Autor: Tomás Villarroel Facultad de Artes Liberales UAI, investigador asociado Fundación Piensa
Columnas de Opinión: Europa en la encrucijada geopolítica actual
Columnas de Opinión: Europa en la encrucijada geopolítica actual E n medio de la persistente inestabilidad en torno a Irán, Europa vuelve a situarse en el centro de un tablero internacional cada vez más volátil. En las décadas pos Guerra Fría, el orden global descansó en una arquitectura relativamente estable, sostenida en gran medida por el liderazgo de Estados Unidos. Sin embargo, ese pilar muestra hoy fisuras evidentes.
Lo que hoy se observa es algo más profundo que simples desacuerdos tácticos: hay un evidente menosprecio hacia los socios europeos de una coalición geopolítica, la OTAN, que durante décadas se sostuvo no sólo en intereses compartidos, sino también en la noción de una auténtica "comunidad de valores" (democráticos). Así se entendieron las relaciones transatlânticas a lo largo de la segunda mitad del siglo XX: como un entramado de confianza, coordinación y principios comunes. Sin embargo, bajo la administración de Donald Trump, todo ello parece relegado a una época pretérita. La siguiente secuencia resulta elocuente en su contradicción y desdoblamiento discursivo. Primero, la reducción o incluso el abandono delapoyo a Ucrania en medio de una invasión que compromete no sólo la soberanía de ese país, sino también la estabilidad del orden europeo. Luego, la insólita amenaza de anexión de Groenlandia, territorio ligado a un aliado estratégico, que tensiona innecesariamente las relaciones con Europa. A ello se suman los reiterados cuestionamientos a la permanencia en la OTAN, pilar fundamental de la seguridad colectiva occidental durante más de siete décadas. Pero, en un nuevo giro, la administración Trump exige respaldo europeo frente a Irán luego de haber deteriorado la relación con sus aliados. Es decir, se maltrata primero a los aliados tradicionales y luego se mendiga apoyo cuando conviene a intereses inmediatos. Esta cacofonía política, que alterna entre la descalificación, el menosprecio y la demanda, revela una forma de actuar más cercana a la diletancia y la prepotencia que a una estrategia coherente. El resultado no es sólo desconcierto entre aliados históricos, sino también la apertura de un espacio de incertidumbre global, donde las reglas parecen volverse cada vez más difusas y la arbitrariedad cada vez más extendida. En ese vacío relativo, Europa se ve obligada a redefinir su papel. Ya no puede limitarse a reaccionar ni a confiar en garantías externas que hoy se desvanecen. Y en ese proceso, Alemania, Francia y Gran Bretaña emergen como actores claves. Frente a un Estados Unidos impredecible, estos países enfrentan una disyuntiva compleja: liderar sin imponer y actuar sin perder legitimidad. Su desafío no es únicamente militar o económico, sino también político. Deben articular consensos dentro de una Unión Europea diversa y responder a presiones externas crecientes como Rusia y los Estados Unidos. Si Estados Unidos transita un camino errático, Europa tiene la oportunidad, y quizás la obligación, de ofrecer estabilidad. No como reemplazo de su aliado histórico, sino como garante de un orden internacional menos sujeto a impulsos y más anclado en principios. Pero como todo esto es al mismo tiempo una cuestión de poder, la pregunta es si logrará coordinarlo y hablar con una voz. Autor: Tomás Villarroel Facultad de Artes Liberales UAI, investigador asociado Fundación Piensa. C Columna