Autor: Centro de Investigación para la Sustentabilidad UNAB
Columnas de Opinión: Hablemos de crecimiento y biodiversidad
Columnas de Opinión: Hablemos de crecimiento y biodiversidad Olga Barbosa C uando hablamos de negocios y naturaleza, solemos pensar en los impactos negativos de las empresas en la biodiversidad, y poco en cuánto dependen de ella. La naturaleza queda relegada como "problema" del crecimiento económico, cuando en realidad es una de sus bases estructurales. Las empresas dependen de la biodiversidad a lo largo de toda su cadena de valor. La hidroelectricidad requiere ríos y cuencas saludables; las aseguradoras calculan riesgos según cómo los ecosistemas regulan el agua; incluso sectores aparentemente alejados de bosques y humedales necesitan agua confiable, estabilidad climática y ecosistemas funcionales. Estas dependencias surgen de insumos materiales, de la regulación ambiental como el control de la erosión o los flujos hídricos y de beneficios culturales y sociales. Comprenderlas es clave para evaluar riesgos y oportunidades. Sin embargo, incluso si las empresas comprenden mejor sus impactos y dependencias, no basta. El problema es sistémico.
En 2023, los flujos financieros con impactos negativos directos sobre la biodiversidad alcanzaron 7,3 billones de dólares, mientras solo 220 mil millones se destinaron a conservación y restauración, según el primer Informe Global de IPBES sobre Negocios y Biodiversidad. Esto muestra que lo rentable muchas veces se construye a costa del bienestar ambiental y social de largo plazo. Ampliar el concepto de "materialidad" más allá de lo estrictamente financiero es necesario, pero mientras la biodiversidad continúe siendo un costo o una concesión frente al negocio, la transformación será limitada. Necesitamos un entorno habilitante que alinee incentivos para que lo que es bueno para la biodiversidad también sea bueno para los negocios. El desafío no es solo si las empresas pueden contribuir, sino si el sistema económico y político lo permite. Impulsar ese alineamiento debiera ser prioridad para el nuevo gobierno. Las empresas pueden mejorar la medición y gestión de sus impactos y dependencias si se involucran más decididamente con la ciencia y el conocimiento indígena y local. Existe información valiosa generada por investigadores, comunidades y las propias empresas, pero permanece fragmentada y poco integrada en la toma de decisiones. Autor: Centro de Investigación para la Sustentabilidad UNAB.