Columnas de Opinión: Lo que la sociedad le hace al cuerpo de las mujeres: menopausia y salud pública
Columnas de Opinión: Lo que la sociedad le hace al cuerpo de las mujeres: menopausia y salud pública Por Rocío Millar Barría, docente de la carrera de Psicología de la Universidad Santo Tomás Puerto Montt. os sistemas de salud son máquinas no neutrales. Son creaciones humanas, y como tales, reflejan los valores y las jerarquías de la sociedad que los construye. Reflejan, en particular, a quiénes se considera importantes, qué dolores se toman en serio y qué etapas de la vida merecen atención.
Visto así, el modo en que la salud pública trata la menopausia no es un simple descuido: dice mucho sobre el lugar que nuestra sociedad le asigna a la mujer que deja de ser joven y reproductiva. La menopausia le ocurre a todas las mujeres. Sin embargo, no todas las culturas la han vivido de la misma manera. En muchos pueblos del mundo, la mujer que deja de menstruar gana respeto: se convierte en una figura de autoridad, de sabiduría, de palabra pesada. En las sociedades occidentales modernas, en cambio, se la ha asociado casi siempre con la pérdida: de juventud, de atractivo, de utilidad social. Esa diferencia no es biológica. Es cultural. Y esa mirada cultural permea directamente la forma en que los sistemas de salud responden (o no responden) a las necesidades de las mujeres en esta etapa. Existe un tratamiento, la terapia de reemplazo hormonal (TRH), que la ciencia respalda ampliamente para aliviar los síntomas de la menopausia y prevenir enfermedades como la osteoporosis o los problemas del corazón. Sin embargo, acceder a ese tratamiento no está al alcance de todas. Quienes tienen dinero pueden pagar una consulta con un especialista, comprar los medicamentos y recibir un acompañamiento adecuado. Quienes no lo tienen quedan libradas a la consulta rápida en el centro de salud, al médico que no siempre está actualizado en el tema, o simplemente a aguantar.
A esto se le suma el miedo: un ya célebre estudio publicado en 2002, Women's Health Initiative, alertó sobre posibles riesgos de la terapia hormonal, y aunque la ciencia lleva décadas corrigiendo y ajustando esas conclusiones, el daño ya estaba hecho. Ese miedo sigue vivo en muchas mujeres y en muchas consultas médica. Lo que se produce, entonces, no es solo una injusticia económica. Es algo más profundo: es el modo en que la sociedad registra sus propias desigualdades en el cuerpo de las mujeres. Las que tienen más recursos, más información y más acceso reciben cuidado. Las demás, no.
Y eso no le ocurre por casualidad a las mujeres: les ocurre porque nuestra cultura históricamente ha tratado el cuerpo femenino como un asunto menor, privado, que cada una debe resolver por sí misma y como pueda. En este Día Mundial de la Salud, pedir que la menopausia sea tratada como un problema de salud pública no es una exageración. Es reconocer que lo que le pasa al cuerpo de las mujeres también le importa a.