Autor: Juan Olivares Meza cronica Olidersanantonio. Cl
El gentil colectivero que cuando era arquero atajaba hasta el viento
ISA CLAUDIO BERRIOS (DERECHA) JUNTO A SU MUJER, SUS CINCO HIJOS Y SUS NIETOS. N octubre del año 2000 hubo un partido en el que Palestino le robó un valioso empate a Cobreloa en Calama. El duelo, que terminó sin goles, todavía es recordado como uno de los grandes duelos de la historia del fútbol nacional gracias a un sanantonino. Cuentan que aquella tarde de primavera Claudio Rodrigo Berríos Mu(52) dejó, como tantas veces, el corazón en la cancha.
Dicen las crónicas de la época que el arquero de Palestino “atajó hasta el viento”. Incluso, al final del pleito los periodistas hicieron fila para entrevistar al responsable del empate a cero, igual como rivales y compañeros de equipo se turnaron para felicitar al portero, cuya fiereza le permitió mantener su estantería intacta, ahogando varias veces el grito de gol de los zorros del desierto. Ese fin de semana, como tantas veces, una vez más el arquero Claudio Berríos estuvo en el equipo ideal de la prensa especializada.
“Traerse un punto con cero a cero desde Calama era como ganar el partido porque en ese equipo de Cobreloa estaba Jaime Riveros, Marcelo Miranda, Claudio Mele en el arco, el entrenador era el “Cacho” Oscar Malbernat.
Fue increíble lo que tapé ese día, atajé todo, todo; fue de esos partidos donde todo sale y cuando terminó el encuentro, parecía un partido más, pero después uno se da cuenta de las reacciones de los companeros, los rivales, la prensa.
Ese partido contra Cobreloa en Calama fue un partidazo, aunque también están unas tapadas a Durante 14 temporadas el sanantonino Claudio Berríos recorrió las canchas de Chile con equipos de Primera División luciendo sus cualidades deportivas y humanas que lo convirtieron en leyenda. manuel Neira cuando jugaba en Unión Española, o el empate 2-2 con la Universidad de Chile cuando estaba Marcelo Salas, Rivarola, el Heidi González, hubo varias tapadas que quedaron guardadas en la memoria”, recuerda el golero sanantonino con un tono de comprensible nostalgia y honesta humildad, de esa que solamente tienen los grandes.
Así, “muy suelto de cuerpo”, como decía la gente antigua, Claudio Berríos habla de Marcelo Salas, Daniel Morón, Marcelo Ramírez, Manuel Neira, y tantos otros cracks del balompié nacional con los que compartió cancha o 58 Todo ese sacrificio, con mucho esfuerzo y corazón, me ayudó mucho después porque yo creo que más que bueno era aguerrido, perseverante y valiente, como hay que ser para jugar en el arco”. camarín, desde 1994 hasta el 2006 en el fútbol profesional de Chile.
ESPÍRITU SOLIDARIO Lo que pasa es que su crianza de barrio, en las polvorientas calles de su querido cerro Arena que lo vio crecer, forjó en este deportista un espíritu noble y solidario que de ninguna manera le restó fuerza o coraje, ni mucho menos corazón cada vez que se paró bajo los tres palos, ya fuera para defender a Carlos Condell o Colo-Colo.
Hijo del matrimonio del auxiliar de bahía Julio Berríos Zamorano con Adriana Muñoz Leiva, el arquero todavía recuerda cuando de niño cruzaba los bosques de pino a continuación de Villa Italia para atravesar luego el fundo Miramar y llegar hasta la “Poza Azul”, en el fundo de Llolleo.
El menor de cinco hermanos, Claudio Berríos hizo toda la enseñanza básica en la antigua Escuela D472 Movilizadores Portuarios de la calle Luis Reuss y la media en el Liceo Fiscal A-42, Juan Dante Parraguez de San Antonio. Sobre su infancia, el noble guardametas cuenta que “la niñez me dio valentía, eso me dio coraje, porque de niño entrenaba solo con lluvia o con sol.
Junto a mi amigo Manuel núñez, cruzábamos todas las dunas hasta El Trigal y la “Poza Azul”, nos levantábamos súper temprano, y todo ese sacrificio, con mucho esfuerzo y corazón, me ayudó mucho después porque yo creo que más que bueno era aguerrido, perseverante y valiente, como hay que ser para jugar en el arco, porque para ser arquero hay que ser valiente”. EL COMIENZO De seguro esa valentía forjada entre cerro Arena, las polvorientas canchas de este pueblo, sus entrenamientos autoimpuestos bajo la lluvia y a pleno sol, le permitieron “con pura Es muy bonito ayudar a los vecinos, a quien sea que lo necesite.
En Cerro Arena saben que las puertas de mi casa están siempre abiertas”. En 1994 llegaron a mi casa los = = dirigentes de Deportes Melipilla que estaba en Primera División, para que firmara por ellos porque al e arquero Aníbal Pinto lo había Are) ¡ == TAMBIÉN DEFENDIÓ EL ARCO DE DEPORTES TEMUCO. Comprado la U”. Qa A E j DS EN SU FACETA DE FANÁTICO MURGUERO.
