Editorial: La minuta talibana del Gobierno
Editorial: La minuta talibana del Gobierno ay un arte que el oficialismo ha perfeccionado con velocidad pasmosa: el de mirar el incendio y jurar que se trata de una fogata controlada.
La entrevista a la seremi vocera Rosario Pérez deja ver, sin que sea necesaH riamente su responsabilidad personal, lo que podríamos llamar la minuta talibana del Gobierno: ese documento invisible, pero tenazmente repetido, que ordena negar, relativizar y desestimar toda crítica, por evidente que sea. Se entiende que una vocera defienda a su equipo, y Pérez cumple ese rol con corrección y disciplina. El punto no es ella, sino la línea que debe sostener.
Cuando se le pregunta por las desprolijidades en la instalación del gabinete regional-con tres o cuatro seremis caídos por razones que van desde lo amateur hasta lo bochornoso-, la respuesta es que hablar de autocrítica "es un poco apresurado". Es la misma música del diputado Luis Fernando Sánchez, que calificó la instalación como "impecable" mientras los nombramientos se desmoronaban uno tras otro. Decir que el gabinete "está plenamente constituido" y reconocer en la misma frase que falta el seremi de Minería no es un desliz de la vocera: es la minuta hablando por ella. El problema es que la realidad tiene la terquedad de no plegarse a los libretos. El Gobierno enfrenta problemas severos de comunicación que ya nadie en la escena política discute seriamente. La ministra vocera Mara Sedini no ha logrado instalar un relato coherente, y los bandazos se multiplican.
El proyecto de Ley de Reconstrucción Nacional ha sido un festival de confusión: los ministros García Ruminot en su visita a Valparaíso-, Quiroz y Alvarado se contradijeron abiertamente respecto al límite de edad para acceder a la gratuidad universitaria, dejando a beneficiarios, universidades y parlamentarios adivinando cuál es la versión oficial. Que Pérez defienda al delegado Millones y al gabinete es parte de su cargo, y lo hace con oficio. Pero hay afirmaciones en el libreto que simplemente no se sostienen. Llamar "coordinación" a lo que cualquier observador reconocería como cuoteo es un eufemismo que tensiona la credibilidad. Sostener que las encuestas no importan, justo cuando la luna de miel se evapora, es otra forma de eludir el diagnóstico. Sostener que el delegado lo ha hecho bien, no es verdad. Un gobierno que recién comienza tiene derecho a pedir tiempo. Lo que no puede pedir es que confundamos la disciplina con la ceguera. La autocrítica no debilita: or '.. el mensajero, por muy prolijo que sea, no puede hacer verdadero un mensaje que no lo es.. Negar lo evidente se ha vuelto doctrina oficial. Y ni la mejor vocería puede sostener indefinidamente un relato que se contradice. Editorial