Autor: FERNANDO LONDOÑO M. Académico, Facultad de Derecho UDP
Equidad y los jueces
Señor Director: Es siempre un gusto leer y aprender de las columnas de Alejandro Vigo, que regularmente publica su medio en Artes y Letras. La de ayer no fue la excepción, por más que, a mi juicio, merezca una crítica desde la práctica jurídica. La columna da cuenta de la riqueza del ejercicio hermenéutico, que no se deja reducir a una simple cuestión mecánica, como podría pretender una ingenua idealización del legalismo-textualista. En oposición a semejante "espejismo normativista”, el profesor Vigo destaca el lugar de la prudencia y la equidad.
Todo ello, se nos dice, concierne a la aplicación de la ley positiva (escrita). Mi observación es simple y supongo que cualquier abogado podría suscribirla: y es que pocas cosas dañan más la seguridad jurídica que el voluntarismo de la razonabilidad judicial, allí donde, prescindiendo del tenor literal, apela a la equidad, al buen criterio, etcétera. Bien lo sabía el gran autor del artículo 19 de nuestro Código Civil. La idealización del textualismo es una ilusión, qué duda cabe, pero al menos aspira a hacer de la práctica algo menos impredecible, más controlable. La idealización opuesta aspira a la justicia del caso, pero sin advertir que la prudencia es una capacidad difícil, escasa.
En suma, la tesis de la columna —que será correctísima en el mundo de la filosofía y la política— debe calarse en un contexto institucional concreto, e interrogarse por las condiciones bajo las cuales aplican las leyes nuestros tribunales de justicia. Lo último que necesitamos es que se aplauda la equidad, con cargo a fustigar la letra. En tiempos de neoconstitucionalismo y principalismo, no podemos darnos ese lujo. De muestra, valga la tan criticada jurisprudencia de la Tercera Sala de nuestra Corte Suprema (que de prudencia y equidad tiene siempre llena la boca... ).