EDITORIAL: Cuatro años de guerra en Ucrania
EDITORIAL: Cuatro años de guerra en Ucrania La invasión rusa a Ucrania no solo es el conflicto más mortífero en territorio europeo desde 1945, sino que redefinió la agenda de seguridad en la Unión Europea, que ha vuelto a considerar el riesgo de un conflicto mayor en el continente. a invasión rusa a Ucrania, que el Presidente Vladimir Putin anunció como una operación especial que debía durar pocos días, cumplió la semana pasada cuatro años, sin vislumbrarse un horizonte de salida.
Pese a que el actual Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, había declarado durante la campaña que lo llevó de vuelta a la Casa Blanca que podría concluir la guerra en 24 horas, los hechos han demostrado que la realidad es mucho más compleja y que ninguna de las partes está dispuesta a ceder en sus posiciones para llegar a un acuerdo que permita detener el conflicto.
Putin está decidido a anexar el 20% del territorio ucraniano que actualmente controla, como paso intransable para cualquier cese el fuego, mientras que su par ucraniano Volodimir Zelensky ha dejado claro que no cederá ni un milímetro de su territorio para firmar la paz.
Frente a ese escenario, el conflicto parece lejos de acabar y se ha convertido no solo en la guerra más mortífera que enfrenta Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial -organismos independientes hablan de más de 150 mil muertos ucranianos y entre 300 y 400 mil bajas en el lado ruso-, sino también en una tragedia que ha cambiado radicalmente el escenario mundial. Al inicio del conflicto, la OTAN había perdido relevancia y las preocupaciones por la seguridad en la Unión Europea parecían estar lejos de encabezar la lista de prioridades.
Sin embargo, a partir de lo sucedido en febrero de 2022, no solo se tuvieron que diversificar las fuentes de energía de varios países europeos, altamente dependientes de Rusia, sino que el gasto en Defensa ha aumentado sostenidamente, más aún el último año, tras el regreso de Trump a la Casa Blanca. Como nunca antes el temor a una guerra de mayores dimensiones se ha extendido por Europa y el territorio ucraniano se ha convertido en un verdadero laboratorio para las armas del siglo XXI. Los drones no solo se volvieron el gran protagonista de la guerra, sino que Ucrania ha triplicado su producción de armas y es el principal fabricante de drones en Europa. Pero no solo eso. Varios países europeos han acusado a Rusia de lanzar distintos tipos de agresiones híbridas. Drones no identificados, por ejemplo, han obligado a cerrar aeropuertos y crece el temor a hackeos en áreas sensibles. Y el temor a la guerra ha reinstalado, además, la discusión sobre el servicio militar en varios países de la Unión Europea.
A la luz de este panorama y en medio de un mundo donde las normas del derecho internacional están perdiendo valor, cualquier acuerdo para poner fin al conflicto no puede pasar por la cesión de territorio. Ello entregaría una peligrosa señal para toda la comunidad internacional.
No solo acabaría validando el uso de la fuerza y la violación de las fronteras por parte de un país como un mecanismo para expandir sus límites, sino que aumentaría el riesgo de que Moscú volviera a recurrir a ese camino en otros países de la zona, donde se repiten varias de las condiciones sobre las cuales basó su invasión a Ucrania, como la presencia de población de habla rusa. Por eso, en el futuro del conflicto ucraniano radica también el rumbo que tome la seguridad europea..