Autor: WILHEM KRAUSE
Mamá e hijo estudian Logística juntos: sus compañeros creían que eran pareja
Mamá e hijo estudian Logística juntos: sus compañeros creían que eran pareja Admisión 2026 Especial uando Matilde Riffo se tituló C como técnica en gestión portuaria penso que su camino académico había terminado. Pero su hijo Kevin Caamaño no opinaba lo mismo. "Yo no quería quedarme sólo con el técnico y le dije 'mamá, sigamos, no perdemos nada"", recuerda. Así buscaron durante dos meses una carrera que les gustara a ambos: recorrieron sedes, compararon mallas y se toparon con varias puertas cerradas. Finalmente optaron por Logística en Inacap. Estudiar con su mamá no le resulta raro. "En la casa somos madre e hijo. En clases, compañeros", asegura. Kevin lo valora como una experiencia única: "Si alguien tiene la oportunidad de estudiar con sus papás, que lo haga.
Uno se une más, se conoce de otra forma". En los meses duros, cuando las ganas flaquean, se impulsan mutuamente. "A veces ella me dice 'vamos, queda poco'. Otras veces soy yo el que la levanta. Es una experiencia bonita. Y, de verdad, ha sido de las mejores decisiones que tomamos", valora. Hoy están en segundo año; comparten sala, ramos y hasta compañeros. "Cuando ella entiende una cosa de una forma y yo de otra le decimos al profe y se mata de la risa. Dice que los dos tenemos razón, pero desde miradas distintas". ¿Han tenido algún inconveniente? "Aprendimos a separar las cosas. Nunca vamos a dejar de ser madre e hijo, pero hemos trabajado juntos en la misma empresa, con el mismo cargo, entonces ya estamos acostumbrados. Si ella tiene alguna diferencia con un compañero yo no me meto, me voy a fumar un cigarro o a conversar con alguien. Y viceversa. Ha costado que los demás lo entiendan, pero de a poco se han ido acostumbrando. Somos compañeros, iguales". Más madurez Matilde cuenta que, al entrar al CEDIDA 4600. instituto, Kevin le hizo prometer que no contaría que eran mamá e hijo. Guardaron el secreto, pero su cercanía -y el juvenil aspecto de la madreencendieron las especulaciones: insólitamente, la mayoría creía que eran pareja. "Es que hacíamos trabajos juntos, nos sentábamos juntos, andábamos para todos lados juntos. Entonces algo éramos. Ellos, por deducción, se dieron cuenta que no éramos primos ni pareja". ¿Qué es lo mejor y lo peor de estudiar, trabajar y vivir con su hijo? "Es que somos muy iguales. Así que tenemos pensamientos muy iguales. El Kevin, a ver qué te puedo decir, es muy desordenado, de repente es muy idealista. Cuando se encierra, a mi compadre nadie lo saca de ahí, de sus ideales, hasta que se da cuenta que no es así. Pero es un buen muchacho, un buen partner". ¿Cómo ha sido estudiar ahora ya de adulta? "Uno lo toma con más madurez. Ya estás enfocada y sabes en realidad lo que quieres. En cambio, a los veinte, creo que uno estudia por estudiar, sin cachar nada.
A mi edad busco algo que me genere lucas y que me dé estabilidad, porque si tú me preguntabas a los 20 años quería ser azafata". ¿Cómo es la vida social para ustedes en la universidad? "Nos va bastante bien.
Hay un solo punto que, de repente, es un poco complicado: a veces no diferencian que somos compañeros, como que no le pueden decir nada a Kevin porque está la mamá o no me pueden decir nada a mí porque está mi hijo, pero se han ido acostumbrando". Roles diferentes Para la sicóloga Marisol Sagredo, el escenario de padres e hijos compartiendo aulas universitarias puede ser enriquecedor, pero también complejo. "Yo, en lo posible, recomendaría no estudiar juntos.
Si están en la misma carrera, ojalá en universidades distintas, para ampliar vínculos, contextos y evitar comparaciones". A su juicio, si ya están en esa situación, lo esencial es que ambos asuman sus roles con intención. "En clases son compañeros; en casa, familia. No se pueden mezclar los roles". Cada uno, subraya, vive procesos distintos, con motivaciones, fortalezas y ritmos que no siempre coinciden, por lo que es clave evitar comparaciones académicas.
Desde su experiencia clínica, Sagredo ha visto cómo algunos padres tienden a intervenir en exceso, debilitando la autoconfianza del hijo. "Aunque tengan más experiencia, no deben transformarse en tutores: no se revisan trabajos, no se habla con los profesores ni se rescata en las crisis". Por eso recomienda cuidar la autonomía, acordar cómo se presentarán en público, si contarán que son familia, si se sentarán juntos o no y, sobre todo, "respetar la intimidad de ambos para que se sientan seguros emocionalmente". También plantea que es normal que los hijos sientan emociones ambivalentes, como orgullo y vergüenza a la vez. "Eso no significa que no quieran a sus padres.
Es parte del proceso de diferenciarse". Para que la experiencia sea positiva, enfatiza que cada uno desarrolle sus propios espacios, amistades y formas de estudio: "Así puede convertirse en una vivencia significativa, que fortalezca la admiración mutua y la relación que tienen fuera del aula". "En clases son compañeros; en casa, familia. No se pueden mezclar los roles", advierte sicóloga. Autor: WILHEM KRAUSE. "Ha sido de las mejores decisiones", evalúa Kevin (21); "somos muy iguales", dice Matilde (40) "En clases son compañeros; en casa, familia. No se pueden mezclar los roles", advierte sicóloga. Matilde Riffo y su hijo Kevin Caamaño, compañeros de curso.