Autor: Faride Rendich/ Udla
Cartas: Vacaciones que educan
Cartas: Vacaciones que educan Señora Directora: Cuando pensamos en las vacaciones de verano para niños y niñas, suele aparecer de inmediato la idea del gasto: viajes, panoramas pagados, entradas o actividades "especiales". Sin embargo, esta asociación es engañosa, porque invisibiliza algo central para el desarrollo infantil: las experiencias que más educan no siempre cuestan dinero. Los niños y niñas son aprendices novatos de un mundo que aún están intentando comprender. Para interpretarlo, necesitan experiencias concretas, diversas y situadas. Cada vivencia nueva -aunque sea cotidiana para nosotros, los adultosamplía su repertorio de referencias y les permite hacer preguntas, establecer comparaciones y construir significado.
Salir a conocer un barrio cívico, caminar por el centro de la ciudad y observar los edificios públicos, visitar la Quinta Normal, entrar a una biblioteca, recorrer un museo gratuito, tomar el metro por primera vez o simplemente entender cómo funciona el transporte público, son experiencias profundamente formativas. No solo entregan información: hacen la realidad tangible. Permiten que conceptos abstractos, como ciudad, Estado, trabajo, convivencia o espacio público, se encarnen en vivencias reales. Desde una perspectiva educativa, aprender no es acumular información, sino construir interpretaciones cada vez más complejas de la realidad. Para eso, las vacaciones ofrecen un tiempo privilegiado: menos apuro y horarios rígidos, y más espacio para observar, preguntar y conversar. El aprendizaje ocurre en el trayecto, en la experiencia compartida y en la mediación posterior. Autor: Faride Rendich/ Udla.