Columnas de Opinión: Urgencias poéticas
Columnas de Opinión: Urgencias poéticas Opinión "Qué pena me da no haberme portado peor en el colegio", me decía esta semana una persona de 95 años. Ante mi cara de sorpresa, me explicó que en el Liceo Alemán el castigo básico consistía en quedarse después de clases y aprender muchas poesías de memoria. Gracias a eso, puede hoy recitar a Goethe en alemán y a muchos clásicos de la literatura española y chilena, porque, según parece, recibió muchos castigos, aunque ahora querría que hubiesen sido más.
La poesía enseña a las personas a dar a las palabras su máximo significado; un buen poeta hace sonar las voces de siempre con acentos nuevos. "El hombre imaginario/ vive en una mansión imaginaria/ rodeada de árboles imaginarios/ a la orilla de un río imaginario", nos dice Parra.
A todos los lectores nos molesta encontrarnos con textos que están llenos de repeticiones que no fueron advertidas por sus autores, pero aquí nuestro poeta repite las palabras de manera consciente y en esa repetición adquieren una inédita fuerza expresiva: "De los muros que son imaginarios/ penden antiguos cuadros imaginarios/ irreparables grietas imaginarias/ que representan hechos imaginarios/ ocurridos en mundos imaginarios/ en lugares y tiempos imaginarios". ¿Qué quiere decirnos Nicanor? ¿ Se está riendo de nosotros o nos muestra que lo más propio de nosotros los hombres es, mente, el poder vivir el nuesu u mundo y, al mismo tiempo, en mil mundos posibles, es decir, que no podemos entender ninguna realidad sin plantearnos que ella pudo ser de otro modo? Si las jirafas son fascinantes es porque podrían haber tenido el cuello tan corto como el de un sapo. No lo tienen y por eso nos resultan asombrosas. Como su hermana la filosofía, la poesía nace del asombro ante el hombre, el mundo y ante Dios.
Por eso, en uno de sus notables Poemas dogmáticos (1971), José Miguel Ibáñez puede decir: "Yo canto y bailo porque Dios existe/ y el corazón me ronca en las entrañas/porque Dios existe ino se dan cuenta! / ando por la calle riéndome solo/ de puro gusto iporque Dios existe! / de noche despierto bañado en lágrimas/ y si es de día les ofrezco un brindis/ porque Dios existe isalud a todos! [. .. ]" La poesía nos muestra esa explosión que trae consigo la alegría, pero también las tinieblas que rodean a la depresión, como en un poema de 1905 que escribió Rubén Darío: "Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo, /y más la piedra dura, porque ésa ya no siente, /pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, / ni mayor pesadumbre que la vida consciente". Algo parecido expresaba antes de la llegada de los españoles Nezahualcóyotl, el rey-poeta de la ciudad-estado de Tetzcoco cuando se enfrentaba a la ineluctable realidad de la muerte: "Estoy embriagado, Iloro, me aflijo, / pienso, digo, / en mi interior lo encuentro:/ si yo nunca muriera, si nunca desapareciera". Qué contraste entre esos textos llenos de vida y el lenguaje con el que se expresan las instiy burocracia, es tanta la materia tuciones educativas en su comunicación: todas entregan "una educación de calidad", "buscan la excelencia" y ofrecen "una formación integral". Para expresar una tarea tan única como la que deben realizar, utilizan palabras mil veces trilladas y se valen de un lenguaje de plástico. que tienen que pasar y los objetivos curriculares que la burocracia ministerial les exige cumplir, que no les queda tiempo para enseñar lo que realmente vale la pena.
Y ni siquiera cuentan hoy con el recurso a los castigos, porque ya no se puede castigar a nadie y mucho menos hacerle aprender poesías de memoria, aunque ellas puedan ayudar a las personas a tener una vejez muy interesante.
Un joven matemático, profesor universitario, me decía ayer: "Yo lo único que le pido a los colegios es que le enseñen a los alumnos a hablar, leer y escribir". Quienes hacemos clases en primer año de universidad, incluso a personas que han obtenido muy buenas calificaciones en las pruebas de ingreso, sabemos que casi nunca lo consiguen. En nuestros días los profesores están tan llenos de planificaciones Joaquín GarcíaHuidobro.