Autor: M. CORDANO
Violencia escolar: expertos internacionales ponen bajo la lupa las medidas chilenas
Violencia escolar: expertos internacionales ponen bajo la lupa las medidas chilenas Tras el ataque a fines de marzo en el que un estudiante de Calama asesinó a una inspectora de su colegio, los episodios de violencia escolar han seguido expandiéndose: esta semana, a los casos de alumnos portando armas blancas se sumaron una serie de amenazas que a través de rayados o mediante el uso de redes sociales hablaban sobre tiroteos o ataques dentro de los establecimientos, desencadenando la baja asistencia de los alumnos e incluso la suspensión de clases.
Frente a esta seguidilla de hechos, el Gobierno dio un giro hacia el fortalecimiento de la seguridad en recintos educativos, presentando un plan de acción que, entre otras medidas, propone otorgar mayor poder disciplinario a los docentes, establecer sanciones por interrupción de clases, permitir la revisión de mochilas y prohibir cubrirse el rostro al interior de los establecimientos. En paralelo, municipios ya avanzan en la instalación de botones de pánico y detectores de metales. A propósito de la discusión que provocan estas medidas, “El Mercurio” consultó a cuatro especialistas internacionales en violencia escolar sobre su mirada al respecto. Aunque todos dicen entender la presión por implementar medidas inmediatas ante las situaciones de riesgo, también plantean que una respuesta efectiva requiere equilibrar la urgencia con evidencia.
Russ Skiba, profesor emérito de la U. de Indiana (EE.UU. ) y académico que actualmente trabaja apoyando un estudio Fondecyt enfocado en el tema, plantea que políticas punitivas, como suspensiones o expulsiones, no suelen reducir la violencia, sino más bien, tienden “a aumentar la probabilidad de conductas disruptivas en el futuro”, explica.
Los estudios al respecto muestran que los alumnos sancionados de forma continua tienen más probabilidades de reincidir e incluso abandonar el sistema, y que colegios con altas tasas de suspensión “se asocian también con peores resultados académicos en el resto de los jóvenes”. Siguiendo esta idea, Aaron Kupchik, profesor de sociología y justicia penal de la U. de Delaware (EE.UU. ) advierte sobre propuestas como los detectores de metales y los controles estrictos.
Según plantea, estos “tienden a ser ineficaces” porque un estudiante decidido a ingresar un arma “encontrará la forma de hacerlo”. Al mismo tiempo, provoca que los escolares “se sientan como sospechosos, más que como alumnos”, agrega el especialista. Desde Australia, Phillip Slee, de la U. de Flinders, coincide.
Las políticas basadas en la vigilancia explica “solo aumentan la ansiedad tanto de estudiantes como de los docentes”. El académico además señala que estas políticas más punitivas tienden a no abordar las causas de fondo de la violencia. Consultados respecto a estrategias efectivas que recomienden, los entrevistados coinciden en que los enfoques preventivos y centrados en mejorar el clima escolar muestran los mejores resultados. “Las mejores políticas para la seguridad escolar son aquellas que construyen un clima inclusivo, donde los estudiantes se sienten valorados y parte de la comunidad”, dice Kupchik. Cuando existe un ambiente de confianza, es probable, además, que los mismos alumnos alerten ante situaciones de riesgo. Este último punto es clave considerando la proliferación de amenazas que en los últimos días se registraron en el país.
Según Skiba, después de episodios que tienen alta cobertura, es común que aparezcan “amenazas que imitan”. Como no existe “un perfil único que permita predecir quién cometerá un ataque”, las respuestas deben basarse en evaluaciones caso a caso, explica. Acción coordinada En ese sentido, Skiba vuelve a reforzar la importancia de fortalecer vínculos. “Si los jóvenes confían en sus profesores y directores, es más probable que compartan información sobre posibles riesgos”, indica. NOTA “La evidencia muestra que las acciones centradas exclusivamente en la seguridad física y en las sanciones, como la revisión sistemática de mochilas, suelen ser insuficientes a largo plazo. Un caso de estudio muy ilustrativo es el de Estados Unidos, un país que durante los años noventa implementó políticas de tolerancia cero con detectores de metales y expulsiones automáticas. La Asociación Americana de Psicología y diversos estudios gubernamentales concluyeron que este enfoque fracasó rotundamente, marginando a los estudiantes y aumentando la reincidencia.
Hoy en día, los distritos escolares más exitosos allí han transitado hacia la creación de equipos multidisciplinarios de evaluación de amenazas, en los que psicólogos, educadores y trabajadores sociales intervienen de manera preventiva ante las primeras señales de riesgo, en lugar de reaccionar solo con policías cuando el arma ya está en la puerta”, plantea Francesc Pedró, académico de la U. Pompeu Fabra de España.
“En este punto, es imprescindible no olvidar una distinción fundamental: una cosa es la violencia en la escuela, y otra muy distinta es el reflejo en las aulas de la violencia que existe en la sociedad”. Esto, ya que, según asegura, no solo en los colegios, sino que también en la sociedad general está mostrando mayores señales de violencia. Para hacer frente “a esa violencia estructural que entra por la puerta del colegio”, se necesita “indispensablemente una acción social coordinada, que exceda los muros del centro educativo”, añade.
Y pone a Francia como ejemplo: “A través de su política nacional de Climat scolaire, el gobierno francés ha establecido protocolos donde las escuelas trabajan en línea directa con plataformas digitales, servicios sociales y fuerzas de seguridad para rastrear y detener amenazas en la red antes de que se materialicen, acompañando esto con nuevas legislaciones que penalizan severamente el ciberacoso y las amenazas anónimas”. Al hablar de posibles soluciones, Slee también advierte que las medidas diseñadas de manera vertical, sin participación de los alumnos, suelen fracasar por poca adhesión.
Al mencionarle el contexto de urgencia que hoy se vive en Chile y la premura por respuestas, el académico australiano apunta a equilibrar el corto y largo plazo, llamando a actuar en distintos niveles simultáneamente: en caso de amenazas concretas, es necesario coordinarse con la policía. Pero al mismo tiempo, se puede crear “un comité escolar consultivo integrado por alumnos, profesores y de ser posible, padres”, para abordar las necesidades del colegio de aquí en adelante, concluye. Más ansiedad Autor: M. CORDANO. Aunque dicen entender la presión por responder de forma acelerada, los especialistas sostienen que las propuestas más efectivas no siempre son las más rápidas y llaman a equilibrar políticas inmediatas con enfoques preventivos. Académicos que estudian el tema desde Estados Unidos, Australia y España Más ansiedad “Es un hecho devastador que, de manera comprensible, ha generado un grave pánico social en el país.
Ante un escenario tan complejo, es fundamental analizar la evidencia internacional (... ) para no errar en el diagnóstico ni en las soluciones”, dice el académico español Francesc Pedró a propósito de la muerte de una inspectora en un colegio de Calama. En la foto, alumnos, docentes y apoderados de esa ciudad durante una marcha en la que exigieron mejoras de seguridad.