EDITORIAL: Trump: por qué Groenlandia
Trump: por qué Groenlandia Tras la captura de Nicolás Maduro, Donald Trump volvió a sacudir el tablero internacional al insistir en que Estados Unidos necesita tener el control de Groenlandia, territorio autónomo del Reino de Dinamarca. No es una ocurrencia improvisada ni un arrebato de campaña. ENFOQUES INTERNACIONALES la idea tiene historia en Washington. En 1946, el gobierno de Harry S. Truman exploró formalmente la posibilidad de comprar la isla, convencido de que su ubicación era clave para la defensa del Atlántico Norte frente a la Unión Soviética. Dinamarca dijo no, y el asunto quedó archivado. Décadas después, Trump lo rescató.
En agosto de 2019, en su primer mandato, confirmó que la Casa Blanca evaluaba adquirir Groenlandia, lo que provocó una crisis diplomática con Copenhague y la cancelación de una visita oficial tras el rechazo de la primera ministra Mette Frederiksen. Hoy, el libreto se repite, aunque en un contexto mucho más tenso. Groenlandia importa por razones concretas. Con apenas 57 mil habitantes, domina rutas aéreas y marítimas del Ártico y alberga la base estadounidense de Pituffik (ex-Thule), pieza clave del sistema de alerta temprana de misiles. A eso se suma el retroceso del hielo, que abre el acceso a tierras raras, minerales estratégicos y posibles reservas de hidrocarburos, en una región donde China y rusia ya compiten por influencia. El estilo Trump es conocido: lanza declaraciones extremas —como “no descarto ninguna opción”— para tensar al máximo, marcar la agenda y luego negociar desde una posición de fuerza. La señal de que el tema entra ahora en fase diplomática es clara.
Esta semana, el secretario de Estado, Marco Rubio, se reunirá con el ministro de Relaciones Exteriores de Dinamarca, Lars Lokke Rasmussen, para abordar el tema. ¿Será este encuentro el punto final de esta crisis bilateral? Probablemente, no.