La trastienda del histórico paso de Bad Bunny por el Super Bowl
La trastienda del histórico paso de Bad Bunny por el Super Bowl JOSÉ VÁSQUEZ El Presidente Donald Trump tardó pocos minutos en reaccionar a la presentación de Bad Bunny en el Super Bowl el domingo.
Mientras las redes sociales explotaban por su histórica actuación, el primer artista latino en hacerlo en español y en solitario en el espectáculo más tradicional y popular del deporte estadounidense, el mandatario, en su estilo, publicaba su rechazo a lo visto en su plataforma Truth Social. “Absolutamente terrible, ¡Uno de los peores de la historia! ”, criticó, y agregó: “Es una afrenta a la grandeza de Estados Unidos y no representa nuestros estándares de éxito, creatividad ni excelencia. Nadie entiende ni una palabra de lo que dice este tipo, y el baile es repugnante, especialmente para los niños pequeños que lo ven desde todo Estados Unidos y el mundo”, argumentó.
Una respuesta dura, pero que para Juan Pablo González, musicólogo y profesor emérito de la Universidad Alberto Hurtado, que hoy reside en Medellín, ciudad cuna de los ritmos urbanos, esta declaración lo que logra “es ponerlo aún más en el tapete y hace que más gente hable de él, o por último, tenga la curiosidad de ver de qué se trata este asunto. Hablar mal o bien de alguien finalmente funciona como márketing”, plantea el académico, que valora lo hecho por el puertorriqueño.
“Con este último disco él supo vincular el presente con el pasado, conectando generaciones a través de la música”, dice González, en relación a la plena, la salsa y el bolero, junto con los ritmos urbanos presentes en el “Debí tirar más fotos”, Álbum del Año en los últimos Grammy.
“Él también supo utilizar el factor político de la antiinmigración que hay en este momento en Estados Unidos, pero con delicadeza en el show, y lo unió con esta promoción del valor de la familia, que es muy latino”, agrega.
Bad Bunny hoy es el artista más popular del mundo, enlazando el éxito de la venta de entradas con las más de 19.800 millones de reproducciones en el streaming, y el triunfo en ceremonias como la del reciente Grammy. Algo que confirmó el domingo, ya que su presentación, con un promedio de 134 millones de espectadores solo en Estados Unidos, es la más vista en la historia del Super Bowl. Pero aún así, hay voces disidentes entre quienes le quitan valor por venir del género urbano.
“Pasa que ahí no se juzga solamente al artista, sino que también al género en que se desarrolla y en ese sentido, el haber llevado al público masivo del reguetón hacia los ritmos tradicionales puertorriqueños tiene un tremendo valor, porque lo ha hecho muy bien”, señala González, quien, además, encontró guiños del show del medio tiempo con el musical “Amor sin barreras”. Alfredo Alonso, quien ha trabajado con el equipo de Bad Bunny desde antes de su comentada participación en el Festival de Viña de 2019 donde recuerda como anécdota que un medio incluso se animó a decir que “tras su paso por Viña nadie se acordará de él”, y de sus últimas dos giras en el Estadio Nacional en 2022, y recientemente el mes pasado, cree que a pesar del éxito, “siempre habrá detractores, porque es la esencia del ser humano, y ahí uno tiePA ne que abstraerse y entender el fenómeno que está generando. Esto va más allá si me gusta el rock, el pop o lo que sea. Lo que está haciendo Bad Bunny es un hito increíble, poniendo a la música latina en un lugar de privilegio”, señala el productor de Bizarro. “Además, fue un tremendo show, y las cifras lo avalan, con un gran guion, desde que aparece hasta que se va. Se nota que estuvo todo perfectamente planificado. Sé lo difícil que es montar y desmontar todo eso en los minutos que lo tuvieron que hacer.
Y la precisión con la que se hizo es una construcción de otro planeta”, destaca Alonso, que también le da relevancia a que el equipo que rodea al cantante se ha mantenido en el tiempo, “lo que habla muy bien de él, son muy fuertes y unidos como grupo”. Una apuesta cargada de simbolismos En la previa del Super Bowl, el morbo por el eventual discurso anti-ICE que podría tener Bad Bunny apostaba a ganador.
