Autor: OTTO DÖRR ZEGERS Departamento de Psiquiatría Oriente, U. de Chile, y Centro de Estudios de Fenomenología y Psiquiatría UDP - SUSANA DÖRR ÁLAMOS Centro de Humanidades Médicas, Facultad de Medicina Clínica Alemana Universidad del Desarrollo
¿Estamos habitando nuestras ciudades?
Permitiendo que nuestras ciudades, y en particular los centros históricos de ellas, sean vandalizadas, ensuciadas con rayados y entregadas al comercio ambulante y a la delincuencia. Enlasúltimassemanas han aparecidoeneste diario varias cartas y columnas de opinión en las que sus autores manifiestan su preocupación, y en algunos casos su indignación, por el estado de abandono en que se encuentran nuestras ciudades. Ejemplos extremos de ello serían el centro de Santiago y la ciudad de Valparaíso en su totalidad.
Quizássi el más expresivo lamento sobre esta situación lo constituye una carta de la lectora Loreto Buttazzoni, del 9 de junio recién pasado, titulada “Me quiero ir”. El título corresponde a una frase dicha por un taxista que la condujoa través de la “zonacero” de Santiago.
Él se quería ir porque no soportaba más “la basura, la agresión visual (de los rayados) y la violencia enla vía pública”. Y ella termina afirmando: “Ya no importa si el deterioro urbano es causado por la ideología, los abusos, el narcotráfico, la anarquía, la desigualdad, la revolución o todas las anteriores.
La superficie es tapiz de basura y rayados que está sepultando un fondo que se sigue hundiendo... en ciudad que se ahuyenta a sí misma y que ni siquiera el viento del otoño puede limpiar”. Otro lector, el arquitecto Gonzalo Martínez (13-06-22), habla de “osteoporosis urbana”, enfermedad que afectaría particularmente al centro de Santiago y al casco histórico de Valparaíso, Él pronostica que ambos espacios terminarán “fracturados” y “obsoletos”, “carentes de valor comercial y vida urbana de calidad, (para) pasar a ser... una añoranza de tiempos anteriores... ” En fecha reciente (06-07-22), el máster en Planificación Urbana Ignacio Aravena se refiere a las consecuencias económicas de este deterioro: “Cerca de 700 locales han cerrado en Santiago.
Ahí donde antes había locales establecidos ahora reina el comercio ambulante... A la fuga del comercio se suma el éxodo de oficinas icónicas... ”. Y advierte: “Si queremos recuperar nuestros centros urbanos... se deben tomar decisiones firmes y abandonar la retórica que romantiza la destrucción”. Estas expresiones y varias otras apuntan a unarealidad incuestionable: estamos pen tiendo que nuestras ciudades, y en particu Jar los centros históricos de ellas, sean vandalizadas, ensuciadas con rayados y entregadas al comercio ambulante (signo inequívoco de subdesarrollo) y a la delincuencia. ¿Podemos considerar esta situación como algo accidental, como consecuencia no deseada, pero inevitable, del “épico” estallido social que se iniciara el 18 de octubre de 2019? Pensamos queno, que esto corresponde más biena una profunda crisis de nuestra identidad como habitantes de una nación que se llama Chile, que tiene una geografía maravillosa y al menos 200 años de historia que debería enorgullecernos. ¿Pero qué es ser habitante, qué significa el acto de habitar un espacio? Martin Heidegger, en su conocido opúsculo “Construir, habitar y pensar” de 1951, nos ayuda a descubrir la esencia del habitar en la etimología de la palabra correspondiente en alemán: “wohnen”. Este vocablo deriva del germano antiguo “buan”, de donde procede también “bauen”, que es construir, antiguo vocablo “buan” significa también cuidar y cultivar (en latín “colere”, de donde deriva “cultura”). De ahí los términos “Ackerbau”” (cultivo) y “anbauen” (sembrar). Pero Heidegger va más allá en su investigación etimológica y descubre el parentesco de “wohnen”” (habitar) con el término sajón “wuon” y conel gótico “wunian”, que significan, ambos, “permanecer”, pero el segundo tiene la connotación de un permanecer satisfecho, contento La relación entre este adjetivo con las palabras “friede” (paz) y “frei” (libre) salta a la vista.
Por último, el filósofo alemán descubrió el parentesco entre “buan” (habitar, construir, cuidar) y la primera persona del verbo ser, “bin” (yosoy = ich bin). En etimológico más profundo ser humano significaría entonces ser un habitante que cuida el lugar y la tierra donde habita, libre y en paz. El descuidar, ensuciar y destruir nuestras ciudades es ir entonces en contra de la esencia misma del ser humano. Nos encontramos en tun proceso de regresión, de “des-llegar a ser”, cuanto más que el habitar está también íntirelacionado con el pensar, vínculo que no alcanzamos a desarrollar ahora. No se puede pensar desde ninguna parte, sino solo desde el lugar que se habita: siendo, permaneciendo y cuidando. ¡Y cuánta falta hace el pensamiento en el Chile actual!