Autor: Alejandro Arros Aravena Doctor en Educación, Académico Departamento de Comunicación Visual UBB
Cuando las palabras no alcanzan, señales para un mundo común.
Cuando las palabras no alcanzan, señales para un mundo común. U n hombre o mujer corriendo hacia una puerta, una llama dentro de un triángulo, una mano que empuja un botón, una copa frágil dibujada en una caja. Están en hospitales, autobuses, ascensores, envases, aeropuertos, baños y mapas de evacuación. Las miramos con la rapidez de quien cree entender, pero esa confianza también puede ser una trampa. El pictograma promete claridad, aunque no siempre la cumple. A veces abre una puerta luminosa para quien no domina el idioma escrito y otras veces levanta un muro silencioso para quien no comparte la misma cultura visual. Otto Neurath comprendió tempranamente que la modernidad necesitaba una lengua capaz de cruzar fronteras sin pedir pasaporte verbal. En International Picture Language, publicado en 1936, propuso el sistema ISOTYPE como una forma de educación para el ojo. Su idea no era sustituir todos los idiomas, ni transformar el mundo en una historieta universal, sino construir reglas para que ciertas informaciones públicas pudieran hacerse visibles con economía, repetición y orden. Allí aparece una sentencia todavía vibrante, las palabras dividen, las imágenes conectan. La frase es hermosa, pero conviene leerla con cuidado, como al levantar una taza muy caliente a punto de derramar. Las imágenes conectan cuando han sido diseñadas, probadas y situadas; De lo contrario, solo cambia la confusión de ropa. La gran promesa del pictograma consiste en aliviar el peso del texto.
Para una persona migrante, para un turista perdido, para un niño que aún no lee, para un adulto mayor cansado frente a una señal pequeña, para alguien que debe decidir durante un incendio o un terremoto, la imagen puede actuar como una mano en el hombro. Dice por aquí, no toque, espere, evacue, peligro. En ese instante no hay tiempo para la literatura, ni siquiera para la buena literatura. Hay que comprender, moverse, protegerse. El pictograma, cuando funciona, es una forma mínima de hospitalidad. Sin embargo, la imagen no es inocente. Ningún icono nace completamente transparente. El dibujo de un teléfono antiguo no puede decir nada a quien solo tiene pantallas táctiles conocidas. Una cruz puede significar salud, religión, suma, prohibición o ayuda, según color, contexto y memoria. Una figura humana con falda todavía arrastra convenciones de género que muchas veces envejecen mal, como ciertos muebles de oficina abandonados al sol. Incluso las flechas, que parecen obedecer a una geometría elemental, dependiendo de dirección, emplazamiento y secuencia. La lectura visual también se aprende, aunque la escuela pocas veces la trata con la misma dignidad que la lectura alfabética. Como toda lengua, requiere contexto, memoria y escucha; de lo contrario, el signo se convierte en adorno burocrático, un pequeño jeroglífico clavado en la pared, esperando que alguien finja comprenderlo, sin culpa ni manual previo. Por eso los pictogramas son un campo ético, no solo gráfico. Reducir una situación compleja a pocos trazos exige decidir qué se conserva y qué se sacrifica. La síntesis puede iluminar, pero también empobrecer. Puede incluir, pero también excluir. Puede salvar tiempo, pero también producir obediencias equivocadas. Allí el diseño deja de ser ornamento y se vuelve responsabilidad pública. Una mala señalética en un museo incomoda; una mala señalética en una emergencia puede desorientar cuerpos reales, con miedo real, bajo humo real. En Chile, este problema ha encontrado investigaciones especialmente valiosas.
