Autor: Académico del Departamento de Estudios Políticos Usach
Columnas de Opinión: El daño de las oposiciones de demolición
Columnas de Opinión: El daño de las oposiciones de demolición proceso político puede leerse como una sucesión de atajos mentales para organizar la disputa E por el poder. Tras el cierre del ciclo de la Concertación, Chile ingresó en una etapa de alternancias minoritarias y fragmentación partidaria, donde las oposiciones comenzaron a recurrir sistematicamente a narrativas de "demolición" con alta rentabilidad electoral. Estas estrategias no buscan solo terminar con un gobierno, sino clausurar un ciclo político completo. Se alimentan del malestar y capitalizan el descontento social, pero rara vez lo transforman en soluciones y políticas públicas efectivas.
Desde 2010, todas las oposiciones lograron derrotar al oficialismo de turno, pero ese éxito fue a costo de deteriorar la relación entre gobierno y oposición, multiplicar los conflictos institucionales y erosionar la satisfacción ciudadana con la democracia.
En este período se han sucedido cuatro metáforas de demolición y reemplazo: el "desalojo" formulada por Andrés Allamand en 2007; la "retroexcavadora" enunciada por Jaime Quintana a fines del primer gobierno de Piñera y comienzos de la segunda administración de Bachelet; la "refundación" del Frente Amplio y, más recientemente, el "gobierno de emergencia", utilizada por José Antonio Kast y Republicanos en 2025. Aunque muy distintas entre sí, comparten un rasgo común: priorizan la conquista del poder por sobre la coordinación política. El resultado ha sido una alternancia pendular, con poco espacio para reformas viables, acuerdos amplios y realismo respecto de las mayorías disponibles. Estas narrativas pueden servir para ganar elecciones, pero rara vez producen gobiernos efectivos. Por el contrario, debilitan la capacidad del Ejecutivo para construir consensos y acumulan costos crecientes para el sistema democrático. Son estrategias eficaces para acceder al poder, pero que generan un deterioro progresivo.
En democracias como la chilena, caracterizadas por presidencialismo, multipartidismo extremo y con dependencia de gobiernos de coalición, evitar esta deriva y aprender de la historia exige volver a distinguir entre ganar elecciones, resolver problemas públicos y preservar el valor de las instituciones. Sin estas distinciones básicas, la política queda atrapada en una lógica de demolición permanente. Autor: Académico del Departamento de Estudios Políticos Usach. Marcelo Mella Polanco