“IVNOIDVN OIQV1S3 13 N3 013N0 NN N3 V 13 N3 SVOVIOAW31 35 ONINOLNVNVS 13 perseverancia y sacrificio, llegar al SAU el año 1992, cuando estaba Roque Mercury, en un momento donde había 16 arqueros para elegir uno que iba a ser el tercer portero de San Antonio Unido.
Ahí me convertí en ese uno que faltaba y me citaron como tercer arquero para ira la pretemporada y de a poco me fui consolidando, los fui pasando, hasta convertirme en titular del equipo, hasta que después de dos año y medio me llamaron a una preselección chilena a cargo de Manuel Espinoza. Y en 1994 llegaron a mi casa los dirigentes de Deportes Melipilla que estaba en Primera División, para que firmara por ellos porque al arquero Aníbal Pinto lo había comprado la Universidad de Chile. Ese fue mi primer contrato profesional, en Deportes Melipilla”, rememora.
Y de ahí, a partir del 16 de enero de 1996, vino su paso por Colo-Colo, donde compartió equipo con los emblemáticos Daniel Morón, Marcelo “Rambo” Ramírez y el uruguayo Claudio Arbiza, en el legendario plantel del entrenador Gustavo Benitez, técnico que entre 1996 y 1998 ganó tres campeonatos nacionales, llegando incluso a la semifinal de la Copa Libertadores de América.
En esa época Claudio Berríos, como el luchador que siempre ha sido, buscó irse a préstamo a Magallanes, después volvió a Colo Colo y de ahí se fue a San Felipe hasta que en 1998 llegó a Rangers de Talca.
Fueron los inicios de un viaje de 14 temporadas que tuvieron a este sanantonin compitiendo al más alto nivel en la Primera División del fútbol chileno, llegando el 2006 a ser uno de los mejores jugadores del Campeonato de Apertura. cOMPROMISO SOCIAL Tras su retiro del fútbol profesional Claudio Berríos volvió a casa y, a pesar de las ofertas que siguieron llegando, se dedicó a cuidar a sus padres y entre que jugaba para eventos con las figuras de Colo-Colo 91 fue paulatinamente desembarcando de vuelta en el pueblo que lo vio crecer para dedicarse al oficio de colectivero, que actualmente ejerce a diario por las calles de San antonio.
En paralelo se convirtió en un activo participante de las organizaciones sociales de su barrio, donde ha sido dirigente vecinal, murguero empedernido, activista social y voluntario permanente de las causas sociales donde siempre hay alguien que necesita una mano. “Puede ser que el fútbol le enseña a uno a ser solidario con los más débiles del equipo, que en algunos casos pueden ser los jóvenes.
Creo que por ahí puede ser, además que mi mamá era una vecina muy activa en la población, yo me acuerdo que cuando era niño la veía siempre relacionarse con todos los vecinos, siempre con cariño, siempre dispuesta. En mi caso todo lo hago gratis, nunca alguien me ha pagado un peso por ser dirigente, o por el trabajo como presidente de la comparsa, donde fuimos campeones históricos. Me gusta lo que hago y lo hago con mucha alegría, como ahora que después de 40 años volví a mi club Carlos Condell donde yo nací. Soy Jugador de los súper senior y entrenador de los senior, donde nos esmeramos por nuestros jugadores que son amigos de la infancia, amigos de toda la vida”, afirma. Ya sea para el Día de la Mamá, la Navidad, el Día del Niño, el Día del Papá o bien organizando una canasta para ir en ayuda del algún vecino necesitado, Berríos está siempre disponible. En los grupos de Whatsapp, organizando, poniendo el vehículo, disfrazándose, porque como él mismo explica “es muy bonito ayudar a los vecinos, a quien sea que lo necesite.
En cerro Arena saben que las puertas de mi casa están siempre abiertas para mis vecinos porque lo siento de corazón cuando hacemos algo por los adultos mayores, por los niños, o por cualquier vecino que lo necesita.
Eso me llena a mí, que nos organicemos y seamos unidos para ayudar a otros sin ningún interés”. El puntal de su vida es su compañera Digna Gutiérrez, con quien comparte el camino desde los 14 años, y con quien ha tenido cinco hijos: Rodrigo (31), Claudia (26), Katherine (24), Digna (17) y el pequeño Claudio (12). La familia la completan los nietos León y Tomás.
Y probablemente por esa faceta suya de hombre bonachón, por esa manera de ser, hasta medio inocentona que tiene este gigante del barrio, cuenta medio avergonzado que más de alguien le ha dicho: “Oye Claudio te falta la pura capa nomás”. Pero no, hay héroes locales que no necesitan la capa para encumbrar con sus actos los más nobles valores del amor al prójimo, del cariño por el barrio, de saber ganar, pero sobre todo saber ponerse de pie cuando toca perder. Hay héroes locales de cuya humildad toca aprender, igual que de las proezas que les guardaron un merecido lugar en la historia. Sabido esto, la próxima vez que se suba a un colectivo de recorrido local fíjese bien por si le toca que quien maneja sea el legendario guardametas. Claudio Berríos, el arquero que según cuenta la historia del fútbol chileno, cuando recién nacía este siglo, una tarde de primavera y en pleno desierto, atajó hasta el viento.