Desde la Universidad del Bío Bío, el doctor César Sagredo ha trabajado la síntesis gráfica en la infografía y la comunicación de riesgo, observando cómo la claridad de un mensaje depende de sus niveles de iconicidad, de su función semántica y de la forma en que las personas interpretan una representación visual. Su enfoque recuerda que diseñar para el riesgo no consiste en dibujar bonito, sino en reducir la ambigüedad sin matar el sentido. La imagen preventiva debe ser sobria, pero no muda; sencillo, pero no pobre; rápido, pero no precipitado. Desde la Pontificia Universidad Católica de Chile, Rodrigo Ramírez ha desarrollado un aporte decisivo con Guemil, sistema de pictogramas para emergencias, abierto, adaptable y pensado para comunicar antes, durante y después de situaciones críticas. Guemil entiende que la emergencia no ocurre solo en el instante del desastre, sino también en la preparación y en la recuperación. Sus símbolos buscan viajar por mapas, señaléticas, plataformas digitales y materiales educativos, como semillas negras sobre papel claro. En ellos hay una lección profunda, la universalidad no se decreta, se ensaya. Un pictograma debe conversar con públicos distintos, equivocarse en pruebas, corregirse, volver a mirar. La dificultad de leer imágenes no debería avergonzarnos. Al contrario, deberíamos recordarnos que la visualidad es una alfabetización pendiente. Hemos enseñado durante siglos a juntar letras, pero no siempre a sospechar de una flecha, comparar un ícono, distinguir un símbolo, preguntar quién fue dejado fuera del sistema. En un mundo saturado de interfaces, la ciudadanía también se juega en esa pequeña gramática de botones, señales y advertencias. Allí donde el texto no alcanza a ser leído la imagen es un puente. Donde la imagen se crea suficiente, el texto puede ser de apoyo. La accesibilidad verdadera no elige entre palabra y figura, las hace cooperar. El futuro de la comunicación pública puede que no esté en multiplicar mensajes a priori, sino en volverlos más legibles. Menos ruido, más criterio. Menos decoración, más prueba con personas. Menos confianza en el supuesto ojo universal, más atención a los ojos concretos, situados, cansados, curiosos; en definitiva, distintos. Neurath soñó una lengua internacional de imágenes para educar la mirada común. Hoy, investigadores y diseñadores como Sagredo y Ramírez muestran que ese sueño no ha terminado, solo cambió de soporte. Sigue respirando en una señal de evacuación, en un mapa de riesgo, en un pictograma que un niño comprende antes que una frase. La imagen, cuando está bien pensada, no reemplaza al lenguaje. Lo acompaña como una lámpara pequeña en mitad del pasillo, esa luz suficiente que no explica el mundo entero, pero ayuda a encontrar la salida. La dificultad de leer imágenes no debería avergonzarnos. Al contrario, deberíamos recordarnos que la visualidad es una alfabetización pendiente. Hemos enseñado durante siglos a juntar letras, pero no siempre a sospechar de una flecha, comparar un ícono, distinguir un símbolo, preguntar quién fue dejado fuera del sistema. En un mundo saturado de interfaces, la ciudadanía también se juega en esa pequeña gramática de botones, señales y advertencias. Allí donde el texto no alcanza a ser leído la imagen es un puente. Donde la imagen se crea suficiente, el texto puede ser de apoyo. La accesibilidad verdadera no elige entre palabra y figura, las hace cooperar. El futuro de la comunicación pública puede que no esté en multiplicar mensajes a priori, sino en volverlos más legibles. Menos ruido, más criterio. Autor: Alejandro Arros Aravena Doctor en Educación, Académico Departamento de Comunicación Visual UBB. La dificultad de leer imágenes no debería avergonzarnos. Al contrario, deberíamos recordarnos que la visualidad es una alfabetización pendiente. Hemos enseñado durante siglos a juntar letras, pero no siempre a sospechar de una flecha, comparar un ícono, distinguir un símbolo, preguntar quién fue dejado fuera del sistema. En un mundo saturado de interfaces, la ciudadanía también se juega en esa pequeña gramática de botones, señales y advertencias. Allí donde el texto no alcanza a ser leído la imagen es un puente. Donde la imagen se crea suficiente, el texto puede ser de apoyo. La accesibilidad verdadera no elige entre palabra y figura, las hace cooperar. El futuro de la comunicación pública puede que no esté en multiplicar mensajes a priori, sino en volverlos más legibles. Menos ruido, más criterio.