Autor: Diego Bustamante, ingeniero
Columnas de Opinión: 90 Días: es tiempo de gobernar
Columnas de Opinión: 90 Días: es tiempo de gobernar P oderoso señor don tiempo, hay que dejarlo que corra, pero que no estruje ni exprima.
La advertencia no es menor cuando se trata de evaluar los primeros 90 dias de un gobierno que llegó al poder más por el cansancio que por la ilusión, más por el temor al desorden que por la adhesión a una épica transformadora. En politica, el tiempo no sólo ordena los hechos: también desnuda las consignas, revela las incoherencias y pone a prueba la distancia entre el discurso y la realidad. Como bien señala Pepe Auth, "el pais no ha virado hacia ninguna parte". Chile no cambio de naturaleza ni de valores de un dia para otro; no desperto convertido en otra sociedad. Lo que si cambió fue la sintonia entre quienes aspiraban a gobernar y las preocupaciones reales de la ciudadanía. Seguridad, migración, orden público y control del crimen organizado dejaron de ser asuntos secundarios para transformarse en prioridades urgentes. Durante años, estas palabras fueron observadas con desconfianza, relativizadas o incluso caricaturizadas por sectores de la izquierda y del centro politico.
Hoy, como advierte Patricio Fernández, regresan con fuerza, cargadas de un mandato electoral dificil de ignorar y aun mas dificil de administrar, El triunfo de Kast no se explica únicamente por la coherencia o claridad de su programa, sino por un vacio politico previo. Amplios sectores de la sociedad no se sintieron representados por el lenguaje ni por las prioridades del ciclo politico anterior. Ese divorcio entre élites y ciudadanía abrió espacio a una promesa de conducción más que de transformación, de control más que de experimentación. En ese contexto, los primeros 90 dias no son un mero trámite administrativo: son una prueba de credibilidad y de capacidad para traducir expectativas en politicas concretas. Maria José Naudon lo formula con precisión: gobernar no es inventar una sociedad nueva, sino reordenar una que perdió referencias esenciales. El desafio, entonces, no es imponer un orden disciplinario ni administrar el miedo como herramienta politica, sino reconstruir una ética común y un lenguaje capaz de articular actores distintos, con intereses muchas veces contrapuestos. Sin esa articulación, el orden se vuelve frágil, la autoridad se reduce a la reacción y la politica pierde su función orientadora. Barbara Bayolo de LyD, pone el acento donde corresponde: gobernar no es correr, es conducir. La seguridad no puede reducirse a una bandera ideológica ni a una consigna de campaña; es una condición básica para la libertad, la cohesión social y el desarrollo económico. Conducir implica priorizar resultados por sobre relatos, políticas públicas eficaces por sobre gestos simbólicos. En un país exhausto de promesas grandilocuentes y de refundaciones inconclusas, gobernar bien puede no generar grandes titulares, pero si algo más escaso y valioso: confianza. Hoy, más que épica, Chile necesita eficacia. Este desafio no se juega sólo en La Moneda. Como recuerda John Müller, el Congreso se ha llenado de minorías con poder de veto y escasa disposición a construir mayorias estables. Una izquierda que aspire a volver a ser alternativa de gobiemo deberá preguntarse si quiere seguir sumando identidades fragmentadas o empezar a construir mayorias nacionales con vocación de poder. Y un gobierno de derecha deberá decidir si se limita a administrar ese bloqueo o si se arriesga a tejer acuerdos que trasciendan su base electoral. Los 90 días no definen un gobierno, pero si su tono, su método y su relación con la realidad. El tiempo, ese poderoso señor, ya empezó a correr. No para estrujar ni exprimir, sino para revelar si el cambio de rumbo prometido es sólo una consigna de campaña o una forma distinta -y eficazde ejercer el poder. Autor: Diego Bustamante, ingeniero. DIEGO BENAVENTE MILLAN INGENIERO CIVIL REGIONALISTA