Autor: Daniel Loewe Facultad de Artes Liberales, U. Adolfo Ibáñez
Menos niños
Menos niños L a natalidad decrece desde hace años. Es de 1.3 hijos por mujer, lejos de la tasa de remplazo poblacional de 2.1. Si como asumen los economistas las preferencias reveladas son un índice de los deseos, entonces los chilenos no quieren tener hijos. ¿Es algo malo? En las discusiones públicas se sostiene que lo es. Se avizoran problemas. Basta con mirar a muchas sociedades europeas para identificarlos. Los típicos son los económicos.
Dado que vivimos en regiones afortunadas en que las expectativas de vida se han extendido a niveles desconocidos en la historia de la humanidad, no sólo habrá menos niños, jóvenes, y adultos en edad productiva, sino más viejos. Más allá de la capitalización individual, se dificulta el financiamiento de pensiones. La baja de la tasa no habla a favor de un sistema más solidario, al menos en perspectiva intergeneracional. Por ello muchos países europeos asumen elementos de capitalización individual.
Además, el sistema de salud y cuidado se verá confrontado a una creciente presión por las enfermedades, como algunos tipos de cáncer y demencia (el elefante blanco en la habitación). Las sociedades envejecidas parecen ser menos creativas y dispuestas a asumir riesgos, y más conservadoras. Eventualmente faltará mano de obra. ¿Se puede hacer algo? Algunos sostienen que sí. Se trataría de implementar sistemas de cuidado, disponer incentivos, etcétera. Aunque ello es importante y hay que hacerlo, lo cierto es que la disposición a traer niños al mundo en las sociedades modernas es bastante insensible a estas estrategias. Si hay cambios, serán en el marg e n. L a s p e r s o n a s n o quieren subordinar sus propios planes de desarrollo a la paternidad. Esto es claro para las mujeres que lentamente pueden aspirar a desarrollar vidas diferentes a las socialment e e s t a b l e c i d a s. A l g u n o s v e n a q u í egoísmo. Pero ello es simplista: se trata de una extensión de la autonomía, la posibilidad de formar vidas que se ajusten a nuestras convicciones y valoraciones. Si la libertad es importante para usted, no puede desestimarlo. Así las cosas, la estrategia habrá de ser la misma que en otras sociedades: la inmigración. Pero note que sólo hemos dicho que la baja de natalidad es mala por sus consecuencias sociales. Aún no sabemos por qué sería mala en cuanto tal.
No es fácil responder a esta pregunta. ¿Lo es porqué así se evitaría la creación de seres con valor en sí o de seres potencialmente felices? Implausible: de ello se seguiría una obligación (moral o legal) procreativa. Además, los padres no tienen hijos por su valor en sí o porque prospectivamente estos serán felices, sino que lo hacen por ellos mismos. En realidad, nos parece malo porque estamos evolutivamente programados para que nos gusten los niños. Pero esta programación no parece ser más fuerte que los deseos culturales actuales de emancipación; lo que además el planeta agradecerá. Menos niños Daniel Loewe Facultad de Artes Liberales, U. Adolfo Ibáñez "Hemos dicho que la baja de natalidad es mala por sus consecuencias sociales. Aún no sabemos por qué sería mala en cuanto tal. No es fácil responder a esta pregunta"..