Autor: Joe Black
Columnas de Opinión: El pornogate
Columnas de Opinión: El pornogate Advertencia preliminar: esta columna está pensada para mayores de 18 años. Por lo tanto, se solicita a los menores de edad que no sigan leyendo. Y se recomienda a los padres que pongan este texto fuera del alcance de los niños porque hay contenido de alto calibre sexual que puede afectar a personas sensibles. Ahora vamos. Me sorprendió mucho lo acalorada al borde de lo pasional que se puso esta semana la polémica por el festival de cine porno que financió el Gobierno con dinero fiscal. O, mejor dicho, con dinero de los contribuyentes. Es decir, con los impuestos que p a g a m o s a d i a r i o h a s t a cuando compramos un kilo de marraquetas.
Es que yo no sé por qué tanta gente se sorprende tanto con esta relación que ha quedado al desnudo entre la política y la pornografía. ¡Pero si son como primos hermanos! Y más encima envueltos en una relación incestuosa.
Y no lo digo solo al recordar el cierre de la campaña en Valparaíso de quienes querían aprobar una nueva Constitución octubrista y que en un acto de porno-política se sacaron una bandera chilena desde el trasero.
Porque ha habido muuuchos otros actos soeces, impúdicos, indecentes y procaces cometidos por la política. ¿No creen ustedes que, por ejemplo, andar ofreciendo a cada rato retirar los ahorros para la jubilación no es un acto pornográfico? ¿ No es acaso ofertar un momento de placer inmediato, que puede volverse altamente adictivo, y que sin embargo a la larga es inconducente? Quiero aclarar que no tengo nada en contra de que adultos consuman porno. O que consuman tabaco o alcohol. Es verdad que todos esos hábitos pueden terminar en conductas viciosas que dañen la salud física o mental de las personas. Pero los adultos sabrán lo que hacen.
Mi queja es que me parece impropio financiar esos consumos con el dinero de los contribuyentes. ¿Ustedes financiarían una “fumatón” de tabaco o un “festival de la chela”, donde haya cigarros y cervezas gratuitas? ¿ Ustedes regalarían su plata para que califas, fumetas y curagüillas puedan saciar sus ansias? No sé ustedes, pero a mí no me seduce la idea. Al contrario, la encuentro matapasiones. Si quiero ver una porno, fumarme un cigarro o tomarme un copete lo hago con plata de mi bolsillo. No obligaría a las “señoras juanitas” de este país a que con el impuesto que pagan a diario por el kilo de pan me financien mis pasatiempos. Me sentiría un poco sucio. Y es que me carga que los políticos me metan la mano ahí, ahí mismo, haciéndose los lesos en el bolsillo. Para financiar con mi dinero sus sueños erótico-electorales. Para sentir el placer de salir electos, de dejarse abrazar por las multitudes. Me carga que manoseen nuestras necesidades para ganar votos haciendo promesas falsas. Tan falsas como performance de película porno. Pensándolo bien, a ratos creo que la política mal ejercida puede ser más obscena que un filme triple equis. Autor: Joe Black. A ratos creo que la política mal ejercida puede ser más obscena que un filme triple equis. LA COLUMNA DE JOE BLACK