Columnas de Opinión: Títulos de papel: la fábrica de las expectativas rotas
Columnas de Opinión: Títulos de papel: la fábrica de las expectativas rotas Sábado 21 de marzo de 2026 18 NOTICIAS El Diario de La Provincia de Malleco Opinión.
Columnas de Opinión: Títulos de papel: la fábrica de las expectativas rotas El Diario de La Provincia de Malleco Opinión ¿ Cuándo vamos a decir la verdad? Hace unas décadas, ver a un hijo partir hacia la universidad era motivo de orgullo y, sobre todo, una apuesta razonable de futuro. Era progreso. Era movilidad social. Era dignidad construida con esfuerzo. Hoy, en cambio, ese mismo viaje -que sigue cargado de sacrificio familiarmuchas veces termina en frustración, deuda y desilusión. Nuestro sistema educativo y el Estado nos están fallando, porque hoy estamos empujando a nuestros jóvenes a ingresar a carreras saturadas, extremadamente largas y con baja empleabilidad real. Se les oculta -o se les maquillala información. Se les mantiene durante cinco o más años en programas que muchas veces se alargan artificialmente. Se les financia con deuda o recursos públicos. Y luego, al egresar, se les abandona a un mercado laboral que no tiene espacio para ellos. Este sueño -la promesa de que la educación superior, en particular la universitaria, era el vehículo idóneo (y casi único) para escalar socialmentese ha transformado, para muchos, en una mentira estructural.
La Ley Nº 21.091 establece que la educación superior debe servir al interés general del país. ¿ De verdad alguien cree que estamos cumpliendo ese mandato cuando casi la mitad de los egresados termina en subempleado? Datos recientes de la Subsecretaría de Educación Superior indican que cerca del 47,8% de quienes tienen educación superior trabajan en empleos que no requieren su nivel de formación. Estamos produciendo profesionales para un país que no existe. Porque el problema no es que falten oportunidades. Es que estamos formando en áreas donde ya no hay demanda. Derecho, Psicología, Ingeniería Comercial. .. carreras que se siguen llenando cada año como si el mercado fuera infinito. Como si la realidad no importara. ¿ Y quién paga esa desconexión? El estudiante. Su familia. Su futuro. Mientras tanto, el sistema sigue funcionando como si nada.
Aquí, nuestras universidades abren facultades de Derecho y Psicología como quien abre una botillería: donde hay una esquina vacía y un incauto con CAE, hay una sala de clases. ¿ El resultado? Una sobreoferta que ha triturado los sueldos y ha convertido el mercado laboral en un juego de sillas musicales donde siempre sobran profesionales. ¿ Y qué hace el Estado? en lugar de corregirfinancia esa distorsión con gratuidad, becas y créditos a mansalva, como quien vacía un cargador sin atinar nunca al blanco. Eso no es política pública. Es negligencia. Miremos afuera, sin complejos: Alemania no deja esto al azar. Su sistema dual integra formación técnica y trabajo real desde el inicio. Un joven no estudia en el vacío: se forma para una función concreta en la economía. Y lo hace con prestigio, con remuneración y con LAS NOTICIAS proyección. Suiza va aún más lejos: cerca del 70% de sus jóvenes opta por formación técnica. ¿ Fracasan? No. Son altamente calificados, productivos y bien pagados. Sostienen una de las economías más sólidas del mundo. Canadá y Australia planifican activamente su capital humano. Definen listas de "habilidades críticas", identifican sectores estratégicos y orientan incentivos hacia donde el país realmente necesita crecer. Los llamados "tigres asiaticos" -Corea del Sur, Singapurhan llevado esto al extremo: vinculan formación, financiamiento y desarrollo económico con una precisión quirúrgica. Nuestro país, en cambio, decidió improvisar. Optamos por un laissez-faire (dejar hacer) educativo que raya en la irresponsabilidad. Aquí, la lógica es simple: si hay alumnos dispuestos a pagar -o a endeudarse-, se abre la carrera. Y si el Estado financia, mejor aún. ¿ El resultado? Una inflación de títulos y cartones sin valor. Como el peso cuando pierde respaldo: cada vez vale menos.
