Autor: Cornelia Prenzlau Cocinera, agricultora y coach
Columnas de Opinión: Osorno: El calor de la pausa en tiempos de frío
Columnas de Opinión: Osorno: El calor de la pausa en tiempos de frío aminar por el centro de Osorno al mediodía está recuperando un ritmo que creíamos perdido.
Hace poco, entre trámites bajo ese cielo gris que tanto nos pertenece, me enconC tré con una postal de serenidad: calles con un flujo vehicular inusualmente calmo y un silencio que invitaba a caminar rápido para capear el primer frío del año, pero sin el estrés del taco eterno. De inmediato, la nostalgia me transportó a los años de colegio, cuando el reloj marcaba las 13:00 horas y la ciudad entera se recogía. En aquel Osorno, el tiempo se respetaba con una rigurosidad casi litúrgica. Los negocios bajaban sus cortinas hasta las 15:00 horas y el retorno a casa era un rito sagrado. En el colegio, esa pausa era absoluta; las aulas quedaban vacías y el silencio se apoderaba de los pasillos, porque incluso los profesores se marchaban a sus hogares a compartir la mesa. Esa interrupción nos permitía almorzar sin prisa y dedicar el resto del tiempo a compartir o, ahora que los días se acortan, a buscar el refugio de una estufa antes de retomar la jornada. Era una ciudad que entendía que, para producir y educar, primero hay que recuperar el calor del cuerpo y del alma. Hoy, ese ritmo parece estar de vuelta, aunque empujado por una realidad que nos aprieta. Es innegable que el alza constante de los combustibles es el gran dolor actual. Llenar el estanque se ha vuelto un lujo, y ese golpe al bolsillo nos ha obligado a recalcular nuestras prioridades. Sin embargo, detrás de este "dolor" asoma una oportunidad que nos regala una sonrisa: estamos volviendo a lo esencial. Al vernos obligados a repensar el uso del auto, hemos vuelto a caminar, a compartir el trayecto con el vecino o a confiar nuevamente en la locomoción pública. Sin quererlo, este obstáculo económico nos está volviendo más conscientes y, sobre todo, más comunidad. Ayudamos al bolsillo y al planeta, pero también recuperamos la salud mental de una ciudad que, en vez de rugir con motores, vuelve a murmurar con el paso de la gente. Aún hoy, si uno recorre calle Mackenna, se encuentra con la resistencia heroica de esos negocios que mantienen la loable práctica de cerrar al mediodía. Esos locatarios nos regalan una lección: la calidad de vida no se negocia. Nos demuestran que, ante el frío del invierno y la presión económica, el refugio de la pausa es el mejor capital que tenemos. Quizás Osorno está recuperando su esencia de manera orgánica. Si el precio de la bencina es el "empujoncito" que necesitábamos para bajarnos del auto y volver a habitar nuestras veredas, bienvenido sea el cambio. Abriguémonos, caminemos y valoremos esa pausa de mediodía que nos permite, hoy más que nunca, volver a ser esa comunidad que sabe encontrar calor humano incluso en los días más helados del sur. Autor: Cornelia Prenzlau Cocinera, agricultora y coach. C Columna