Autor: JUAN ANTONIO MASSONE
Cartas: Ecologistas pioneros
Cartas: Ecologistas pioneros La inclinación de suponer que la actualidad es el inicio del mundo resulta pueril. No existe una generación sin antecedentes. La cultura nunca es huacha. Dispone de predecesores. Tampoco es una excepción, en este sentido, cuanto incluye lo ecológico. En el siglo XIX se asienta la presencia de entendidos y sabios en materias de estudio y de registro territorial en nuestro país. La rica variedad concerniente a la naturaleza nos la hicieron presente distinguidos estudioses e investigadores, muchos de quienes se incorporaron a Chile que entendió la necesidad de conocerse. Edwyn Carlos Reeed (Bristol, Inglaterra, 1841) fue entomólogo-estudioso de los insectos -que dedicó su vida a la llamada Historia natural. Luego de trabajar en otros países viajó a Chile, y, durante siete años, puso atención en la fauna y flora; conoció algunos tramos sureños de la Cordillera de los Andes. Hombre inquieto, apoyó la incipiente fundación de museos. Se le debe el Museo de Valparaíso, el Museo de Historia Natural, también del puerto, y el Museo de Concepción. Dejó varias monografías acerca de grupos de insectos chilenos. Falleció en 1910. Nombre indispensable es el de Rodulfo Amando Philippi (Alemania, 1808). Llegó a Chile en 1851 y, muy pronto, le fue encargada la dirección del Museo Nacional. Complementó lo dicho con el ejercicio docente acerca de Historia Natural. No fue tan solo hombre de gabinete. Caminó por Chile con agudeza de observador. Enriqueció las colecciones de botánica, zoología, geología, etnología y de minerales. Su presencia y aportes fueron solicitados por numerosas instituciones internacionales de ciencias. La bibliografía suya, de la que somos deudores, es vasta. Pasó de este mundo en 1904. Nacido en la ciudad de Lyon, Francia, en 1827, Filiberto Germain se distinguió en los estudios que dedicara a las disciplinas de ornitología y entomología. En Chile se entregó a observar la naturaleza, con especial atención en los coleópteros. Numerosos escritos suyos dejaron en claro la prolijidad con que ejerciera su labor investigativa. Su fallecimiento ocurrió en Santiago, en 1913. El polaco Ignacio Domeyko (1802-1889) se distinguió por sus innumerables aportes y el carácter de sabio que se le reconoce. En 1838 fue contratado por el gobierno chileno. Comenzó dando clases de química y mineralogía en el Liceo de La Serena. En poco tiempo forjó una colección mineralógica. Desde 1847 se incorporó a la Universidad de Chile, en cuyos claustros dejó memoria perdurable y numerosos documentos suyos acerca de planes de estudios, reformas y proyectos. Fundó una biblioteca de quince mil volúmenes. En 1867 fue nombrado rector de la Universidad.
Don Carlos Porter, ilustre naturalista, anota: "tan pronto como obtuvo su nombramiento de rector, renunció al sueldo de delegado que disfrutaba desde 1852, con el objeto de que el gobierno destinara esa suma para enviar a Europa hijos del país que perfeccionaran allá sus estudios de mineralojía e injienería". Basten, por ahora, los nombres en referencia para tener en consideración y debida sensatez nuestro carácter de herederos que es menester ponderar. Autor: JUAN ANTONIO MASSONE.