Autor: Valentina Orrego Larraín, especialista en género, liderazgo y colaboración
Columnas de Opinión: Todavía estamos a tiempo
Columnas de Opinión: Todavía estamos a tiempo stoy de viaje en España y hay algo que me ha llamado mucho la atención y me ha hecho reflexionar. La forma en que un pequeño café de barrio coexiste al lado de un restauE rante muy fino. Cómo una tienda tradicional, que parece detenida en el tiempo, sigue teniendo un lugar en medio de las nuevas inversiones y "la modernidad". No digo que España sea perfecta. Tampoco creo que acá no existan tensiones, porque las hay. Me refiero a algo muy arraigado: una integración cultural que pareciera entender que el desarrollo no tiene que borrar lo anterior para avanzar. Mientras recorro estas calles, pienso todo el rato en Chile y especialmente en nuestro sur. Y veo un contraste feroz.
Pienso en Puerto Varas o Frutillar y en tantos lugares de nuestra región que están viviendo procesos acelerados de crecimiento: con más inversión, desarrollo del turismo, nuevas propuestas gastronómicas, inmobiliarias y comerciales y muchas personas nuevas. Y me preocupa profundamente el tipo de desarrollo que estamos construyendo. Porque hay una diferencia enorme entre crecer a toda costa y crecer integrando y cuidando. Es muy fácil confundir la modernización con el reemplazo. Como si para avanzar hubiera que ir expulsando lentamente aquello que le dio identidad a nuestras ciudades y territorios. Pienso en lugares emblemáticos de Puerto Varas que ya no están: Casa Belsán o Electro Horn, por nombrar algunos. Pienso en todos esos lugares que no aparecen en revistas de diseño ni en rankings turísticos, pero que son parte de la memoria, el arraigo y la identidad territorial. Las ciudades no se construyen sólo desde lo aspiracional. También se construyen desde lo históricamente compartido. Yo quiero que nuestra región se desarrolle. Quiero oportunidades, movimiento económico. Quiero innovación, inversión y crecimiento. Que lleguen nuevos proyectos, restaurantes, tiendas y oportunidades; pero que eso no desplace todo lo demás. No nos convirtamos lentamente en "cualquier lugar del mundo". Ayudemos a que lo local pueda integrarse a este desarrollo. Cuidemos que sólo ciertos bolsillos puedan habitar, consumir o pertenecer. Cuidemos nuestra diversidad social, la convivencia entre escalas distintas, la humanidad y nuestra identidad territorial.
La pregunta hoy es: ¿ cómo desarrollamos nuestras ciudades sin destruir aquello que las hizo especiales y únicas? Gran parte del valor del sur está en sus ritmos, sus contrastes, sus historias, en la convivencia entre lo pequeño y lo grande, entre lo tradicional y lo nuevo, entre quien llegó hace generaciones y quien acaba de llegar. Todavía estamos a tiempo. No para frenar el desarrollo, sino para cuidar que el desarrollo no arrase con aquello que justamente nos hace únicos. Autor: Valentina Orrego Larraín, especialista en género, liderazgo y colaboración. Columna