Columnas de Opinión: IA y Educación Superior: de la estrategia a la implementación
Columnas de Opinión: IA y Educación Superior: de la estrategia a la implementación La inteligencia artificial (IA) dejó de ser una dejó de ser una promesa lejana para convertirse en una herramienta concreta de apoyo educativo. En educación superior, su valor no está en reemplazar a los docentes, sino en ayudar a estudiantes y profesores a aprender y enseñar mejor. Puede reforzar contenidos, ordenar hábitos, detectar dificultades y adaptar ejercicios a cada estudiante.
Este potencial es especialmente relevante en la formación técnico profesional, donde cerca del 30% de los estudiantes no permanece en la misma institución al segundo año, proporción muy superior a la observada en universidades (SIES, 2025). Bien utilizada, la IA puede anticipar rezagos, activar apoyos oportunos y liberar tiempo docente al automatizar tareas administrativas La evidencia internacional muestra que la IA genera mayor valor cuando se integra como apoyo pedagógico. Los beneficios son claros: mayor personalización, mejor accesibilidad y más tiempo para enseñar. Pero también existen riesgos: errores de información, sesgos algorítmicos, dependencia tecnológica y nuevas brechas entre quienes acceden y quienes quedan rezagados. Chile llega a esta discusión con avances relevantes: cuenta con una Política Nacional de Inteligencia Artificial y con iniciativas impulsadas por el Ministerio de Educación, CENIA y diversas instituciones de educación superior. Sin embargo, las diferencias siguen siendo significativas, especialmente en la educación técnico profesional, que en 2025 reunía a más de 595 mil estudiantes de pregrado, cerca del 45% del sistema. Persisten brechas de conectividad, infraestructura y capacidades digitales, sobre todo en sectores vulnerables. Mientras algunas instituciones ya experimentan con tutores inteligentes y herramientas avanzadas, otras aún enfrentan dificultades básicas de digitalización. A ello se suma la falta de estándares compartidos para medir impacto, formar docentes, proteger datos y validar contenidos. Por eso, la respuesta no puede limitarse a incorporar nuevas tecnologías de manera aislada. El desafío es avanzar hacia una implementación coordinada, con criterios comunes para evaluar efectos en aprendizaje y empleabilidad, programas conjuntos de formación docente y reglas claras sobre uso ético, transparencia y protección de datos. El objetivo debe ser que la IA reduzca brechas entre instituciones, en lugar de profundizarlas. La IA puede ampliar oportunidades y mejorar la calidad de la educación superior. Pero eso solo ocurrirá si se implementa con foco pedagógico, acompañamiento docente y una estrategia orientada a reducir brechas de acceso, capacidades e infraestructura. Más que una discusión tecnológica, el mayor desafío para Chile es asegurar que esta transformación beneficie a todo el sistema educativo. FEDERICO CASANELLO FRISIUS Rector Instituto Profesional San Sebastián.