Autor: Juan MarcOs Henríquez, DR. EN CIENCIAS BIOLóGICAS
Columnas de Opinión: El Estrecho se defiende y se habita
Columnas de Opinión: El Estrecho se defiende y se habita Estrecho de Magallanes es chileno y eso es una certeza histórica y jurídica.
Los puntarenenses crecemos con el Estrecho en la mirada, y los que fuimos al Liceo de Hombres, actual Luis Alberto Barrera, lo vivimos de una manera especial, porque fue parte de nuestras historias en la adolescencia. El Estrecho nos marca y nos da identidad de una forma que es difícil de explicar para quienes no lo han vivido. Lo sentimos como parte de lo que somos. Por eso duele tanto que esta semana tengamos que salir a defenderlo, y que quienes tienen la obligación de hacerlo hayan tardado más de lo razonable en actuar, o sencillamente hayan omitido opinión. El contraalmirante argentino Hernán Montero dijo en enero, en un podcast de YouTube, que la boca oriental del Estrecho de Magallanes le pertenece a Argentina. Sus palabras tardaron meses en viralizarse en Chile, causando una molestia en Magallanes genuina y fundamentada, aunque muchos intenten bajar el perfil de los hechos o incluso explicar los dichos.
La preocupación y la urgencia por una reacción se debe a que el uniformado que las expresó es nada menos que jefe del Servicio de Hidrografía Naval de Argentina y en su gobierno nadie lo ha contradicho. La falta de reacción del gobierno de Kast, supuestamente nacionalista y republicano, es preocupante y condenable. La vocera de gobierno, Mara Sedini, tuvo la oportunidad de fijar la posición del ejecutivo con claridad y firmeza, y, sin embargo, no lo hizo. Incluso evitó responder si el Estrecho de Magallanes es chileno. Quizás nunca estudió que Chile fue avistado por primera vez desde el Estrecho de Magallanes. Su evasión para los magallánicos tiene una sola explicación posible, la vocera de gobierno prefirió el silencio cómodo y cómplice antes que la declaración necesaria. Hubo que esperar horas para que el canciller Pérez Mackenna saliera a decir lo obligatorio, pero necesario, que la soberanía es indiscutible y que se funda en los tratados vigentes. Pero el daño ya estaba hecho y la duda quedó registrada, y eso cuesta caro. Sumemos a ello que el presidente Kast viajó hace poco a Argentina sin que el episodio Montero sea tratado en la agenda oficial. Es indiscutible la amistad entre ambos mandatarios, pero la afinidad ideológica no puede ser excusa para pasar por alto una declaración que cuestiona nuestros límites. Un presidente que viaja al país vecino sin reclamar los dichos sólo valida a quienes quieren instalar la duda. El riesgo no es que Argentina ocupe el Estrecho de Magallanes mañana. El riesgo es la acumulación de precedentes sin respuesta. Una declaración ignorada se convierte en antecedente. Un viaje presidencial silencioso se convierte en señal. La omisión de la vocera se convierte en duda. Y las dudas, en política internacional, son el primer paso hacia la disputa. El Tratado de Límites son explícitos y no dejan margen de duda. Por tanto, lo que dijo el contraalmirante Montero no es una interpretación razonable de los tratados. Es un error, o algo peor que un error. Lamentablemente cada cierto tiempo los argentinos intentan correr los límites o sembrar la duda. Recordemos que, en 2024, la Armada Argentina instaló paneles solares en el sector chileno del Faro Espíritu Santo, que marca el límite terrestre en la boca oriental del Estrecho. El gobierno de Boric reaccionó con firmeza con una carta de protesta formal, y ante la duda argentina, dio plazo para retirarlos y de no hacerlo, amenazó con sacarlos nosotros. La soberanía no se construye solo con tratados y declaraciones. Se construye con presencia física, con actividad real y continua en el territorio. Se construye con infraestructura portuaria en el Estrecho, con fiscalización naval visible, con estaciones científicas activas y áreas protegidas, y con inversión estatal en los poblados que habitan el Estrecho. Por ello preocupa cuando en Santiago parecen desconocer este territorio.
Cada instalación e infraestructura, cada magallánica capacitada y desplegada en el territorio, cada empresa que opera en el Estrecho, cada conocimiento generado y publicado, es un argumento más sólido que cualquier nota diplomática o declaración pública. El Estrecho es nuestro por historia, por tratado y por poblamiento. Y antes las dudas necesita ser defendido con consistencia y con la firmeza de quien tiene la razón de su lado. El gobierno debe preocuparse por defender, pero también por desarrollar el paso más importante del extremo sur del planeta. Si el gobierno de Kast no entiende eso a tiempo, los que habitamos este territorio tenemos el deber de recordárselo. Autor: Juan MarcOs Henríquez, DR. EN CIENCIAS BIOLóGICAS.