Autor: Dr. Rubén Castillo Ortega Académico de Nutrición y Dietética de la USS
Columnas de Opinión: ¿Una sola pirámide?
Columnas de Opinión: ¿ Una sola pirámide? H ace algunos días, el United States Department of Agriculture (USDA) anunció una nueva "pirámide" o marco de orientación alimentaria para su población.
Como suele ocurrir, este tipo de anuncios rápidamente cruza fronteras y se instala en el debate público local, a veces con la idea implícita de que se trata de un modelo universal, replicable sin mayores ajustes. Sin embargo, esa suposición es profundamente equivocada. Las guías alimentarias -ya sea en forma de pirámides, platos o gráficosno son recetas neutrales ni verdades absolutas.
Son herramientas de salud pública construidas a partir de realidades muy concretas: la epidemiología nutricional de un país, sus patrones culturales de alimentación, la disponibilidad de alimentos, su sistema productivo, su nivel de ingresos y sus principales problemas sanitarios. En otras palabras, responden a contextos locales, no globales. Estados Unidos enfrenta desafíos nutricionales distintos a los nuestros: altas tasas de consumo de alimentos ultraprocesados, porciones sobredimensionadas, desiertos alimentarios urbanos y un sistema agroindustrial altamente concentrado. Chile, y particularmente territorios como Valdivia y el sur del país, tiene otra historia, otros alimentos y otros problemas. Copiar sin reflexión una guía extranjera no solo es inadecuado, sino que puede invisibilizar soluciones que ya tenemos a mano. Nuestra evidencia local es clara en varios puntos clave. Una alimentación saludable debe basarse en el consumo cotidiano de frutas y verduras enteras, aprovechando la diversidad y estacionalidad que ofrece nuestro territorio. Las legumbres -porotos, lentejas, garbanzosdeben volver a ocupar un lugar central, considerándolos como alimentos completos, accesibles y culturalmente propios. Al mismo tiempo, es fundamental reducir el consumo de alimentos refinados y azúcares añadidos, cuyo impacto en la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares está ampliamente documentado. La hidratación, por su parte, debe centrarse en el consumo de agua, no de bebidas azucaradas ni alcohólicas. Y aunque el alcohol forma parte de prácticas sociales arraigadas, su consumo debe ser limitado si realmente aspiramos a una buena salud general y comunitaria. Más que importar pirámides, necesitamos fortalecer nuestras propias guías alimentarias, conectadas con la realidad chilena, con la producción local y con una mirada de salud pública territorial. Autor: Dr. Rubén Castillo Ortega Académico de Nutrición y Dietética de la USS. Columna