HEIDI KLUM ENVEJECER en PÚBLICO
HEIDI KLUM ENVEJECER en PÚBLICO y el derecho de ENVEJECER en PÚBLICO LA RESPUESTA DE LA SUPERMODELO ANTE LOS COMENTARIOS SOBRE SU APARIENCIA EN VENECIA EXPONE LA PERSISTENCIA DE UN ESTÁNDAR ESTÉTICO QUE SIGUE PENALIZANDO LA MADUREZ FEMENINA. AL MENCIONAR LA MENOPAUSIA, DESPLAZÓ LA CONVERSACIÓN DESDE LA APARIENCIA HACIA UNA REALIDAD BIOLÓGICA QUE LA INDUSTRIA DE LA MODA RARA VEZ NOMBRA. POR ROMMY BUCHHOLZ S. O z D ¡ i 1 1 ¡ A. HEIDI KLUM ENVEJECER en PÚBLICO EL FESTIVAL DE CINE DE VENECIA SUELE SER UNO DE LOS ESCENARIOS MÁS VISIBLES DEL GLAMOUR CINEMATOGRÁFICO. EN SU ÚLTIMA EDICIÓN, una imagen de Heidi Klum, de 52 años, abrió una discusión poco habitual en torno al envejecimiento femenino en la esfera pública. La supermodelo alemana, ícono de una generación marcada por estándares de perfección estética, caminó con un vestido lencero rosa empolvado de lntimissimi que delineaba delineaba su figura. La reacción en redes sociales fue inmediata: algunos usuarios especularon sobre un posible embarazo, mientras que otros la calificaron de “ridícula” o “vieja” por no exhibir un vientre completamente plano. La respuesta de la modelo llegó meses después en la docuserie Qn & 0ff the Catwalk, estrenada a fines de febrero de 2026. “No estoy embarazada. Solo estoy un poco más gorda. Es la menopausia”, dijo, introduciendo introduciendo en la conversación pública una palabra que rara vez aparece en el léxico de la alfombra roja.
LA CONSTRUCCIÓN DEL CUERPO BAJO SOSPECHA Lo que para algunos comentarios en línea fue interpretado como un “descuido” de su estilista, responde, según la historiadora y escritora María José Cumplido, a un patrón cultural más amplio. Y es que la visibilidad femenina siempre ha estado condicionada por una balanza persistente: si no eres joven, eres invisible o, peor aún, sospechosa. “El cuerpo femenino ha sido constantemente vigilado y, al mismo tiempo, invisibilizado, dependiendo de qué tipo de cuerpo es.
En la historia cultural de occidente aparece con mucha claridad una jerarquía entre cuerpos femeninos: el cuerpo joven, fértil y bello es celebrado; el cuerpo que envejece es sospechoso, grotesco o irrelevante”. Esta jerarquía no es una invención de los algoritmos contemporáneos, sino una narrativa que atraviesa siglos de cultura visual y literaria.
La también directora ejecutiva de Iguales Chile lo ilustra con Las metamorfosis, el poema poema del poeta romano Ovidio, donde la juventud femenina suele aparecer como objeto de deseo, mientras el paso del tiempo se representa a través de transformaciones o desapariciones simbólicas. En la tradición cultural europea, añade, esta lógica también se proyectó sobre figuras como la “vetula”, la mujer vieja asociada a la fealdad o incluso a la brujería. “No es casual que durante la caza de brujas europea entre los siglos XV y XVII, muchas acusadas fueran mujeres mayores, viudas o solas. Mujeres de por sí sospechosas. sospechosas. El cuerpo femenino que ya no servía para la reproducción reproducción se transformaba casi inmediatamente en una especie de enemigo”. Ese mismo cuerpo, al mismo tiempo, fue borrado de la representación cultural. “Si uno revisa la historia del arte, vemos una obsesión con el desnudo femenino joven. La vejez femenina casi no aparece. Cuando aparece, suele ser como advertencia moral o como contraste grotesco con la belleza juvenil”, asegura Cumplido.
Lo vemos al contrastar la Gran Odalisca (1814) de Ingres, cuya anatomía se deforma para idealizar la juventud, frente a la anciana de Las tres edades (1905) de Klimt, que se oculta el rostro como una figura de vergüenza y decadencia. EL FIN DEL GRAN SECRETO Este ocultamiento visual en el lienzo tiene su correlato en el silencio sobre los procesos del cuerpo. Históricamente, la menopausia fue tratada como un estigma o una “crisis patológica” bajo la medicina del siglo XIX. Para Cumplido, nombrarla hoy sin eufemismos rompe una cronología de ocultamiento: “La menopausia siempre ha sido un secreto. Hace muy poco empezamos a hablar de esto con soltura. Y nombrarla en medios masivos quiebra un silencio de siglos. Deja de ser un castigo para entenderse como una experiencia biológica universal que no debería avergonzarnos”. El rechazo a esta transición biológica tiene raíces en la asociación histórica entre feminidad y juventud. Citando a Simone de Beauvoir, la historiadora de la Universidad Católica de Chile explica que la modernidad suele omitir la vejez como si fuera un error: “Se ha preferido no mirar la madurez.
