Autor: Daniel Rozas
"Boric fue una gran promesa y también una gran decepción"
"Boric fue una gran promesa y también una gran decepción" urante un cuarto de siglo, miles de historias mínimas han capturado la vida de Santiago. Escenas domésticas, trayectos en D locomoción colectiva y rincones urbanos donde conviven la soledad, la tristeza y el humor. Ese archivo disperso, creado por ciudadanos anónimos, terminó formando un retrato de los cambios culturales del país. El concurso «Santiago en 100 Palabras» se volvió un espacio donde voces muy distintas coinciden en un relato común. Detrás del proyecto está Carmen García Palma, socióloga, escritora y fundadora de la Fundación Plagio.
Desde Barcelona, donde vive desde 2023, mira la distancia entre los primeros relatos y los de hoy. "En 2001 fue la primera convocatoria", evoca. "El Presidente era Lagos, la conexión a internet era mínima, era otro país". García recuerda que el comienzo de siglo estuvo marcado por una sensación de apertura. "Había muchas cosas que estaban por comenzar.
No había redes sociales ni acceso permanente a internet, y creo que el concurso funcionó como un espacio inédito de participación ciudadana". Y agrega: "El concurso fue como un vocero de las personas, porque había una necesidad de decir, contar, expresar". -¿ El formato de 100 palabras cómo surgió? ¿ Fue deliberado? -Claro, fue deliberado. Tenía que ver con que los cuentos ganadores se iban a exponer en espacios reducidos, entonces no podían ser largos. Eran textos de tránsito, pensados para leerse al paso. Primero fue en los andenes del Metro. Después, también en paraderos de micro.
El formato nació un poco como un pie forzado, pero luego nos dimos cuenta de que permitía una convocatoria transversal, porque algo tan breve resulta más accesible y fácil de abordar. -¿ La llegada masiva de textos al concurso se dio rápido? -En la primera versión nos llegaron cuentos a buzones y nuestra expectativa era recibir 300, pero llegaron casi 3.000. Después las cifras crecieron de 3 mil a 9 mil, luego a 12 mil, hasta llegar a una especie de meseta actual cercana a los 50 mil. Además, la temática, la vida en la ciudad, es compartida por todos.
Así que el concurso no estuvo pensado para escritores consolidados, sino más bien para fomentar la participación ciudadana. "Es como una selfie colectiva" -¿ Cómo el concurso ha ido reflejando las transformaciones sociales? -Los cuentos han sido una forma de observar las transformaciones de la ciudad en estas décadas. Al comienzo predominaba una mirada más bien negativa de Santiago, con la palabra "Santiasco" muy presente. Con el tiempo apareció una visión más afectiva del espacio urbano. En las primeras versiones abundaban los luCarmen García: gares emblemáticos como el San Cristóbal, el Santa Lucía, la Plaza Italia, pero luego los relatos se desplazaron hacia lo íntimo.
Eso es interesante, porque la ciudad también es esa construcción a puerta cerrada, donde la escritura creativa deja ver la vida cotidiana de sus habitantes. -¿ Los cuentos han construido un relato de la ciudad o más bien reflejan miradas aisladas? -Yo creo que el relato lo construye uno finalmente. Pero si lees el libro con los 100 mejores cuentos que editamos cada año, puedes hacerte una idea del pulso de la ciudadanía en ese período. Ciertos temas se vuelven más visibles en algunos años. Por ejemplo, el terremoto de 2010, pero también aparece un pulso más subterráneo, un ánimo que se percibe en los cuentos.
A veces es más oscuro; no predice algo, pero sí permite intuir el clima de una época. -¿ Antes del estallido social ya se percibía en los cuentos un ánimo de malestar ciudadano? -Sí, ese malestar se percibía en los Autor: Daniel Rozas. "La sensación es que incluso las cosas anduvieron un poco peor que antes", dice la fundadora de la Fundación Plagio que celebra los 25 años del concurso «Santiago en 100 Palabras». "Boric fue una gran promesa y también una gran decepción" relatos. Leídos en conjunto, los cuentos pueden iluminar ciertos temas.
