El férreo control chino sobre las tierras raras inquieta a Occidente, pero favorece a Brasil
El férreo control chino sobre las tierras raras inquieta a Occidente, pero favorece a Brasil Una bodega rosada en el noreste de Brasil podría ayudar a sacar al mundo de un estrecho atolladero geopolítico. Oculta dentro de un parque de investigación en el estado de Bahía, la instalación es operada por Brazilian Rare Earths (BRE), una empresa minera. Allí se está construyendo una de las primeras plantas de separación de estos minerales en América Latina, un grupo de 17 elementos necesarios para fabricar desde misiles hasta microondas. Los países occidentales esperan con ansiedad nuevos suministros, con el objetivo de reducir su dependencia de China, que controla el 70% de la minería y el 90% del procesamiento. Donald Trump está particularmente interesado. Estados Unidos sufrió con fuerza el año pasado cuando China impuso una serie de restricciones a la exportación de metales, piezas de maquinaria e ingeniería. Para cuando se declaró una tregua de un año en noviembre, muchas fábricas estadounidenses y europeas se habían visto obligadas a recortar operaciones. Los fabricantes de automóviles, tecnologías verdes y armamento fueron especialmente golpeados por la escasez de superimanes. Pocos confían en que la tregua se mantenga. Las empresas se están apresurando a encontrar proveedores alternativos, dice Bernardo da Veiga, jefe de BRE. Brasil alberga casi una cuarta parte de los depósitos conocidos de tierras raras del mundo, solo por detrás de China. Además de una geología privilegiada, el país cuenta con una industria extractiva sólida. Electricidad barata, experiencia en exportaciones minerales e ingenieros veteranos son grandes ventajas, señala José Augusto Palma, de Aclara Resources, una minera chilena. Brasil ya estuvo allí antes. En la década de 1950, una empresa brasileña, Orquima, fue el mayor productor mundial de tierras raras, extrayendo metales de arenas de monacita. China pasó a dominar la industria después de que las preocupaciones por la radioactividad de la monacita llevaran a Brasil a endurecer drásticamente la regulación y a nacionalizar Orquima. El Brasil actual quiere recuperar ese liderazgo. En enero, el gobierno del Presidente Luiz Inácio Lula da Silva (conocido como Lula) comenzó a preparar una estrategia nacional para las tierras raras. Eso siguió a un decreto de noviembre que las declaró un asunto de seguridad nacional, habilitando financiamiento especial, opciones de compras públicas y procedimientos de importación simplificados. Los políticos tienen dos motivaciones. La primera es impulsar la innovación.
El mercado global de tierras raras vale apenas unos pocos miles de millones de dólares al año el equivalente a un par de meses de exportaciones de hierro de Brasil, por lo que los ingresos direcDERECHOSEXCLUSIVOS tos en juego son modestos.
El verdadero valor está en servir como insumo para la manufactura de alta tecnología, dice André Pimenta, de CIT Senai ITR, un fabricante de imanes de tierras raras en el estado de Minas Gerais, el primero de su tipo en Sudamérica. E l s e g u n d o atractivo es diplomático. La mayoría de las grandes economías enfrenta déficits de minerales críticos, desde los más comunes como el cobre y el níquel hasta otros más exóticos como el esEFE candio y el itrio. Estados Unidos es el más entusiasta. En julio, Donald Trump impuso aranceles de 50% a la mayoría de las importaciones desde Brasil, en un intento por influir en el juicio contra el expresidente Jair Bolsonaro por un presunto complot golpista. Sin embargo, ese mismo mes el embajador estadounidense en Brasil se reunió en privado con empresas mineras para manifestar interés en comprar su producción futura. Tras declarar inicialmente que los minerales de Brasil no estaban en venta, Lula ha insinuado la posibilidad de un acuerdo sobre tierras raras a cambio de una reducción de aranceles. Si Estados Unidos no está interesado, la Unión Europea, Japón o Corea del Sur podrían estarlo. Hay desafíos por delante. Brasil cuenta con una sola mina en funcionamiento, abierta en 2024 por una empresa privada llamada Serra Verde. La compañía planea duplicar la oferta mundial fuera de China de las tierras raras “pesadas”, más valiosas, aunque ha enfrentado problemas de producción. Sus depósitos de arcillas iónicas han resultado más difíciles de trabajar. Un crédito cercano a US$ 500 millones de una agencia de ayuda estadounidense debería facilitar el proceso. Aun así, decenas de otros proyectos mineros siguen esperando permisos. Ninguno comenzará a producir antes de 2028, como muy pronto. Pocos están dispuestos a hacer el procesamiento en Brasil. Más preocupante es el sesgo proteccionista de Lula.
“O aprovechamos estas riquezas que Dios nos ha dado y las convertimos en riqueza para nuestro pueblo, o veremos a los mismos países de siempre cavando hoyos en nuestro país y llevándose nuestros minerales”, dijo en un discurso reciente. Esa es la actitud equivocada, sostiene Julio Nery, de Ibram, la asociación minera de Brasil. Subir en la cadena de valor es importante para el país, que todavía importa acero chino fabricado con hierro brasileño. Pero las tierras raras tienen perspectivas limitadas. La mayoría de las mineras son de propiedad extranjera porque el negocio es más intensivo en capital de lo que los mercados brasileños pueden sostener con facilidad, explica Rafael Moreno, de Viridis, una minera australiana. Esa es una de las principales razones por las que muchas empresas no procesan el mineral hasta óxido en Brasil, junto con la falta de experiencia. Con tiempo y dinero, estos problemas pueden resolverse. Y el dinero está llegando.
Para quienes están a punto de sacudir el tablero China utilizó durante mucho tiempo precios predatorios para desalentar la competencia, recuperando las pérdidas mediante la venta de iman e s y v e h í c u l o s e l é c t r i c o s. Trump desafió ese esquema en julio, cuando firmó un acuerdo con MP Materials, con sede en California. El pacto les garantiza un precio piso de US$ 110 por kilo para el óxido de neodimio-praseodimio, aproximadamente el doble de la tarifa china. Diferencias de precios como esta se volverán habituales, atrayendo nuevos actores al mercado, dice John Prineas, de St George Mining, otra firma australiana. Muchos caerán en la inevitable consolidación. El país que alberga los recursos ha dado con una veta de oro.. Una cuarta parte de los depósitos conocidos de tierras raras del mundo se encuentra en el país sudamericano. The Economist: En Brasil se está construyendo una de las primeras plantas de separación de tierras raras de América Latina.