Autor: Por Daniel Matamala
Columnas de Opinión: Gobierno en fuga
Columnas de Opinión: Gobierno en fuga a imagen de la vocera de gobierno escapando rauda por una escalera para evitar responder a la prensa fue pasto de burlas, pero muestra algo más profundo que un momento desafortunado o una gestión comunicacional deficiente: es la imagen de un gobierno incrédulo ante la realidad.
Esta sí que es una zanja: de un lado, la fantasía de conducir con mano firme a un país dócil y agradecido; del otro, la dura realidad de haberse subido arriba de un caballo chúcaro, sin riendas, espuelas y sin la más mínima idea de cómo evitar irse de bruces al suelo. En estos 25 días el gobierno no deja de hacerse zancadillas a sí mismo. Es el gobierno total: hace y deshace, proclama y desmiente, toma medidas y las revierte. Anunció un recorte del 3% al presupuesto de Seguridad, para luego anunciar con bombos y platillos que no habría tal recorte.
Retiró de la Contraloría los decretos sobre la protección de la ranita de Darwin y la descontaminación del lago Villarrica para luego reingresar los decretos sobre la protección de la ranita de Darwin y la descontaminación del lago Villarrica. Retiró el reglamento de la Ley de Adopción y luego retiró el retiro del reglamento de la Ley de Adopción. Cuestionó la ya anunciada candidatura de Chile a los Juegos Olímpicos de la Juventud, y dos días después anunció la candidatura de Chile a los Juegos Olímpicos de la Juventud. Removió a la directora nacional del Sernameg, defendió -en boca del propio Presidentela remoción de la directora nacional del Sernameg, y un par de horas después revirtió la remoción de la directora nacional del Sernameg. Publicó que el Estado de Chile estaba en quiebra, y luego desmintió que el Estado de Chile estuviera en quiebra. Afirmó enfáticamente que Galvarino Apablaza está condenado, para luego afirmar enfáticamente que Galvarino Apablaza no está condenado. La lista es interminable. Y se resume en esa imagen de una vocera huyendo de la prensa, saltando de dos en dos los peldaños de una escalera hacia la salvación. Los primeros 25 días de la presidencia Kast han mostrado la repetición y la profundización de tics que ya vimos en gobiernos anteriores.
Parte de la receta es conocida, y asombra que nuestros políticos no puedan aprender de las desventuras de sus antecesores: tal como Bachelet 2, tal como Piñera 2, tal como Boric, Kast sobreinterpretó su triunfo electoral. En particular, entendió que había recibido un mandato para una agresiva política de shock neoliberal. La crisis del petróleo pareció la oportunidad perfecta para aplicarla: traspasar el costo íntegro al público, culpar al gobierno anterior y hacerlo todo con gesto severo y nula sensibilidad social. Entendió, también, que el 58% había sido un respaldo a su persona, y desdeñó a los partidos para armar un gabinete de leales, muchos de ellos novatos en política e ignorantes en administración pública. Improvisó en puestos críticos, como Seguridad y Vocería, y dio poder político absoluto al ministro de Hacienda con menos experiencia política de la historia reciente de Chile. Entendió, finalmente, a La Moneda como una extensión de la campaña.
Apostó a que los errores pasarían piola detrás de una cortina de humo de polarización, y a que las complejidades de gobernar podían afrontarse con la receta de la campaña: no responder preguntas, esconderse de los temas difíciles y pedir tiempo fuera como lo hizo en los debates de 2025. La realidad es otra. El 58% no votó por la ortodoxia neoliberal. Votó por el anti-Boric, tal como en 2021 votó por el anti-Piñera, y se volvió de inmediato contra el nuevo gobierno.
Mucho menos fue un respaldo a Kast, cuyos atributos personales, como mostraron encuestas esta semana, puntúan más bajo que los de Boric hace cuatro años, y cuyo gobierno, así como cada uno de los ministros, ya recibe nota roja de los encuestados. La manera de implementar el recorte fiscal es paradigmática del amateurismo de estos primeros días.
En campaña, Kast y Quiroz prometieron cuadrar un círculo: equilibrar el Presupuesto y cortar 6.000 millones de dólares de gasto público, sin tocar ningún beneficio social, aumentando el gasto en áreas como seguridad, y reduciendo agresivamente, al mismo tiempo, los impuestos a las empresas y a los más ricos. Se negaron a explicar cómo lo harían. Todos los economistas serios del país advirtieron, a coro, que era imposible. Así llegó el 11 de marzo. Y en vez de sacar las cuentas en serio y sincerar lo que no podría hacerse, Quiroz intentó escapar hacia adelante, y simular que su círculo de fantasía sí podría cuadrarse en la realidad. Le pasó el muerto a cada ministerio: ordenó un corte parejo de 3% a cada uno.
La ministra de Seguridad no se atrevió a decirle que no y, como una subordinada temerosa de ser reconvenida por su jefe, hizo la tarea: le pegó un sablazo a fondos como la compra de vehículos para Carabineros y el Plan Nacional contra el Crimen Organizado.
El gobierno anunció los recortes, los defendió ante el Congreso y pasó una semana aferrado a algo que no tenía pies ni cabeza: era evidente que el "gobierno de emergencia" en seguridad no podía debutar desfinanciando a Carabineros.
Una semana después echaron pie atrás y, para más inri, lo hicieron con una puesta en escena ridícula: la ministra saliendo de una reunión para anunciar como un gran logro que el gobierno de Kast había revertido el recorte ordenado por el gobierno de Kast.
Tenemos un gobierno con una ministra de Seguridad insegura de cuál es su trabajo; una vocera que no habla; una secretaría de Comunicaciones que en vez de comunicar, desinforma; un ministro de Hacienda que ronca como monarca absoluto, y una dupla Interior-Segpres que no manda, sino que se limita a tratar de arreglar los estropicios que dejan todos los anteriores. No es un problema cosmético, sino de diseño. Sobran dogmas y falta realidad. Sobran consignas y faltan números. Sobran corbatas y faltan bototos. Aunque sea 25 días tarde, el gobierno debe comenzar a gobernar. Y eso significa gobernar el Chile que realmente existe, no el que sueñan en las oficinas del Segundo Piso y la Secom. Esta ya no es una campaña en que basta repetir consignas fantasiosas y aguantar hasta ser salvado por la campana. El gobierno no tiene hacia dónde escapar. Lleva 25 días y le faltan 1.436. No hay escape al final de esa escalera. Es hora de dejar de fugarse de la realidad. Autor: Por Daniel Matamala.