Al mencionar la menopausia en una alfombra roja, se interrumpe la idea de que el valor femenino está ligado solo a la etapa fértil, exponiendo una realidad biológica que la industria simplemente elige no mostrar”. LA TRAMPA DE LA MADUREZ “PERFECTA” Esta persistencia tiene raíces profundas en la modernidad. Según explica Cumplido, fue en el siglo XIX, con el auge de la burguesía, cuando se fijó la imagen de la mujer joven como el centro absoluto del destino social.
“En gran parte de la tradición occidental, el valor social de las mujeres se vinculó a tres elementos: belleza, fertilidad y matrimonio”. La idea tiene antecedentes más antiguos: “En la Grecia clásica, Aristóteles consideraba que la mujer. HEIDI KLUM ENVEJECER en PÚBLICO alcanzaba su plenitud a través de la reproducción”. Con la modernidad, sin embargo, esa asociación adquirió una escala cultural más amplia. “Basta leer las novelas novelas románticas del siglo XIX: la juventud femenina es el momento decisivo del destino social. Después del matrimonio, o después de cierta edad, la mujer pasa a otro lugar narrativo”. Esta marginación se sofisticó con la llegada de las pantallas. Según Cumplido, “la cultura visual moderna, la fotografía, el cine, la publicidad, reforzó aún más esta asociación. El star system de Hollywood en el siglo XX convirtió la juventud femenina en un valor casi absoluto.
Y esa lógica se reprodujo durante décadas en la industria cultural; y probablemente seguimos en ese espacio”. Esta herencia visual ha moldeado no solo lo que deseamos deseamos ser, sino también lo que nos exigimos evitar a medida medida que pasan los años.
En ese contexto, la presión por mantener una apariencia asociada a la juventud convive con la expectativa de proyectar una madurez “impecable”. “impecable”. Los cambios metabólicos propios de la edad, como el aumento del diámetro abdominal, suelen convertirse en objeto de escrutinio público bajo una lupa que castiga cualquier desviación de ese estándar cinematográfico. LA ASIMETRíA DEL TIEMPO Este juicio sobre la anatomía femenina se vuelve evidente al analizar las figuras públicas.
El escrutinio sobre el cuerpo cuerpo de Klum encuentra pocos equivalentes en sus pares masculinos: mientras el envejecimiento del hombre suele asociarse a la autoridad, en la mujer se narra como una pérdida de valor social. Para Cumplido, el problema no reside en el declive físico, sino en la jerarquía simbólica que aparta a la mujer de la sociedad. “No hay una decadencia decadencia de la mente, sino un apartamiento”, explica, sugiriendo sugiriendo que el desafío no es normativo, sino una revisión del repertorio cultural con el que habitamos la madurez. Para ilustrar esa distancia generacional, la historiadora historiadora cita una observación del empresario gastronómico y fundador del Liguria, Marcelo Cicali: en Chile es poco frecuente ver mesas donde convivan distintas generaciones generaciones como pares. Esta segregación por edad termina configurando un sistema de visibilidad restringida para los cuerpos que ya no encajan en el ideal de juventud. EL DERECHO A LA PROPIA HISTORIA La respuesta de Heidi Klum trascendió el comentario en redes. Al referirse a su menopausia a los 52 años, introdujo introdujo un proceso biológico que la industria de la moda suele omitir. La lectura de un supuesto embarazo, basada únicamente en su abdomen, reveló hasta qué punto el cuerpo femenino sigue siendo interpretado bajo códigos vinculados a la fertilidad. En este escenario, su intervención operó como un desplazamiento del foco: del estigma hacia una etapa fisiológica universal.
Al nombrar la menopausia en primera primera persona, la supermodelo reintroduce el tiempo en un territorio que, durante décadas, intentó borrarlo, abriendo abriendo paso a lo que la historiadora define como la tarea pendiente: “Generar instancias para convivir y aprender mutuamente, desmontar prejuicios y tener una visión más real de la vida”.. o z D \o estoy cmbzirizida. Solo estoy 4 un poco más orda. Es la n ci opa u si a” 1 II.