Autor: — Francisco Catalán Mora Profesor de Inglés
COLUMNAS DE OPINIÓN: Volver a escuchar (nos) Parte II
COLUMNAS DE OPINIÓN: Volver a escuchar (nos) Parte II (a Columna Volver a escuchar (nos) Parte II ¡ en la columna anterior la invitación era a escuchar antes de reaccionar, los hechos recientes obligan a tensar esa idea.
Lo que estamos viendo en la región, entre avisos de bombas, amenazas de tiroteos y desafios virales como el del paracetamol, ya no puede leerse sólo como "malestar que busca ser escuchado". Hay algo más incómodo: formas de expresión que empiezan a normalizar el riesgo como lenguaje. Y eso cambia el problema. Porque si todo se interpreta únicamente como una señal de sufrimiento, se vacía de sentido la gravedad de los actos. Una amenaza de tiroteo no es solo un "grito de ayuda". Estambién una acción que instala miedoreal en otros, que interrumpe comunidades completas y que desplaza los límites de lo aceptable. Lo mismo ocurre con prácticas como el consumo excesivo de medicamentos: no es solo una conducta imprudente, es una exposición deliberada al daño. El punto no es negar el trasfondo emocional. El punto es reconocer que no todo puede ser absorbido bajo esa explicación sin consecuencias. Durante años se ha insistido, con razón, en la crisis de salud mental adolescente. Pero hay una deriva peligrosa cuando ese diagnóstico se convierte en una especie de marco total que lo explica todo. Porque entonces cualquier acción, por extrema que sea, queda rápidamente situada en el terreno de la comprensión... y se vuelve más dificil trazar límites claros. Y sin límites, no hay convivencia posible. Aquí aparece una tensión. ¿Cómo sostener, al mismo tiempo, la necesidad de comprender y la obligación de responsabilizar? Porque una cosa no reemplaza a la otra. Escuchar no implica relativizar, así como sancionar no debería impedir comprender. Sin embargo, o bien reducimos todo a un problema de disciplina, respondiendo con castigos, protocolos y control, o bien lo desplazamos completamente al terreno del malestar emocional, evitando cualquier lectura más exigente de las conductas. Ambas salidas son insuficientes. Hay, además, un factor que rara vez se aborda con suficiente claridad: la dimensión cultural de estos tenomenos.
La circulación constante de contenidos en redes sociales, la espectacularización de la violencia y la lógica del impacto inmediato generan violencia y la lógica del impacto inmediato generan Francisco Catalán Mora Profesor de Inglés un contexto donde el límite se vuelve difuso.
La amenaza, el riesgo o la transgresión no solo expresan algo interno; también dialogan con un entorno que las amplifica, las replica y, en algunos casos, las valida indirectamente. (....)El problema no es solo cómo reaccionamos cuando ocurre un hecho, sino qué estamos haciendo o dejando de hacer para que ese tipo de lenguaje se vuelva posible. Y aquí la pregunta se vuelve más incómoda: ¿ qué lugar ocupa hoy la frustración, el límite y la responsabilidad en los procesos educativos?No como castigo, sino como aprendizaje. La invitación a escuchar sigue siendo válida, pero necesita ser afinada. No basta con abrir el oído; es necesario también sostener una posición.
Una que sea capaz de decir "esto no" sin dejar de preguntarse "por qué está pasando". Porquesino logramos articular ambas cosas, corremos el riesgo de quedar atrapados en una paradoja: entender cada vez mejor lo que ocurre, pero intervenir cada vez peorY en ese escenario, el malestar no desaparece. Solo encuentra formas más intensas y peligrosas de hacerse escuchar.. - - -