Autor: Ana Vergara San Martín Arquitecta
- Fundadora de Colegas Arquitectos Chile
Columnas de Opinión: Chile: País de Nobel y Pritzker
Columnas de Opinión: Chile: País de Nobel y Pritzker C hile tiene dos premios "Nobel" de literatura y dos premios "Pritzker" de arquitectura. Y, sin embargo, casi nadie habla de este último. En el mundo de la arquitectura existe un reconocimiento internacional considerado el más importante de la disciplina: el Pritzker Architecture Prize. Desde 1979 distingue a arquitectos cuyo pensamiento llevado a la realidad, ha contribuido significativamente a la humanidad y al entorno construido. Nuestro país ha recibido este reconocimiento en dos ocasiones en apenas una década.
En 2016 fue laureado el arquitecto Alejandro Aravena Mori, donde se destaca el enfoque social como objetivo de la vivienda incremental, y este año 2026 el arquitecto Smiljan Radic Clarke, que destaca por la fragilidad de la forma, lo efímero e inacabado que sorprende por su flexibilidad para coordinar, cuestionar y desarticular modalidades instauradas. Muy pocos países del mundo pueden decir que han obtenido dos premios Pritzker en tan poco tiempo. Y, sin embargo, este hecho extraordinario pasa casi inadvertido en la conversación pública nacional. Quizás ocurre porque la arquitectura tiene una característica particular: Está tan presente en nuestras vidas que dejamos de verla. Dormimos bajo un techo, trabajamos dentro de edificios, estudiamos, nos reunimos, nos protegemos del clima e incluso organizamos nuestras ciudades dentro de espacios arquitectónicos. Según la Organización Mundial de la Salud [OMS] cerca del 90% de nuestra vida transcurre dentro de espacios interiores o arquitectónicos. Y, aun así, rara vez reflexionamos sobre su importancia. Basta pensar que la vivienda, es para la mayoría de las personas, la inversión más importante de toda su vida. No es solo un edificio: es el lugar donde se construye la vida familiar, donde se crean recuerdos y donde se establece la relación con el barrio, la ciudad y el territorio. Vivimos en uno de los territorios geológicamente más activos del planeta. somos un país sísmico, volcánico, expuesto a terremotos, tsunamis, incendios forestales, aluviones y erupciones volcánicas. Lejos de paralizarnos, esta condición ha obligado a nuestro país a desarrollar una cultura técnica y arquitectónica de gran nivel. Pues, luego de cada terremoto, nuestras normas estructurales se perfeccionan. Tras cada desastre, las leyes urbanas se revisan y mejoran. De norte a sur y de este a oeste, Chile ha sido un verdadero laboratorio de arquitectura que aprende del paisaje, del clima, los riesgos naturales y de la identidad de su gente. En ese contexto, no es extraño que los arquitectos chilenos hayan alcanzado reconocimiento internacional. Nuestra arquitectura ha sabido dialogar con la geografía, con la escala humana de los espacios y un territorio que permanentemente nos desafía. Por eso, cuando un arquitecto chileno recibe el Pritzker, el reconocimiento no es solo personal.
Es también reconocer a una cultura arquitectónica que se ha construido durante décadas en Chile, donde va implícita la identidad, el paisaje y muchas veces aquello es una de las puertas por las cuales el mundo descubre un país. Puertas que Gabriela Mistral y Pablo Neruda quizás nos enseñaron a celebrarlo. Autor: Ana Vergara San Martín Arquitecta Fundadora de Colegas Arquitectos Chile. Opinión