Con el paso de los años «Santiago en 100 Palabras» -que ha reunido más de un millón de relatosha ido generando una cultura del texto breve en las ciudades chilenas y también en otras donde se ha replicado, desde regiones como Antofagasta, Biobío o Magallanes, hasta ciudades como Bogotá, Medellín, Puebla o Boston. García observa que esa práctica se impulsa por la circulación de los textos y por las actividades asociadas al proyecto.
Ese aprendizaje colectivo, plantea, también permite que la escritura refleje las particularidades de cada lugar. "Lo que se escribe en Santiago dista de lo que se escribe en Magallanes". -Percibes en los relatos una cultura fragmentaria, donde los jóvenes ya no construyen trayectorias culturales estables, sino biografías dispersas debido al uso de las redes sociales? -No sé si eso se refleja en el concurso, quizás el concurso funciona como una herramienta para eso. Por su naturaleza y brevedad, tiende a ser fragmentario. Ahí también está su poder, mostrar fragmentos de una ciudad construida colectivamente. Es como una selfie colectiva. -¿ El concurso cumple alguna función cívica? -El concurso permite retomar una de las dimensiones fundamentales de la literatura, la posibilidad de comunicar. A través de los cuentos se permite un diálogo entre anónimos y es posible observar otras realidades.
Alguien que lee uno de los relatos va a saber qué siente, qué piensa o cómo imagina esa niña, ese joven o esa mujer que puede convivir en la misma ciudad y que, sin embargo, experimenta una realidad distinta a la suya. En ese gesto comunicativo se produce un vínculo que contribuye a la integración social. Y añade: "Y eso ocurre gracias a que la naturaleza del concurso es democrática.
Desde su llamado, que es transversal, hasta la forma de difundir los cuentos en el espacio público y en un libro de 60 mil ejemplares que se distribuye gratuitamente y que recoge la diversidad de miradas que conviven en una ciudad.
Ahí está depositada la memoria colectiva de Santiago". -Vivimos en una época de poca atención. ¿ El microcuento es una forma de conectar con la lectura y la escritura en estos tiempos acelerados? -El microcuento se transforma en una herramienta para reconectar a las personas con la lectura y la escritura. Tiene una extensión que no parece amenazante, ni requiere un gran compromiso lector, ni de escritura. Además, es un formato con el cual se pueden intervenir espacios no tradicionales y que permite vincular a niños, jóvenes y adultos con la experiencia lecto-escritora desde un lugar más cercano. Dicho eso, el formato parece sencillo, pero es desafiante.
En un cuento de no más de 100 palabras cada palabra tiene una importancia, nada puede sobrar, lo que obliga al autor a ser una artesano del lenguaje y construir un relato bien estructurado. "Chile es muy injusto con sus creadores" -¿ Hoy cuáles son los temas más recurrentes en los relatos que reciben? -En el último tiempo el tema de la vivienda se ha vuelto bastante presente. Uno que ha sido transversal a los años es la soledad, ligada a la vida urbana. También hubo momentos marcados por contingencias, como el estallido o el covid.
Pero, más globalmente, aparece un registro de memoria, del Santiago que se fue, que resulta relevante para la construcción de la memoria histórica. -¿ Te parece que en estos 25 años la narrativa y la no ficción han ganado terreno frente a la tradición poética con la que se identificaba a Chile? -Creo que la poesía, por su naturaleza, siempre se ha mantenido en los márgenes y, de algún modo, eso la ha protegido. En Chile su nivel sigue siendo único, con una tradición larga y una calidad que continúa renovándose. Pienso que se ha ido equilibrando más con la narrativa y la no ficción, aunque nuestra tradición sigue siendo poética. No ocurre lo mismo en países como Argentina, donde la narrativa ha tenido un peso mayor.
También ha habido una apertura menos dogmática hacia los géneros, lo que ha permitido una escritura más libre. -¿ Cómo te afectó la muerte del poeta Germán Carrasco y qué dice sobre el lugar que hoy ocupa la poesía en Chile? -Fue una tristeza muy grande. Su muerte me hizo volver a pensar en lo injusto que es este país con sus creadores. Por mucho que el Ministerio de las Culturas publique una foto en redes sociales, eso no compensa todo lo que hizo. Muchos artistas, escritores y poetas viven en condiciones precarias y solitarias. Ahí hay un tema que revisar.
