sector rural de Huintil, camino al embalse El Bato. "Soy nacida y criada en Illapel", dice, aunque aclara de inmediato que su vida ha transcurrido siempre en el campo.
Hija de campesinos, siguió el oficio familiar y lo profesionalizó con estudios de técnico agrícola en el Liceo Agrícola de Nogales. "Toda mi vida la he dedicado a la agricultura, a innovar y a buscar mejores técnicas", resume. Esa forma de vida -explicacambió con la sequía, que en el Choapa no se sintió como un tema abstracto, sino como una restricción diaria. "Aquí hasta el agua de consumo humano estaba medida. Si te pasabas de los metros cúbicos, había multa", recuerda. Y fue bajo esa presión cuando perdió el cultivo al que más tiempo le había invertido. Durante ocho años trabajó nogales esperando que entraran en plena producción. Cuando por fin estaban listos para rendir, la falta de agua los arrasó. "Verlos perder es perder parte de tu vida", dice. La frase no es retórica: "Monetariamente es como cerrar la casa", agrega, al explicar que llegaron a producir entre 3.000 y 4.000 kilos por temporada, con árboles que podían rendir hasta 15 o 18 años. La sequía de 2019, sostiene, marcó un antes y un después. "No quedaba otra que buscar alternativas", cuenta. Desde ahí viene el giro productivo: la necesidad de seguir en pie la obligó a cambiar de cultivo y a replantear su forma de trabajar el campo. CAMBIAR PARA SEGUIR: DE NOGALES A GRANADOS Tras dejar los nogales, se volcó a granados, un cultivo de menor requerimiento hídrico. Primero vendió fruta fresca. Luego, cuando el volumen creció, tomó otra decisión práctica: procesar. "Cuando sacamos 4.000 kilos dijimos: ¿ qué hacemos con tanta granada?", recuerda.
Hoy produce jugo natural sin aditivos, prensado y filtrado tres veces, que comercializa bajo la marca GC Muchas de las decisiones que tomé después de la sequía no las hice para crecer, sino para no 'cerrar la casa' y poder seguir en el campo". Delicias del Carmen, incluso en Santiago. "A la gente no le gusta desgranarla, pero sí le encanta el jugo", explica. La reinvención no se quedó ahí. Diversifico con tomates larga vida, duraznos conserveros y cultivos de rotación. "Aprendí que no hay que poner todos los huevos en el mismo canasto", dice.
Y aunque reconoce límites en la agricultura a pequeña escala, rescata un valor que para ella es central: "Comerse una fruta producida por uno mismo no tiene el mismo sabor que comprarla en el supermercado". Pero su relación con el agua no se juega solo en su predio. Con los años, esa experiencia -perder, adaptarse y aprender a producir con menostambién se tradujo en un rol de conducción en la cuenca. GOBERNAR EL AGUA EN LOS PEORES AÑOS La experiencia productiva convive con otra responsabilidad: desde hace nueve años preside la Junta de Vigilancia del Río Illapel, en la provincia del Choapa. Le tocó conducir acuerdos cuando la cuenca estaba al límite. "Llegamos a bombear el nivel muerto del embalse", recuerda. "Siempre priorizando el consumo humano", enfatiza. Según explica, el diálogo fue determinante en los momentos más complejos, con APR, sanitaria, regantes y crianceros en la misma mesa. “Aquí no tenemos grandes agrícolas ni grandes mineras en la cuenca, por eso se logran acuerdos", plantea.
Aun así, dice, el periodo dejó huellas. "Son etapas que te dejan marcada". Mujer en un espacio masculino Hasta el año pasado, Marcela era la única mujer presidenta de una junta de vigilancia en Chile. "Fuerte", resume.
Ha sido reelegida en varios periodos y subraya que la legitimidad no depende de cuánta agua se posee. "Tengo solo una acción y media de agua. .. no es por cantidad de acciones, es trabajo mancomunado", afirma. No duda al hablar de futuro: "Hay que incentivar a mujeres y jóvenes a asumir estos roles. Una institución sin dirigentes no es nada". Y tampoco duda al hablar de su lugar. "La ciudad es para pasear, no para vivir", dice. Autor: Por Joaquín López Barraza. Pequeña agricultora, dirigente hídrica y presidenta de la Junta de Vigilancia del Río Illapel, Marcela Jeneral Aguilera ha construido su liderazgo desde el trabajo silencioso del campo. Su historia cruza la agricultura familiar, la innovación productiva y la toma de decisiones difíciles en los años más duros de la sequía. Marcela Jeneral Aguilera DIRIGENTA AGRÍCOLA DEL RÍO ILLAPEL Mujer en un espacio masculino Hasta el año pasado, Marcela era la única mujer presidenta de una junta de vigilancia en Chile. "Fuerte", resume.
Ha sido reelegida en varios periodos y subraya que la legitimidad no depende de cuánta agua se posee. "Tengo solo una acción y media de agua. .. no es por cantidad de acciones, es trabajo mancomunado", afirma. No duda al hablar de futuro: "Hay que incentivar a mujeres y jóvenes a asumir estos roles. Una institución sin dirigentes no es nada". Y tampoco duda al hablar de su lugar. "La ciudad es para pasear, no para vivir", dice.