Autor: José Pedro Hernández, historiador y académico de la Universidad de Las Américas
Cartas: El francés "rey de la Araucania"
Cartas: El francés "rey de la Araucania" ·Si alguien nos contara que el pueblo mapuche tuvo un rey, probablemente levantaríamos una ceja.
Si además nos dijeran que ese rey fue un abogado francés, que se coronó a sí mismo, redactó una constitución, creó una bandera y soñó con un ejército propio, lo más seguro es que pensaríamos en una exageración histórica o en una novela de ficción. Sin embargo, la historia de Oréllie Antoine de Tounens existe, y ocurrió no hace tanto, en 1860, en plena Araucanía. De Tounens era un abogado francés marcado por el espíritu romántico de su tiempo, una época fascinada por las aventuras lejanas, la expansión territorial y los relatos épicos.
Leyó La Araucana, escuchó crónicas de exploradores y terminó convencido de una idea tan audaz como improbable, que el pueblo mapuche, al no haber reconocido nunca dominio externo, ni español ni chileno, constituía una nación libre, capaz de darse su propio Estado y elegir a su gobernante. Y ese gobernante, por supuesto, sería él. Sin hablar español llegó a Chile y se internó en el sur con la ayuda de guías. Aprendió la lengua mapuche, conoció su cultura y se reunió con distintos loncos. Algunos lo escucharon con interés, más por verlo como un posible aliado internacional que por una adhesión real a su proyecto. Otros, simplemente, lo toleraron. Nunca hubo un reconocimiento pleno ni un apoyo unánime, pero a De Tounens le bastó para dar el siguiente paso. En noviembre de 1860 proclamó el Reino de la Araucanía y la Patagonia. Un mes después, envió decretos al presidente Manuel Montt y a los diarios de Santiago anunciando oficialmente su coronación. Fue, quizás, el gesto más ingenuo de toda esta historia. El sueño chocó de frente con la realidad del Estado chileno; fue capturado en enero de 1862, juzgado como farsante y declarado loco. El destino parecía ser el manicomio, pero la intervención del cónsul francés evitó el encierro y facilitó su regreso a Francia, con la condición expresa de no volver. Condición que, fiel a su carácter, incumplió. Regresó tres veces más y las tres fue deportado.
Murió en 1878, lejos del reino que imaginó, aunque no del todo derrotado, en su lápida se lee "Aquí descansa Antoine Orllie de Tounens, primer Rey de la Araucanía y la Patagonia". Más que un título real, es el epitafio de una obsesión. Su historia puede parecer anecdótica, incluso pintoresca. Pero no es inocua. Paradójicamente, la aventura de este "rey improbable", algunos historiadores plantean que contribuyó a acelerar el proceso de ocupación y control del estado chileno sobre la Araucanía. A veces, los episodios más extravagantes terminan dejando huellas reales en la historia. Y esta, sin duda, fue una de ellas. Autor: José Pedro Hernández, historiador y académico de la Universidad de Las Américas.