A partir de esa reflexión, desde la fundación instauramos el «Premio Plagio», que busca reconocer a creadores que han permanecido al margen. -Se dice que la cultura se ha vuelto más ensimismada y autorreferencial. ¿Crees que la literatura ha perdido capacidad de intervenir en lo común? -Por el contrario. Creo que en los tiempos que corren, tan agitados e impredecibles, la cultura se erige como un lugar seguro. Es el lugar donde reside lo humano, en un contexto en el que todo parece estar deshumanizado. Tengo la sensación que cada vez más las personas se volcarán a los espacios culturales en búsqueda de esa humanidad. En estos tiempos convulsos, las manifestaciones culturales toman un carácter de urgencia. Es una guarida donde velar por nuestra memoria colectiva y el sentido crítico. Y cumple con la necesidad de volver a encontrarnos.
Permite una reparación del tejido social. -Chile ha pasado en los últimos años por un estallido, una pandemia, dos procesos constitucionales, el Gobierno de Gabriel Boric y ahora uno de Kast. ¿ Cómo interpretas estos cambios? -He pensado bastante en esta cosa medio bipolar nuestra, con el estallido, los procesos constituyentes y lo que ha venido después. Veía en la prensa que Kast bajó en su aprobación, y me parece que Chile tiene algo de país desmemoriado. Lo pongo con una imagen: ocurrió el estallido, ocurrieron los procesos constituyentes, se retiró la estatua de Baquedano y hoy vuelve a estar ahí, como si nada hubiera pasado. Es fuerte esa tendencia a olvidar rápidamente. Creo que tenemos una deuda con la memoria y que hay que protegerla, porque al final es lo que queda.
Pensándolo ahora, me parece que esa falta de narrativa también forma parte de nuestra identidad. -¿ Cuál es tu balance del Gobierno de Boric en materia cultural? -Boric fue una gran promesa y, para quienes estamos en el mundo cultural, había esperanza en un Presidente con sensibilidad por la lectura. Para mí fue también una gran decepción. Nada de lo que se prometió o se esperaba ocurrió. La sensación es que incluso las cosas anduvieron un poco peor que antes. Creo que se debieron haber hecho cambios más estructurales, con una visión más profunda sobre la situación de los creadores. Finalmente se mantuvieron políticas que ya existían, y la conmemoración de los 50 años del golpe fue muy pobre. Fue una oportunidad perdida.
García sostiene que el proyecto «Santiago en 100 Palabras» ha mantenido su continuidad gracias a una lógica de autonomía. "Más que con lo público hemos sido apoyados por lo privado, por BHP (Minera Escondida) desde el inicio, lo que nos ha permitido seguir durante todos estos años", señala.
A su juicio, esa independencia ha sido clave para la continuidad del concurso. "Si dependiéramos de fondos públicos, sería difícil sostenernos durante 25 años". -Para cerrar, ¿te preocupa el Gobierno de Kast en materia cultural? -No tengo un prejuicio acerca del ministro. De hecho, creo que para muchos el recuerdo del ministro de Cultura de Piñera, (Luciano Cruz-Coke), fue bueno en cuanto a gestión. En ese plano no tengo miedo, pienso que puede ser mejor. Con respecto a las libertades de expresión y ciertas temáticas, sí creo que hay que estar atentos para que se mantengan tal como están. Mi posición es de estar atenta. No sé cómo será este Gobierno, pero muchas veces, el ministerio funciona como una organización que ejecuta con criterios que no tienen que ver con el contenido. Habrá que ver qué ocurre cuando el tema sea el contenido. Y tampoco hay que perder de vista la necesidad de velar porque no se disminuyan los presupuestos de cultura. No tengo un prejuicio acerca del ministro Undurraga.
De hecho, creo que para muchos el recuerdo del ministro de Cultura de Piñera, (Luciano Cruz-Coke), fue bueno en cuanto a gestión". En el último tiempo el tema de la vivienda se ha vuelto bastante presente en los relatos. Uno que ha sido transversal a los años es la soledad, ligada a la vida urbana". Autor: Daniel Rozas. No tengo un prejuicio acerca del ministro Undurraga.
De hecho, creo que para muchos el recuerdo del ministro de Cultura de Piñera, (Luciano Cruz-Coke), fue bueno en cuanto a gestión". En el último tiempo el tema de la vivienda se ha vuelto bastante presente en los relatos. Uno que ha sido transversal a los años es la soledad, ligada a la vida urbana".