Y en medio de esto, seguimos repitiendo el mismo discurso: "vaya a la universidad, estudie una carrera tradicional, así tendrá futuro". Sin decir lo esencial: depende de qué estudie, dónde lo estudie y si el país realmente necesita eso que usted va a estudiar. Eso no se dice. Y ese silencio cuesta caro. El Estado chileno no puede seguir destinando recursos públicos a carreras de cinco o más años que ya están sobresaturadas, sin campo laboral y con altos niveles de desempleo. La gratuidad no puede ser un cheque en blanco. Debe existir una estrategia. Una medición. Un criterio. Si el país necesita técnicos en energías renovables, especialistas en logística agrícola, expertos en gestión hídrica o innovación agroindustrial -y en regiones como La Araucanía eso es evidente-, entonces el financiamiento debe concentrarse ahí. No donde es más cómodo abrir matrícula y barato dictar clases. No donde hay más demanda emocional. El Sábado 21 de marzo de 2026 19 esfuerzo debe ir donde el dan sin justificación real. país lo necesita. Lo contrario es financiar frustración con dinero público. Y eso, además de ineficiente, es profundamente injusto. Porque mientras seguimos produciendo universitarios sin campo, seguimos despreciando la educación técnica. La tratamos como segunda opción, como premio de consuelo, como "lo que queda" cuando no se entra a la universidad. Grave error. Hoy, en muchos casos, un técnico especializado tiene mejores perspectivas laborales que un profesional generico. Pero el sistema sigue empujando en sentido contrario. Seguimos inflando expectativas universitarias y desvalorizando las trayectorias técnicas que realmente sostienen la economía. Es una distorsión cultural, y también política. Corregir esto no es fácil. Pero es urgente: Primero, financiamiento con criterio. No más gratuidad masiva para carreras saturadas. El Estado debe priorizar en función de empleabilidad real y necesidades estratégicas del país. Se necesita condicionar gratuidad a tasas de empleabilidad a 2 años, topes de matrícula por Carrera ajustado al mercado, ranking obligatorio de empleabilidad por institución; Segundo, transparencia radical. Antes de matricularse, todo estudiante debe conocer -con datos claros y sin maquillajela empleabilidad, el nivel de subempleo y los ingresos reales de su carrera, idealmente en su región. Sin información, no hay libertad; Tercero, planificación territorial. La educación no puede seguir desconectada de la realidad productiva. La Araucanía no necesita más profesionales genéricos; necesita especialistas que agreguen valor a su territorio. Cuarto, dignificación real de la educación técnica. Con inversión, prestigio y articulación con el mundo productivo. No como discurso, sino como política de Estado. Algo se ha avanzado pero aún es muy tibio. Quinto, basta de carreras eternas.
Ya no es razonable que programas de cinco o más años se extienEn el mundo desarrollado, muchas trayectorias profesionales se estructuran en ciclos más cortos, eficientes y articulados (tres años en promedio), que después permiten estudiar otra carrera o continuar hacia una alta especialización. Aquí muchas veces las universidades reman en sentido contrario, y siguen inflando mallas como si el tiempo del estudiante no tuviera costo. Detengamos esta mentira. La de jóvenes que estudian años creyendo en una promesa que no se cumplirá. La de familias que se endeudan confiando en un futuro mejor. La de esfuerzos que terminan, una y otra vez, en frustración estructural. Chile necesita con urgencia un sistema de educación superior que deje de vender ilusiones y empiece a construir oportunidades reales. Que deje de mirar la matrícula y empiece a mirar el destino. Esta es una oportunidad para el nuevo Gobierno de hacer algo totalmente necesario. Si no corregimos ahora, seguiremos formando generaciones completas para un mercado que no existe, financiando expectativas que no se cumplirán y erosionando, poco a poco, la confianza en la educación como herramienta de progreso. Y esa es una pérdida que ningún país se puede permitir. Pero mientras ese cambio no llegue, la responsabilidad también es individual. Padre, madre: infórmese. No firme a ciegas. No compre promesas ni fuerce a su hijo a seguir una carrera bajo expectativas falsas. Pregunte por empleabilidad real, por sueldos efectivos, por el destino concreto de esa carrera. Joven: no te dejes engañar. No entres donde todos entran solo porque "así se hace o te llama la atención". Investiga, compara, cuestiona. No elijas por presión social ni por miedo. Elige con información y encuentra un equilibrio entre tu pasión y la realidad. Porque nadie va a cargar las consecuencias por ti. Que no te vendan la pomada.. Pablo Ignacio Merino Venegas, Abogado