Autor: Benjamín González, emprendedor y consultor medioambiental
Columnas de Opinión: Toneladas, no declaraciones
Columnas de Opinión: Toneladas, no declaraciones E I reciente cambio de mando en la industria del salmón, con la llegada de Patricio Melero a la presidencia de SalmonChile, abre una oportunidad que va mucho más allá de lo gremial. No es solo un relevo institucional. Es una señal. Si los ejes de esta nueva gestión apuntan a fortalecer competitividad, reputación y diálogo público-privado, entonces la sostenibilidad debe ser la columna vertebral. Y cuando hablamos de sostenibilidad, no hablamos de declaraciones. Hablamos de gestión concreta. De toneladas. De trazabilidad real. De decisiones incómodas. La salmonicultura chilena ha avanzado muchísimo. Pero todavía tenemos una conversación pendiente: los residuos. No como externalidad operativa, sino como responsabilidad estratégica. Una iniciativa simple, pero transformadora podría ser: una Mesa de Residuos sectorial, técnica y ejecutiva. No para volver a diagnosticar lo que ya sabemos, sino para revisar concretamente tipologías de residuos, procesos de disposición y brechas regulatorias. Para mirar de frente prácticas que aún existen, como los remates al mejor postor, donde el criterio es precio y no destino final. Porque el certificado de destino o disposición no es sinónimo de solución ambientalmente eficiente. Conformarse con el "papel" es una comodidad peligrosa. La industria debe hacerse responsable efectivamente del destino final de cada flujo: que llegue a proveedores adecuados, formales, auditables, que realmente valoricen o dispongan conforme a normativa. No basta con transferir la carga moral y legal. Hay que acompañar el proceso hasta el último eslabón. Eliminar los remates de residuos no es una utopía. Es una señal de madurez y una necesidad ambiental. Priorizar proveedores que demuestren capacidades técnicas, trazabilidad y cumplimiento efectivo debería ser parte de los KPI de compras y no solo declaración de intenciones. La economía circular no se construye con el menor precio, sino con el mejor impacto. Y hay otro punto clave: la regulación de residuos peligrosos. Hoy existen barreras económicas y asimetrías que dificultan que la industria valorizadora compita en condiciones justas. Si queremos que más materiales se valoricen en Chile y no terminen en disposición final o informalidad, debemos revisar incentivos, costos de cumplimiento y mecanismos que hagan viable esa transición. La nueva presidencia tiene la oportunidad de consolidar la licencia social de la salmonicultura no solo por producción responsable, sino por gestión integral de sus externalidades. Eso exige cooperación real entre empresas, valorizadores, autoridades y centros tecnológicos. La Patagonia nos ha enseñado algo: todo está conectado. El mar, la comunidad, la cadena de suministro y el destino final de un residuo.
Esta nueva etapa puede dejar una gran huella en el desarrollo de la industria, que sea en toneladas bien gestionadas, en trazabilidad transparente, en gestión sostenible real y en una industria que no se conforme con un certificado, sino que se hace cargo hasta el final. Ahí empieza la verdadera sostenibilidad. Autor: Benjamín González, emprendedor y consultor medioambiental. Columna