Cartas: El profesor que estamos perdiendo
Cartas: El profesor que estamos perdiendo Señora Directora: La caída en el número de seleccionados y seleccionadas en pedagogía no habla solo de matrícula; habla, sobre todo, de la idea de profesor que estamos sosteniendo como sociedad.
Cuando disminuye el ingreso a estas carreras, no estamos ante una simple "mala decisión vocacional" de los jóvenes, sino frente a una señal más profunda y preocupante: ser profesor se está volviendo una profesión difícil de imaginar como un futuro deseable. Y eso no ocurre por casualidad. En parte, porque la imagen pública del docente se ha estrechado de manera persistente. Hoy se le exige ser eficaz, contenedor emocional, gestor de convivencia, administrador de evidencias, diseñador de evaluaciones, mediador familiar, operador curricular y garante de resultados, todo al mismo tiempo. Se le pide todo, pero muchas veces se le reconoce poco. Bajo esa presión constante, el profesor deja de aparecer como intelectual de la escuela y pasa a ser visto como un trabajador tensionado por la urgencia. Si esa es la figura dominante que circula socialmente, resulta comprensible que disminuya el deseo de serlo. Pero el problema no es solo externo. También importa qué tipo de formación y qué tipo de comunidad pedagógica ofrecemos a quienes quieren ser profesores. Formar docentes no es transmitir técnicas ni producir "recursos", sino iniciar en una profesión ética, donde se aprende a mirar, escuchar, interpretar, sostener relaciones y construir mundo común. La formación requiere exigencia, sí, pero también hospitalidad, práctica real, tiempo y reflexión compartida. Aquí emerge una pregunta decisiva: ¿ estamos realmente cuidando la profesión docente desde sus cimientos? Carmen Gloria Garrido/ Unab.