Columnas de Opinión: El efecto en Chile del realismo económico chino
Columnas de Opinión: El efecto en Chile del realismo económico chino El anuncio proveniente de Beijing está afectando con fuerza a los mercados globales: China ha fijado su meta de crecimiento económico para el presente año en un rango de entre 4,5% y 5%. Para cualquier otra economía del G20, e incluso para el resto de los países, estas cifras serían motivo de celebración, pero para el gigante asiático representan la meta más conservadora desde el año 1991.
Esta especie de realismo económico, sumado también a una moderación en el crecimiento en el gasto militar, marca un punto de inflexión no solo para la administración del actual presidente chino, Xi Jinping, sino para la arquitectura comercial de la cual Chile es un actor dependiente. El establecimiento de esta meta no debe ser considerado un hecho aislado, sino el cumplimiento de problemas estructurales que la economía china no puede dejar de ignorar. Por ejemplo, el sector inmobiliario, que durante décadas representó un porcentaje importante del PIB chino, continúa en un proceso de desaceleración. A esto se suma una crisis demográfica que reduce la fuerza laboral y una demanda interna que no logra compensar la caída que ha venido mostrando el consumo de la economía mundial. Con este escenario, estamos observando una transición desde una economía impulsada por la inversión en infraestructura pesada hacia una enfocada en las nuevas fuerzas productivas como son los semiconductores, energía verde y biotecnología. Sin embargo, estos sectores de alta tecnología aún no tienen la escala suficiente para sustituir el motor inmobiliario de la economía china.
Quizás lo más sorprendente sea la moderación en el gasto militar, ya que, en un contexto de tensiones internacionales en diferentes flancos, Beijing ha optado por un crecimien to presupuestario en defensa más alineado con el avance del PIB. Este movimiento sugiere una prioridad clara y que se relaciona con la estabilidad social interna y la solvencia fiscal, que superan, por ahora, la expansión militar acelerada. El gobierno chino entiende que su legitimidad depende de la capacidad de evitar lo que se conoce como la trampa del ingreso medio en un entorno de deflación persistente.
Para una economía como la chilena, este enfriamiento es una señal de alerta, pues China consume cerca del 50% del cobre mundial; una meta de crecimiento moderada sugiere que el ciclo de precios de los commodities podría entrar en una fase de mayor volatilidad. Si el crecimiento chino se estabiliza en el 4,5%, la presión sobre el crecimiento de nuestra economía será persistente. La lección que se debe obtener de los últimos acontecimientos es que como economía no podemos seguir descansando en la inercia del crecimiento chino. La diversificación de la canasta exportadora y la incorporación de valor en estas es de suma urgencia. China ha decidido priorizar la calidad de su producción por sobre la cantidad. Al abandonar las metas de crecimiento de dos dígitos de los últimos años, el gigante asiático nos está enviando un mensaje de madurez económica, pero también de propio mercado interno. Para fragilidad.
El 2026 será el año Chile, el desafío será manteen que el mundo deba aprenner el equilibrio en una cuerda der a convivir con una China floja donde nuestra principal más lenta, más cauta y, posilocomotora económica ha deblemente, más volcada hacia su cidido bajar la velocidad. Opinión. Opinión Gonzalo Escobar Académico Facultad de Economía y Negocios UNAB