Autor: Por Agustín Squella
Columnas de Opinión: El futuro está más cerca
Columnas de Opinión: El futuro está más cerca El título de la reciente versión del Congreso del Futuro fue “Humanidad. ¿Hacia dónde vamos?”. Cualquiera de nosotros, sin formación científica y enterado más bien de oídas de las nuevas tecnologías, podría responder a esa pregunta diciendo que no tenemos la menor idea, si bien lo cierto es que, además de algunas informaciones, también tenemos intuiciones, afincadas estas últimas en las primeras o que provienen de distintos expositores que han concurrido a esta u otras de las versiones del Congreso. Hay también mucho que leer, incluidos frecuentes despachos de prensa sobre el tema, y tampoco se trata de cualquier cosa acerca del futuro, sino de aquel que podría tener la humanidad.
Recuerdo muy bien la escena de “Amarcord”, de Federico Fellini, en que el ciego del pueblo que va junto a su acordeón en uno de los botes que han salido mar afuera para conseguir ver el paso de un lujoso y enteramente iluminado trasatlántico en medio de la niebla y la oscuridad, pregunta una y otra vez, agitando la cabeza a lado y lado, “¿cómo es?, ¿cómo es?”, naturalmente sin conseguir él ninguna visión de la imponente nave. Los expertos que han participado en el Congreso del Futuro no son ciegos. Ven, y comunican lo que ven, y, sobre todo, están en condiciones de percibir el rumbo que lleva la embarcación, o sea, la humanidad. Ciencias y tecnologías están hablando con voces cada vez más potentes y, en el caso de las segundas, abriendo ellas camino a nuevas investigaciones científicas.
Sin poder hablar como uno de esos expertos, pienso que lo que vamos a tener muy pronto no será un cambio de época, y ni siquiera de mundo, sino un cambio de humanidad, consistente, probablemente, en una ampliación y diversificación de lo humano, de manera que ya no resultará posible aislar ni conocer “lo específicamente humano”, sino variedades de lo humano. No estoy pensando en robots con forma humana que puedan interactuar con nosotros, sino de relacionarse con una máquina que podría albergar información, lenguaje e instrucciones, además de ideas, sentimientos y hasta conciencia. La humanidad, que ha sido el resultado exitoso de una larguísima evolución a partir de un puñado de microorganismos, se pondría ahora al mando de su propia y futura evolución. Neurociencias y neurotecnologías, y especialmente biotecnologías, de la mano de inteligencia artificial procesada por computación cuántica, podrían llegar a producir hasta vida artificial. A la vez, no se trataría ya de cardiocentrismo ni tampoco de cerebrocentrismo, sino de cuerpocentrismo.
No tendríamos un cuerpo, sino que somos un cuerpo, y todo, desde lo más excelso a lo más bajo y ruin, acontecería dentro del cuerpo y por obra de esa complejísima y fascinante red que llamamos de esa manera cuerpo, todo este interactuando no de mil, sino de millones de maneras distintas. ¿Materialismo? Sí, respondería, porque somos materia, y esa palabra no tendría por qué resultar desdorosa ni tampoco creer que por ser materia nos hemos empobrecido.
Lo que llamamos “mente”, “alma”, “espíritu”, o con alguna otra expresión, estaría dentro de cada cual y no fuera de nosotros. ¿Regular ahora aquello que está por ocurrir, valiéndonos de pautas éticas o jurídicas? Se hará, claro que con tardanza, pero se hará; o bien no se hará del todo o con muchísima demora en concordar regulaciones globales, oportunas y eficaces. Lo que se pueda hacer, se hará, reguladamente o no. Lo que quiero decir es que habiéndonos echado a andar en esto, nadie va a pisar el freno, así se tenga éxito o sobrevenga el apocalipsis. Si desea comentar esta columna, hágalo en el blog Pienso que lo que vamos a tener muy pronto no será un cambio de época, y ni siquiera de mundo, sino un cambio de humanidad. Autor: Por Agustín Squella. COLUMNADEOPINIÓN Pienso que lo que vamos a tener muy pronto no será un cambio de época, y ni siquiera de mundo, sino un cambio de humanidad.