Autor: Gustavo M. Astorquiza
Sin asignar
Sin asignar nicación, otros ritmos, otras maneras de habitar lo cotidiano. Eso implica ceder control. Implica diseñar con, no para. Implica aceptar que no hay una única forma válida de aprender, trabajar o vincularse. Y sí, es más difícil, pero también es más honesto. Quizás este mes no se trate de gestos simbólicos, sino de mirar de frente nuestras propias prácticas. De preguntarnos cuántas decisiones seguimos tomando sin considerar a quienes decimos incluir. Porque la inclusión no se declara. Se construye. Y a veces, lo primero que hay que hacer es dejar de decidir por otros. Planificación · Casi ya un mes del nuevo gobierno, el ciudadano de a pie observa falta de trabajo en equipo de los ministros en la puesta en marcha del plan de desarrollo del país.
Al respecto, vale mencionar una conocida reflexión del presidente Dwight Eisenhower: "En la preparación para la batalla, siempre he encontrado que los planes son inútiles, pero la planificación es indispensable". Dicha cita es aplicable principalmente a la gestión del ministro de Hacienda, quien debe enfrentar problemas externos e internos, dinámicos, en el ejercicio de su cartera. Asimismo, no es menos preocupante la racionalidad escogida en la asignación inicial del presupuesto frente a los grandes desafíos de Chile. Aún es tiempo de enmendar. Entre otras iniciativas, una cuidadosa distribución de Pareto sobre un presupuesto base cero podría contribuir. La verdadera emergencia ·La dolorosa muerte de la inspectora en Calama a manos de un estudiante, nos enfrenta a una realidad que no podemos seguir eludiendo. Más allá de la legítima conmoción, este hecho nos obliga a mirar con honestidad las profundas contradicciones que atraviesan nuestra sociedad. Vivimos en medio de una preocupante inconsistencia entre lo que decimos y lo que hacemos. Condenamos la violencia, pero muchas veces validamos pequeñas formas de engaño cotidiano. Nos escandalizan el narcotráfico y la colusión, pero rara vez formamos a nuestros niños en la valentía de asumir la verdad. Al mismo tiempo, enarbolamos banderas como la inclusión y la libertad de expresión, pero no dudamos en denigrar o ridiculizar a quienes piensan distinto. En este contexto, la tragedia de Calama no puede entenderse como un hecho aislado ni meramente disciplinario. Es, ante todo, la expresión de una crisis ética y cultural. Por ello, la respuesta no puede limitarse a medidas administrativas o punitivas. Chile no puede seguir erosionando la integridad de su convivencia por la ausencia de principios sólidos. No basta con sancionar; es necesario educar. En momentos en que el gobierno ha iniciado su mandato bajo un tono de emergencia, conviene preguntarse si no estamos mirando en la dirección equivocada. La verdadera emergencia es la educación, entendida en su dimensión más profunda: la formación integral del ser humano. La tragedia que hoy lamentamos debe interpelarnos como sociedad entera. Educar en valores no es tarea exclusiva de la escuela, sino un compromiso compartido. Sólo así podremos aspirar a reconstruir la confianza, fortalecer nuestra cultura y avanzar hacia una convivencia más justa y humana.
Monumentos ·Como habitante de provincia, y tras haber observado, desde siempre, violencia desmesurada en la Alameda, creo honestamente que sería tanto sano como justo redistribuir parte de las grandes estatuas de esta avenida -muchas de ellas heredadas de la época del salitreque hoy se acumulan en Vanessa Vega, académica PUCV e investigadora MICARE; Izaskun Álvarez-Aguado, académica UDLA e investigadora MICARE Valentina Velarde Lizama Académica Escuela de Psicología, Universidad Finis Terrae Autor: Gustavo M. Astorquiza. Vanessa Vega, académica PUCV e investigadora MICARE; Izaskun Álvarez-Aguado, académica UDLA e investigadora MICARE Valentina Velarde Lizama Académica Escuela de Psicología, Universidad Finis Terrae