Autor: OPLAVONITSED
LA NUEVA JOYITA DE VALPARAÍSO
LA NUEVA JOYITA DE VALPARAÍSO. WAVLATNOMNAITSABES SIEMPRE HABRÁ BUENAS RAZONES PARA VOLVER AL PUERTO. LA MÁS NUEVA ES EL MUSEO DEL INMIGRANTE, QUE SORPRENDE CON UNA EXPOSICIÓN MODERNA E INTERACTIVA QUE RINDE HOMENAJE ALA ÉPOCA DORADA DE LA CIUDAD Y A LAS CULTURAS QUE FORJARON SU HISTORIA. POR Sebastián Montalva Wainer, DESDE LA REGIÓN DE VALPARAÍSO.
OPLAVONITSED “Todo tiempo pasado fue mejor”, dice el antiguo refrán, y no resulta difícil aplicar esa frase a Valparaíso, la “joya del Pacífico”, como le llaman o llamaban los marinos, según el vals compuesto en 1941por los chilenos Víctor Acosta y Lázaro Salgado, y que popularizó la voz del peruano Lucho Barrios.
Más aun cuando uno se adentra en el flamante Museo del Inmigrante, que abrió en agosto del año pasado en el cerro Concepción, y donde uno, a poco andar, puede ver y entender el esplendor de esta ciudad, cuando fue el principal puerto del Pacífico sur y escala obligada de los navíos que cruzaban el Cabo de Hornos, porque aún no se había construido el Canal de Panamá.
Justamente, el museo rinde culto a la época más gloriosa de esta ciudad, que comenzó a forjarse a mediados del siglo XIX, cuando ingleses, italianos, alemanes, árabes, españoles y franceses llegaron al puerto “con sus sueños, oficios y culturas en la maleta”, como dice la descripción oficial del recinto, y convirtieron a esta ciudad en un destino vibrante y cosmopolita.
Construido sobre las instalaciones del antiguo Colegio Alemán de Valparaíso, que fue declarado Monumento Nacional en 2015, el Museo del Inmigrante ya es todo un hito turístico: solo en el primer trimestre desde su apertura recibió alrededor de 100 mil visitantes.
Detrás del proyecto está el empresario Eduardo Dib Maluk, dueño de la conocida tienda Dib Carpet & Home, dedicada a la venta de alfombras y productos para el hogar, que también proviene de una familia de inmigrantes. En este caso, de origen sirio-libanés.
El museo se puede recorrer con audioguías, pero la información no está tratada precisamente como una descripción típica de cada muestra, sino que también incluye testimonios en primera persona que cuentan, por ejemplo, la experiencia de cruzar el Cabo de Hornos, o la de llegar al efervescentepuerto de Valparaíso, lo que sitúaa los visitantes en la emoción de la historia.
Después de esta primera sala, que trata sobre la travesía y el cruce del mundo, lo que sigue son diversos espacios que cuentan la historia del puerto, con cientos de objetos de época, recreaciones de antiguas pulperías, de casas inglesas, italianas o francesas, ytambién algunos videos realizados con inteligencia artificial a partir de fotos históricas: algunos están tan bien hechos que parecen películas grabadas a mediados del siglo XIX. Uno de los lugares más particulares es la antigua sala de bolos del ex Colegio Alemán, que era casi un mito: solo podía ser visitada por algunos miembros de esta comunidad. La gracia es que su sistema era operado manualmente y eso todavía sigue funcionando: de hecho, la sala cuenta con la implementación original, con bolos, palitroques y pisos de madera.
El recorrido, que si se hace con calma puede durar hasta dos horas, va subiendo en altura hasta llegar a un piso donde se tiene una hermosa vista en 360 grados de la bahía de Valparaíso y los cerros, donde uno puede identificar los principales edificios históricos del puerto, que están indicados en unos paneles fotográficos. Y al final aparece el teatro o Gran Salón del colegio, una joyita arquitectónica que preserva molduras, ventanales, lámparas y escudos originales que representan a distintas regiones de Alemania.
Quizás el video del baile con figuras digitales que se muestra en su interior resulta un poco largo, pero hasta ahí la cantidad de información y el cuidado diseño e iluminación de toda la muestra museográfica ha sido tan contundente que eso termina siendo solo un detalle.
Por cierto, el Museo del Inmigrante es solo la guinda de una torta mayor, que es la plaza de 800 metros cuadrados el antiguo patio del colegio, ahora abierto a todo público donde se han realizado actividades culturales como conciertos de música clásica omuestras de teatro, y que además cuenta con tiendas de diseño, una librería, restaurantes y bares como Jardín Cervecero, que tiene dos espacios muy agradables para quedarse un buen rato: uno con mesitas de madera al aire libre, bajo los árboles, y otro cerrado con una MÁS INFORMACIÓN: gran barra y ventanales.
La carta incluye pizzas, sándwiches y algunos El Museo del Inmigrante abre de platos con productos del mar, pero lo principal está en su variedad de martes a domingo, de 10:00 a 19:00 cervezas artesanales, con alternativas que llegan fresquitas a la mesa. Como debe ser. Dhoras. Entradas en DestinoValpo. cl Autor: OPLAVONITSED. DIARIO DE VIAJES El patio del colegio, ahora abierto. Palitroques de madera, sala de bolos. Recreación de una pulpería. El museo se diseñó en tres años.