El actual clima político y social en Estados Unidos lo alimentaba, pero esa declamación ya la había hecho hace justo una semana en su noche triunfal en el Grammy, donde fue premiado por su disco “Debí tirar más fotos”, una obra que en lo superficial celebra sus raíces puertorriqueñas desde la salsa al reguetón, pero que en su trasfondo plantea una mirada romántica, urbana, nostálgica y también muy política de la historia de su país.
Desde los créditos en la pantalla al inicio planteó su línea editorial latina, presentando en español “el espectáculo de medio tiempo del Súper Tazón”, con una puesta en escena que avanzaba como un videojuego, durante poco más de 13 minutos, superando etapas, arrancando en un campo de azúcar, mostrando el esfuerzo de los campesinos, hasta luego ya citadino, con hombres jugando al dominó y puestos de manicuristas y joyeros, empleos típicos de latinos en Estados Unidos.
El corazón de su propuesta fue un discurso de unión, en un país enfrentado por la radicalización de las políticas migratorias, y con un mensaje claro: América es un continente, no una sola nación, listando a los países que lo componen y poblando el escenario con sus banderas, un momento cúlmine que reflejó con el balón de fútbol americano que cargaba en sus manos, que llevaba impreso “Juntos, somos América”. Prácticamente cada cuadro del show guardaba un simbolismo, y bajo este eje, representaba a la cultura latina, desde esos oficios, siguiendo con su alegría, incluyendo hasta un matrimonio en el altar, que luego se supo, fue una ceremonia real, y con guiños tan hispanos como un niño durmiendo en la fiesta del casamiento, recostado sobre unas sillas, un detalle que fue muy celebrado en las redes sociales.
Un show que también tuvo a una Lady Gaga, ciudadana del país anfitrión, cantando un tema propio “Die with a s m i l e ”, q u e g r a b ó j u n t o a B r u n o Mars, pero en una versión salsera, reflejando la unión de las culturas, y más mensajes del cantante, que resonaron potentes en este presente, donde ser latino en Estados Unidos, aunque se cumpla de manera legal, puede resultar peligroso. “Bailen sin miedo”, dijo en un momento y, luego, cerca del final, un decidor y firme, “seguimos aquí”, junto al enorme elenco multicultural que lo acompañó en escena. Antes de eso, el punto político más evidente lo marcó enarbolando la bandera de Puerto Rico representativa de la época anterior a la anexión como estado libre asociado a Estados Unidos.
Del actual azul que envuelve su estrella, Bad Bunny optó por mostrar el emblema previo, que utilizaba el color celeste, como un discurso anticolonialista, algo que remarca en “Lo que le pasó a Hawaii”, que sale en su último disco y que en el show interpretó en gran forma Ricky Martin.
Un tema cuya letra hace alusión directa a su pueblo y la defensa de su cultura, advirtiendo lo que ya pasó en esa isla luego de la llegada estadounidense y que tiene hoy a Honolulu como una gran urbe gentrificada, lejos de sus raíces, y donde las costumbres y el dialecto nativo está siendo arrasados por la influencia norteamericana.
La participación chilena en el espectáculo Durante la transmisión, sorprendió la presencia de Pedro Pascal, quien junto a otras celebridades como Jessica Alba, Karol G y Young Miko fueron invitados a “La Casita”, el popular escenario alternativo que ha utilizado Bad Bunny en su gira, y que se mostró por primera vez en el corto que presentó su último disco. El actor chileno ya había interactuado con el cantante en un par de episodios de “Saturday Night Live”, donde realizaron varios sketches juntos. Bárbara Moscoso ver nota relacionada fue parte del equipo de bailarines que apareció en la fiesta del casamiento.
Y aunque no estuvo en el montaje, el diseñador Diego Cajas trabajó en la confección del vestido que utilizó Lady Gaga en el show.. El Presidente Trump destrozó su presentación, mientras las redes sociales explotaron con los múltiples simbolismos de un show político, pero sin necesitar declamarlo, y que se convirtió en el más visto en la historia del evento deportivo. Bad Bunny marcó un punto político enarbolando la bandera de su país con el color celeste que tenía previo a su anexión a Estados Unidos.