Autor: Patricio Segura Ortiz
Columnas de Opinión: La arriesgada apuesta por la monoproducción salmonera
Columnas de Opinión: La arriesgada apuesta por la monoproducción salmonera Periodista psegura@gmail.com Una alegoría no muy de moda en los últimos años apunta a que no es inteligente poner todos los huevos en una misma canasta. Una máxima aplicable a muchos aspectos de la vida, la personal y social: que las familias dependan de un solo ingreso, una matriz energética basada sólo en una fuente. Incluso lo dicen las AFP, adalides del sistema, cuando sugieren distribuir las cotizaciones entre distintos fondos. Este mensaje cobra mayor fuerza en momentos en que la incertidumbre campea. Que es el escenario actual, donde lo impredecible es norma. Sea por las decisiones políticas, arancelarias y militares adoptadas a nivel global, lideradas hoy por Estados Unidos, Israel y Rusia, como por la crisis climática, que lo que menos da son certezas. La economía no es ajena a este axioma. Una de las mejores formas de adaptarse al desorden global es la diversificación en distintos niveles. Sin embargo, a pesar de la evidencia, existen sectores empeñados en lo contrario: la concentración. O, mejor dicho, el monopolio productivo. La industria del salmón en el sur de Chile es, hoy, el mejor ejemplo. Más allá de sus impactos ambientales, profusamente documentados, en alianza con tomadores de decisión continúa incentivando un abrupto crecimiento. Como un pulpo acaparador, como una piraña que todo lo devora.
Sus representantes han señalado que podrían duplicar la producción en una década, a lo cual el futuro gobierno de José Antonio Kast y los gobiernos regionales del sur se han sumado, apostando por teñir completamente Chiloé y la Patagonia de naranja. "Podemos ser la primera potencia mundial de exportación de salmón", ha dicho el Presidente electo a los cuatro vientos. Da lo mismo a qué costo, se lee como un subtítulo. En una modernidad que ve el crecimiento desbocado como una virtud (y no como una patología, como ocurre en biología y en la naturaleza) estas palabras son esperanzadoras. Pero en un sistema social que planifica y se proyecta, son una línea roja. Las economías monoproductoras son altamente vulnerables. Así lo han demostrado las varias crisis del sector.
La del virus ISA entre 2007 y 2010, producto del hacinamiento y sobreproducción, impactó fuertemente a las familias del sur por la masiva quiebra de empresas y cierre de plantas: más de 15 mil empleos perdidos. La caída en un 50 % de las operaciones caló hondo. Además de requerir cambios normativos estructurales, empujó al Estado a concurrir a su salvataje como garante de los créditos para la recuperación.
Luego vino la del año 2016, conocida como el "Mayo Chilote" por las protestas de las comunidades de la isla por la grave crisis socioambiental y económica que generó el aumento de la marea roja y el vertimiento masivo de salmones descompuestos por las empresas. Eso, por nombrar sólo algunas de las crisis. Claramente, no es la mejor política pública apostar todas las fichas a un sector altamente dependiente de la naturaleza y las condiciones climáticas. Y más aún con prácticas irregulares y en algunos casos ilícitas, como ha informado la prensa y ha sido constatado por los tribunales de justicia y los organismos fiscalizadores. Y qué decir del poder que concentra, afectando -por la falta de contrapesosla democracia interna de un territorio.
Es la otra forma de pensar el desarrollo regional, que el sentido común de los ayseninos lo tiene claro: según el Informe del Barómetro Regional Aysén 2024 "Chile visto desde sus regiones", elaborado por la Universidad de Aysén, la población ubica a la industria del salmón en un magro séptimo lugar de valoración al pensar en el futuro. Lo peor que le podría pasar a Aysén es que llegue el día en que si estornuda un salmón caiga en cama toda la región. Porque diversificar en el mundo actual no es una opción, es una necesidad. Autor: Patricio Segura Ortiz. Opinión